H.P. Lovecraft el ‘nini’ de Providence

Sobre la pertinencia de la obra de H.P. Lovecraft o cómo el horror cósmico impregna el presente.

23/11/14 · 8:00
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Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) no es un ejemplo a seguir. No, desde luego, si el lector que intenta emularlo aspira a una vida dentro de las normas del capitalismo tardío. Conocido por ser uno de los grandes maestros del género fantástico y de horror, este escritor, poeta y traductor nacido y fallecido en Providence (Rhode Island, EE UU) recorrió el primer tercio del siglo XX atrincherado en sí mismo, en el mito del anglosajón blanco, en el desprecio por la modernidad y la autopromoción. Hijo de un viajante comercial que enloqueció, dicen, por culpa de la sífilis, criado entre mantillas por su madre, sus tías y su abuela, Lovecraft desarrolla una aversión por la vida que hace de él el perfecto ‘nini’. Sólo un breve matrimonio (1924-26) le obliga a trabajar y relacionarse con otros seres humanos, lejos de la seguridad del hogar. Por lo demás, su existencia está caracterizada por un enclaustramiento al que contribuye decisivamente, para bien y para mal, su amor por la lectura y la escritura.

En este sentido, Lovecraft no se diferencia de quienes hoy por hoy invierten su tiempo en disfrutar y expandir la mitología iniciada en relatos como La llamada de Cthulhu (1926), arropados con una batamanta en un dormitorio infantil que ha devenido con los años gruta abisal. La industria cultural ha absorbido la esencia lovecraftiana y la ha escupido en forma de secuelas literarias, videojuegos, películas, cómics, juegos de rol, cromos, camisetas XXL, peluches y zapatillas de andar por casa. Pero, paradójicamente, ello no ha servido para convertir a los fans del escritor en criaturas productivas para el sistema. De una manera un tanto retorcida, todos estos prosumidores, incluso cuando su afición acaba haciéndoles ricos, demuestran estar tan negados para la vida práctica como su ídolo, a quien su primer biógrafo, L. Sprague de Camp, echaba en cara “su sibaritismo, sus pérdidas de tiempo, su actitud anticomercial, su amateurismo”; defectos, según él, que le negaron el éxito en vida.

Obra y milagros de HPL

Pero, ¿qué pensaba Lovecraft de esa concepción mercantilista del ser norteamericano? Existe una cierta ambigüedad entre lo escrito por el propio autor en sus ensayos sobre este tema y la realidad práctica de sus ficciones, publicadas en revistas pulp como la mítica Weird Tales; ficciones que, antes de su muerte, apenas habían trascendido el aprecio de la escena amateur. Las razones para la gloria póstuma –una fascinación por la obra del autor y por su misma persona que persiste en nuestros días– las concreta Michel Houelle­becq en su ensayo H. P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida. Houellebecq considera el afán continuista, la ampliación de su universo ¿mitológico? por parte de sus “discípulos”, un caso “único en la historia literaria moderna”. También señala su rol de “generador de sueños” como estrategia para trascender lo literario e impregnar cine, ilustración, rock and roll y arquitectura con la revolucionaria idea de un nuevo universo aún por construir.

El escritor francés clasifica la obra de HPL en “una sucesión de círculos concéntricos en torno a un vórtice de horror y maravilla absoluta”. El primer círculo, dedicado a su desconocida producción poética e ingente correspondencia, apenas traducida y publicada, inaprensible por el momento. El segundo círculo, todos aquellos relatos en los que participó, ya fuera colaborando desde el principio o como editor de textos, desde donde reescribió por completo muchos de ellos. El tercer círculo, y vamos estrechando el espacio y el tiempo, el referido a los relatos escritos por H. P. Lovecraft, siendo el cuarto círculo, como si del Infierno de Dante se tratara, la esencia lovecraftiana, o lo que Houelle­becq llama los “grandes textos”: La llamada de Cthulhu (1926), El color surgido del espacio (1927), El horror de Dunwich (1928), El susurrador en la oscuridad (1930), En las montañas de la locura (1931), Los sueños de la casa de la bruja (1932), La sombra sobre Innsmouth (1932) y En la noche de los tiempos (1934).

