Esto no es un programa | Tiquun
Yo es otro

En 1977 surgió en Italia un movimiento completamente nuevo en términos de forma y fondo.

22/10/14 · 8:00

¿Qué pasa con «los sin papeles, los jóvenes, los trabajadores precarios, los drogadictos». ¿Qué con los locos, los tullidos, los hundidos, los desheredados, los humildes, los mansos, los que lloran?

¿Qué pasa con quienes se conducen bajo el ropaje de la desmesura, el delirio, lo inconmensurable, guiados por la ausencia de finalidad alguna, acogiendo el acontecimiento que acontece porque sí, porque la leyes de la vida más elemental así lo exigen? ¿Qué con quienes prefieren el juego, el placer de la contemplación, la sencillez de ver pasar las nubes sin prisa, sin proyección de ganancia ni beneficio cuantificable, sin intencionalidad?

¿Qué pasa con quienes rechazan tanto «el repliegue en relación al mundo –en el arte, en la filosofía, en la buena cocina, en la propia casa, en la espiritualidad o en la crítica– como línea de fuga exclusiva» como la aspiración a tener «un coche, un seguro de vida, un contrato de ahorro-vivienda, […], vacaciones pagadas y cuarto de baño» como único imaginario fuera del cual no puede esperarse nada más? ¿Qué con quienes han perdido la fe el trabajo, en su prioritaria necesidad, en las leyes mercantiles (que no son éticas) que el trabajo impone a la vida y la producción a la relación social?

Son el hostis: el extranjero a quienes las leyes clásicas de humanidad obligan a acoger y sin embargo, llamamos enemigo. Pero está en nosotros. Es la alteridad. Y aún cuando desde hace tiempo se ejerce todo el poder que está en nuestras manos para identificarlo, contenerlo, «amalgamarlo en un gran [...] todo» predecible y homogéneo, de tanto en tanto, el hostis parece levantar la cabeza desde su posición de agonizante para llamar nuestra atención con su estertor. Desde allí, en evidente desigualdad, nos obliga a que lo miremos. Reclama ser reconocido al menos para que no olvidemos que nos estamos dejando perder. «Pero siempre hay algo en el cuerpo social, en las clases, en los colectivos, en los propios individuos que escapa en cierta medida a las relaciones de poder».

En 1977 surgió en Italia un movimiento espontáneo, insurreccional, popular y libertario completamente nuevo en términos de forma y fondo. Más que un movimiento fue un «coro a menudo cacofónico constituido por procesos revolucionarios locales», «un plano de inmanencia donde confluían, se entrecruzaban, se agregaban y desagregaban un alto número de devenires singulares» que reivindicaban su propia autonomía e irreductibilidad. Autonomía de los obreros en relación a su papel de obreros, de las mujeres en relación a su papel de mujer, de los excluidos en relación a su papel de excluidos. Radios libres, asambleas populares, música punk, okupación, feminismo, autogestión… cualquier vía era válida para expresar el sentimiento común de extrañamiento, rechazo, deserción y/o huida de la totalidad. Se trataba de un emerger violento, radical, impertinente: el emerger de la conciencia vívida de que «yo –como un siglo antes anunciara Rimbaud– es otro».

En aquel momento la izquierda tradicional, parapetada en una ideología comunista de libro, junto con los sindicatos actuaron de la misma forma que hubiera actuado la derecha fascista. Echaron por tierra «mediante el arresto en una sola noche de más de cuatro mil individuos» la primera posibilidad real de debate en torno a cuestiones que superaban la lucha por adquirir privilegios por parte de una clase trabajadora unida por el mismo vínculo que el apoderado al capital. Se vio claro que «el movimiento obrero [coincidía] con la facción progresista del capitalismo» [cursivas en el original]. Su reivindicación no había sido otra que «el derecho a administrar por sí mismos el capital». Tampoco hoy es de otra manera.

Esto no es un programa es el último libro de Tiquun editado en castellano por errata naturae. En él, su autor (o autores) vuelve una y otra vez su mirada sobre aquel acontecimiento histórico porque «lo que entonces estaba en juego […] sigue estándolo en gran medida hoy» y porque «la Italia de los años setenta supone aún, en todos sus aspectos, la época de insurrección más cercana a nosotros».

Escrito en clave, de forma exaltada, caótica y contradictoria, como si su autor (o autores) quisiera apoyarse en el mismo desorden que reivindica, Esto no es un programa es una arenga contra la complacencia, el buenismo y el statu quo. Un manual sobre el setenta y siete italiano, al mismo tiempo que –desde la perspectiva histórica que aquel acontecimiento media– una visión sobre los movimientos contraculturales de hoy.

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Roma, 1977. Manifestación.
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