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300 contra la URSS

El león de Esparta se rodó en plena Guerra Fría. Sus responsables usaron la batalla de las Termópilas con intenciones propagandísticas.

21/09/14 · 8:00
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El neopeplum digital se ha convertido en una tendencia del audiovisual reciente, a través de títulos como Los inmortales, Furia de titanes o las nuevas ficciones sobre el semidiós Hércules. En este contexto, se recupera El león de Esparta (1962) en formato Blu-ray. La película fue una influencia confesa del historietista Frank Miller para 300, el cómic cuya adaptación fílmica propulsó este revival de grecolatinismo pop. La reedición parece especialmente oportuna, y facilita una inmersión satisfactoria en los años dorados del género. No faltan las imágenes en formato Cinemascope, grandes cantidad de figurantes y una violencia un tanto acartonada, sin mucha dimensión dramática hasta que llega el momento del desenlace trágico. Todo ello conjura una antigüedad donde la brutalidad se diluye entre un cierto refinamiento, entre tramas románticas, malentendidos... y licencias históricas.

El filme explica el sacrificio del rey espartano Leónidas y un reducido grupo de soldados, emplazados a contener el avance de un colosal ejército asiático en el paso de las Termópilas. Asumiendo el punto de vista de la historiografía griega, El león de Esparta villaniza al rey persa Jerjes. Y simplifica la contienda, presentándola como una batalla entre una Grecia democrática y un Imperio Persa esclavista y uniformador. La Segunda Guerra Médica aparece como la alianza entre diversos Estados contra una amenaza imperialista, y eso pasa por omitir que algunas polis apoyaban a Jerjes. Tam­bién se difuminan las partes más siniestras de Esparta, como sus prácticas eugenésicas, para facilitar la identificación del espectador estadounidense. Se resalta la combatividad de sus luchadores, pero los personajes principales no sólo son guerreros, sino también amantes corteses rigurosamente heterosexuales (como era de esperar, dada la vigencia del censor Código Hays). La conducta de los héroes está a medio camino entre un helenismo embellecido y las convenciones del western.

En El león de Esparta, como en tantas otras películas, la historia se explica en clave americanocéntrica. Las costumbres y los valores de los protagonistas se moldearon para hacerlos más próximos a los del público contemporáneo. Y el pasado se convirtió en un trasunto de la Guerra Fría. La obra se estrenó 16 meses después de la invasión de Bahía Cochinos, y poco antes de la denominada crisis de los misiles cubanos. La caza de brujas permanecía en la memoria reciente, y los Estados Unidos aún no habían enterrado legislativamente la segregación racial. Pero aún así, tras vaciar de matices y zonas grises la batalla de las Termópilas, el filme iguala a los idealizados protagonistas con unos también idealizados EE UU, paladines de la libertad y la democracia. Los antagonistas persas, por su parte, representarían a la Unión Soviética.

Los responsables usaron todos los elementos de la narrativa propagandística: advertencia contra los traidores, loanza del esfuerzo unitario contra un enemigo malvado, militarismo... e incluso una cierta ridiculización de la política y la ­diplomacia, retratadas como ine­ficaces en una crisis que requiere medidas inmediatas. El cine de época trató de nuevo los conflictos del presente, con una agresividad reminiscente del Hollywood posterior a Pearl Harbor. Lo evidencia un discurso final que resume lo relatado como “un ejemplo para la gente libre de todo el mundo de lo que unos pocos hombres valientes pueden conseguir cuando rechazan someterse a la tiranía”. Sólo las protestas contra la intervención en Vietnam resquebrajaron esa duradera hegemonía belicista. //

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