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Retrato del economista indignado

Nacido como un documental sobre Arcadi Oliveres, 'Mai és tan fosc' también registra las movilizaciones sociales nacidas con el 15M de 2011.

14/10/14 · 14:27

Activista conocido y reconocido, el economista Arcadi Oliveres es un veterano de la defensa y divulgación de causas múltiples (del decrecimiento a las auditorías de deuda pública, pasando por la paz o la lucha contra el hambre). De alguna manera, representa una vida política en casi todas sus materializaciones posibles: es manifestante, cabeza visible de organizaciones no gubernamentales, escritor, profesor universitario e incluso impulsor de la plataforma política Procés Constituent. El documental Mai és tan fosc nació de la voluntad de la organización Justícia i Pau de amplificar, mediante una obra audiovisual, el discurso y también la faceta humana de su presidente. Para ello se contó con una joven realizadora con sensibilidad social, Èrika Sánchez.

La realizadora ha ido más allá del vídeo divulgativo originalmente proyectado. Con todo, su película sigue transmitiendo una austeridad que encaja con la mentalidad del retratado, aunque esta tenga algo de circunstancial. Porque la efervescencia del 15M de 2011 llegó antes que la financiación, y la voluntad de inmortalizar el momento comportó algunas filmaciones de mínimos... o el uso de vídeos públicos de calidad subestándar. Estas incorporaciones de material wiki no desentonan conceptualmente en esta mirada a un defensor de la cooperación.

El economista acusa a un sistema que gasta en rescates bancarios decenas de veces lo requerido en la lucha contra el hambre

Sánchez afirma que ha querido acceder a un público amplio, más allá del entorno militante. Pero no por ello se ha plegado a la ortodoxia del documentalismo masivo: no hay relato periodístico, ni infografías, ni montaje rítmico de declaraciones realizadas por célebres cabezas parlantes. Tampoco deriva hacia un activismo agitado, ni siquiera en los momentos en los que las imágenes tienen una evidente dimensión discursiva. Sánchez no usa la posproducción como un atajo para llegar al espectador, pero tampoco pone obstáculos en el trayecto. Filma caminatas que hubiesen sido del gusto del desaparecido Joaquim Jordà ('Mones com la Becky'), pero no aparece dentro del plano ni establece diálogos con el personaje. La cineasta se invisibiliza, ensayando un camino de despojo y renuncia: a la experimentación formal, al intervencionismo autoral. Y no fuerza la cercanía con el personaje, ni explicita una visión única de Oliveres. Porque, de la misma manera que no hay narrador externo, tampoco abundan los momentos en que el economista se explique a sí mismo.

'Via crucis' lampedusiano

El filme tiene algo de road movie. Subraya el dinamismo cotidiano de un docente y militante que da charlas, entrevistas y conferencias por toda la geografía catalana. Las circunstancias hicieron que los momentos capturados por Sánchez y compañía fuesen doblemente excepcionales. En primer lugar, porque se filma a Oliveres en un momento personal muy difícil, a causa de la enfermedad y muerte de uno de sus hijos. En pleno drama familiar, irrumpen también las movilizaciones del 15M. Y esto provoca que el proyecto trascienda lo individual y se impregne de una efervescencia ciudadana infrecuente en la España posterior a la Transición.

Si los peregrinajes del protagonista remiten a la predicación, el periodo vital que se nos muestra tiene algo de via crucis. Tanto sus mensajes de denuncia como la aparente abnegación con la que sobrelleva su pérdida conectan con la religiosidad del personaje, y remiten al cristianismo transformador de la Teología de la Liberación. El resultado es el retrato humano de un individuo firme pero vulnerable, con momento histórico al fondo. Las palabras airadas contra un sistema de explotación y exclusión, contra entidades como la Caixa o Repsol, comparten espacio con esa parte de la sociedad que se movilizó en 2011. Una familia alternativa que, a veces, se complementa con la biológica. Lo testimonian los múltiples encuentros casuales entre Oliveras y varios compañeros de reivindicaciones.

El recuerdo de aquellas semanas puede provocar una cierta nostalgia. Es otra muestra más de la complicada relación que el homo politicus establece con el tiempo. Las tensiones entre pasados peores y también mejores, entre presentes de desastre social y a la vez de esperanza por un cambio posible, las visiones de futuros donde cabe el progreso pero también injusticias todavía más extremas... El ser humano político vive en diversos tiempos cronológicos de manera simultánea. A veces, esta especie de ubicuidad histórica otorga consuelo. Se lo proporciona al mismo Oliveres, estrechamente vinculado a las protestas del 15M en un momento terrible. Pero el final de la película, cíclico, resquebraja esta visión reconfortante del activismo. Vuelven las mismas palabras del inicio del filme: el economista sigue acusando a un sistema que gasta en rescates bancarios decenas de veces lo requerido en la lucha contra el hambre.

Si el título se refiere a una frase esperanzadora (“Nunca es tan oscuro como antes de salir el Sol”), este bucle discursivo subraya la coherencia del personaje pero también recuerda que hay realidades enquistadas. Y trae a la memoria aquella desasosegante, y a menudo paralizadora, cita lampedusiana: “si queremos que todo permanezca como está, entonces todo debe cambiar”. Despertar consciencias también es, a veces, despertar frustraciones. Porque a menudo los anhelos chocan contra muros, o se canalizan a través de reformas sólo aparentes. Quedémonos con que, en cualquier momento, podemos encontrar un amanecer. Si lo buscamos.

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