Principios lovecraftianos

Todos estos relatos se caracterizan por una noción del género muy diferente a la que materializaron los góticos, que Lovecraft conocía a la perfección, como pone de manifiesto su ensayo El terror sobrenatural en la literatura (1927). Pese a admirar a autores como Ann Radcliffe o Edgar Allan Poe, que codificaban el escalofrío en lo psicológico y en el imaginario romántico, Lovecraft deja claro desde el principio de su obra que no cifra sus efectos en una pasión desbocada (hasta lo morboso) por el drama de la vida, sino en el miedo extremo a la misma. Por ello, sus ficciones adolecen de personajes atractivos, de tramas folletinescas, de los escenarios tétricos familiares a los aficionados al fantástico. En su literatura no hay apenas otra cosa que la creación de una atmósfera casi abstracta, plagada de presagios, que casi nunca llega a concretarse en monstruosidades definidas, sino en entidades ubicadas más allá del tiempo, el espacio y la imaginación que no representan sino el desierto de lo real, el mundo en sí, la carne palpitante y el tumor; lo vivo más allá de la conciencia humana. En esencia, la nada, cuyo vértigo Lovecraft sublima artísticamente a través de deidades amorfas con nombres impronunciables: el citado Cthulhu, Shub-Niggurath, Nyarlatho­tep, Azathoth, Yog-Sothoth…

No por casualidad, los personajes de sus relatos acaban volviéndose locos, sufriendo una regresión a estados primordiales de la materia, perdiéndose en sus intentos por traducir a nuestro lenguaje lo que no es accesible al mismo. Como los relatos que protagonizan, acaban rindiéndose a la evidencia de que los efectos literarios estéticos, las descripciones arquitectónicas inabarcables, las referencias a clásicos de lo ocultista existentes o inexistentes –como el Necronomicón, libro imaginario clave en el universo Lovecraft–, no son más que pistas susceptibles de procurar una aproximación a la nada absoluta, pero incapaces de conjurarla; de concretarla. En La llamada de Cthulhu puede leerse: “algún día, la reconstrucción científica de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación”. En una de sus innumerables cartas, Lovecraft hablará del arte, de su propio arte, en términos similares: “En lo artístico, no sirve de nada tener en cuenta el caos del universo, porque ese caos es tan completo que ningún texto escrito lo deja siquiera traslucir. No concibo ninguna imagen verdadera de la estructura de la vida y lo cósmico que no sea una mezcla de meros puntos cuya disposición sigue espirales sin dirección determinada”. A partir de estas espirales sin dirección, vale la pena indagar en la influencia de H. P. Lovecraft, su pertinencia, en el zeitgeist cultural contemporáneo: el pensamiento, la imagen gráfica, el audiovisual; impactos prolongados en el tiempo de aquellas primeras piedras labradas en su imaginación por el recluso de Providence.

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comentarios

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    16/12/2014 - 8:11pm
    ...este es el clásico problema de un escritor que por narcisismo o pedantería desea ocultar su juicio con elegantes firuletes, en vez de ser individuo y subjetivo en su voz y palabra. ¿Sera porque no esta de moda y parece grosero? ¿sera que un "critico" no lo hace?  NO PERDAMOS LA ELEGANCIA POR DIOS!!!  Elisa... a los que hemos recorrido tanto camino escrito, no nos podes engañar. Ojalá cambies. Es un deseo mio y del amigo Lovecraft también.
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    Necrosis
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    25/11/2014 - 1:11pm
    La aversión al afuera y estar negado para la vida práctica, en los tiempos de la productividad, ¿no es acaso un halago?
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    Cuervo Blanco
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    25/11/2014 - 12:58am
    Además de una caricatura casposa, insultante y cargada de prejuicios de sus seguidores, no he encontrado nada de utilidad ni mínimamente interesante en este artículo. Me resulta un acercamiento en extremo pedante y estéril a la figura del escritor. Si alguien tiene interés en la vida y obra de Lovecraft, le dejo el enlace al mejor documental hecho sobre él hasta la fecha, en el que se entrevista a numerosos escritores y directores de cine de género herederos del universo lovecraftiano y bastante poco "negados para la vida práctica", dado su éxito comerciales: https://www.youtube.com/watch?v=WRLIZprKSXQ
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    Anarkyn
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    25/11/2014 - 12:26am
    Es decir, que un artículo de una extensión desproporcionada compuesto de una lista de especulaciones unidas en ocasiones por la vida personal de Lovecraft, otras - cuando conviene - por su obra, y otras últimas - cuando brinda sabor al texto - por lo que la autora piensa que son sus lectores es capaz de valorar a estos últimos en términos de productividad... nada menos que para el sistema, en términos absolutos. Usar el término nini en el título y luego mercantilista en el texto ya era arriesgado, pero es que te lanzas sin red a un texto que sí que no va a absolutamente ninguna parte... "Vale la pena indagar" ¿Es esa la conclusión? ¿Llamas indagar a este texto?
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    Anónimo
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    24/11/2014 - 4:22pm
    <p style="text-align: justify;">&quot;En este sentido, Lovecraft no se diferencia de quienes hoy por hoy invierten su tiempo en disfrutar y expandir la mitología iniciada en relatos como <em>La llamada de Cthulhu</em> (1926), arropados con una batamanta en un dormitorio infantil que ha devenido con los años gruta abisal. La industria cultural ha absorbido la esencia lovecraftiana y la ha escupido en forma de secuelas literarias, videojuegos, películas, cómics, juegos de rol, cromos, camisetas XXL, peluches y zapatillas de andar por casa. Pero, paradójicamente, ello no ha servido para convertir a los fans del escritor en criaturas productivas para el sistema. De una manera un tanto retorcida, <strong>todos estos prosumidores, incluso cuando su afición acaba haciéndoles ricos, demuestran estar tan negados para la vida práctica como su ídolo...&quot;</strong></p> Vaya, es usted toda una punk, sí señor. Un poco de sociología no le vendría mal, no obstante. Para no hacer el ridículo con párrafos como el anterior mientras simultáneamente habla de representaciones de lo femenino opresoras y patriarcales, ya sabe.
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    24/11/2014 - 11:01am
    Protoplasmas en la superficie&nbsp;líquida (comentarios a un artículo de Preciado [1]) Preciado, o Aragorn, o como prefieras, cariño. Hace falta un nuevo Rey, al que se pueda escupir o correrse en su cara, con lefa natural o farmapornográfica. O con jugos vaginales. Luego, no sé cuántos azotes se deberían establecer de pena. Si no te molesta que siga reutilizando este recocido de mitos que hizo Tolkien, si es la fragilidad que hace la revolución, serán los hobbits quienes destruirán el anillo. Hace falta volver a forjar la espada Narsil. A mí me parece, creo, que estableciendo dos conjuntos de producción de valores de uso (productos) básicos (i.e. Sraffa) se puede definir un modelo dual capitalista-doméstico, en el que se pueda determinar o expresar el valor de la producción y del reparto en base al coste de subsistencia de las personas con un consumo más bajo, a saber, se debería buscar entre las clasificadas como mujeres. Dependiendo de las especificaciones matemáticas, se podrían obtener dos vectores de &ldquo;distribución&rdquo; o &ldquo;explotación&rdquo; (ahí también hay el hueso de las teorías del valor), uno para las relaciones capitalistas y otro para las domésticas. Luego, si están expresadas en valores comparables, se puede elaborar un &ldquo;índice de distribución sintético&rdquo;. Dado que parece que las formalizaciones utilizadas para el estudio de la economía capitalista no son del todo ajustadas a la economía doméstica (tareas, actividades, cuidados, producción-consumo) se podrían investigar otras formas. Pero incluso a nivel analítico o teórico, todavía quedarían problemas por resolver, el modelo seguiría en algunos sentidos &ldquo;abierto&rdquo;, hasta que no se incluyeran las relaciones de producción de seres humanos, desde la gestación hasta la mayoría de edad y sus posibles criterios de valoración. En fin, en este campo, proponer un programa de inversión y empleo destinado también a modificar la división social del trabajo. Todo esto llevaría a discutir cómo y quienes pueden intervenir y cómo en estos procesos de producción, que no coinciden siempre con los clasificados como hombres o mujeres. En cuanto al tema de las clasificaciones, convendría abandonar los modelos clásicos mecánicos normalizados por lo general con una variable (hombre-mujer) y pasar a modelos estadísticos biológico-sociales multivariable permitiendo &ldquo;alteridades&rdquo; o si se quiere &ldquo;mutaciones&rdquo; virtualmente infinitas (Lévy-Strauss, Von Neumann, quizá). Este proceso debería ser desarrollado por los propios &ldquo;mutantes&rdquo; y demás criaturas fantásticas u hoy en muchos casos exiliadas al mundo de los mitos, permitiendo también las resistencias al control y el dominio psico-farmacéutico y un mayor autodominio del propio cuerpo-mente (también Levy-Strauss, o incluso Huxley o Blake, Hendrix o Morrison; Jodorowsky&hellip; no sé). Por curiosidad: si tú tienes relaciones con un hombre, se deben considerar homosexuales, no es así, a menos que el &ldquo;otro hombre&rdquo; no sea un hombre, más una mujer, porque entonces sería una relación heterosexual, aunque le hombre tuviera los genitales considerados por lo general femeninos y la mujer los masculinos. &iquest;Violencia machista? &iquest;Violación? . P.d.: &iquest;Por qué no dejas la testosterona y haces más deporte (y follas más)? Estoy harto que me tratéis como a una puta de mierda. ******** Quien quiera entender, que entienda. https://www.youtube.com/watch?v=JC980AZxK1Y
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    Tomeu Giro
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    24/11/2014 - 10:58am
    Lovecraft tiene cosas que están bien, pero tampoco hay que encumbrarlo en exceso. Una pregunta: &iquest;cómo algo puede ser &ldquo;algo&rdquo; (&ldquo;horror cósmico&rdquo;, &ldquo;desierto de lo real&rdquo;, &ldquo;el mundo en sí&rdquo;) y ser &ldquo;la nada&rdquo; al mismo tiempo? En principio no puede. &iquest;No te confundirás con &ldquo;La historia interminable&rdquo;?Lovecraft también era misógino y racista, hay que saberlo, no es ningún halago. Criado en un ambiente feminizado, quizá lo que odiaba en los negros y en las mujeres era lo que se asemejaba a ellas; así, la misógina de Lovecraft sería también un profundo odio de sí, un odio de sí racionalizado (con sus limitaciones) a través de la imaginación, la literatura y el mito; sin llegar a hacer &ldquo;ciencia&rdquo;, quizá por el&nbsp; miedo a encontrar algo que no quería encontrar. La nada: quizá, en vez de Lovecraft, de lo que estás hablando es de tu propio vacío interior. Pero como nadie está completamente vacío, entonces debes estar mostrando tu propio desconocimiento interior, tu propia alienación, tus propios miedos a conocer, aceptar o enfrentarte a tus yos y otros desconocidos. Por lo demás, retomas el juego neoliberal neopatriarcal de culpar o señalar como únicos responsables de su situación a los propios Ni-ni (en especial si son hombres blancos): si no estudian ni trabajan es porque no quieren, o son unos &ldquo;hombres mierder&rdquo; (no son &ldquo;hombres de verdad&rdquo;), o lo que sea, lo que prefieras. Es decir, señalas a oprimidos como únicos responsables de su opresión. Es lo mismo que hacen los capitalistas (y no solo). En cuanto a ti, se me generan dudas: no sé si eres una alienada útil para el poder o una alimaña sumisa, una lacaya trepa y vendida. Claro que los campos de lo posible son mucho mayores. Abajo, si me dejan, te dejo un articulito, que no es para tí.
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