Víctor Quezada-Pérez
Director de la compañía teatral Umbral (Francia)
Lo que sucede en el escenario sucede también en la vida

'La reversible ascensión de Arturo Ui' relata el auge del nazismo en Alemania comparándolo con la carrera criminal de un mafioso en el Chicago de los años 30. La puesta en escena que ha dirigido Víctor Quezada-Pérez mantiene el espíritu de la distanciación de Brecht, recurriendo al clown y al bufón, con una intendio operis clara: alertar al espectador del ascenso de la extrema derecha en Europa.

02/08/14 · 20:46
Víctor Quezada-Pérez
¿Por qué presentáis esta obra en el festival de Aviñón?

Cuando la extrema derecha y el fascismo empezaron a ganar peso en Europa, en la compañía hicimos una reflexión: ¿Qué hacer como actores teatrales para responder a lo que está sucediendo? Nosotros, trabajadores de la cultura, queremos luchar y demostrar que tenemos la capacidad de responder desde el teatro. La resisitible ascensión Arturo Ui es –para mí– una de las obras fundamentales que habla de la subida del extremismo y del fascismo. Montar esa obra para nosotros es importante. En Aviñón, en las últimas elecciones, casi gana la extrema derecha. En una ciudad de cultura, la extrema derecha también está muy presente.

"Sartre y Camus son autores que envejecen peor que los autores clásicos del siglo XVII, XVIII o XIX"

El objetivo de montar esta obra es artístico y político...

No es nada inocente. Los proyectos teatrales nunca son inocentes, siempre hay un objetivo. A veces es sólo vender la obra, en otras (como ésta) es denunciar lo que pasa. Para eso, el clown de teatro es una figura de estilo. Nosotros somos clowns, no payasos de circo. Ese clown nos permite impedir al público una forma de apropiación de los personajes, no hay fenómeno de identificación con el personaje. A la gente le sorprende ver unos clowns que no son cómicos, que son cínicos, y actúan en una línea muy negra, muy oscura (más cerca del bufón). La gente se ríe, pero de cierta manera... Eso lo hemos descubierto ahora, porque la obra ha sido una creación para Aviñón. Es increíble la reacción del público, mucha gente te felicita justamente porque no le gustó ver lo que vio –gustar en el sentido de tomar placer, de disfrutar del espectáculo–. pero le gustó sentir la angustia y el miedo. Y uno está contento porque hay una función de catarsis que funciona en la obra.

¿Vuestro trabajo ha tenido consecuencias políticas?

Sí, sobre todo una violencia que hay en las respuestas que nos llegan por internet. Recibimos ataques todos los días, y yo a nivel personal. Hay gente a la que no le gusta que hagamos ese tipo de obras. En Francia se habla de la 'fachosphère' (para referirse a las cuentas en twitter y facebook de la extrema derecha).

¿Cómo entiendes la relación entre arte y política?

Mi propósito es hacer pensar al público que lo que está sucediendo en el escenario sucede también en la vida. Cómo pensarlo, cómo tener la percepción de lo que está pasando en la sala y también en la realidad.

No perder de vista la realidad...

Tenemos que luchar de una cierta manera. Y la lucha puede ser democrática. Los artistas tenemos que luchar con el arte que tenemos y asumir el riesgo, porque escogimos hacer este trabajo.

En la programación del festival Off predominan las obras comerciales. ¿Qué opinión te merecen?

Me parece bien que el teatro exista, en cualquier forma, pero no puede ser solo mercado. Los directores de sala tienen una responsabilidad social en las programaciones que hacen. Y ahí hay un debate muy importante, una conversación que hay que tener: ¿Por qué hacemos teatro ? Mi maestro, que es boliviano y se llama Marcos Malavia, un día me dijo : Víctor, tenés que pensar por qué haces teatro », porque pensar en eso es darte un objetivo de reflexión sobre tu camino teatral. Yo sé por qué hago teatro, lo hago por la gente, pero no para que la gente tenga placer. A mí me gustan mucho Passolini y Kurosawa, porque hacen obras con dureza dramática. Yo siendo hijo de exiliados [su padre es miembro fundador de Quilapayún] nunca quise estar obligado a tener que montar este tipo de obras, aún cuando « Arturo Ui » sea una mis obras preferidas porque me gusta el mundo de la mafia.

En la programación del Off hay muchos clásicos. ¿Qué hacemos con los clásicos?

Hay que seguir actuando. Es una mezcla. La obra clásica también es importante. Las obras clásicas hablan de lo que sucede también hoy, con un punto de vista antiguo. Muchas compañías hacen las mismas obras porque en la escuela se enseñan esas obras y eso permite a los estudiantes descubrirlas no solo en un libro, sino también en el escenario. La educación literaria en Francia funciona mucho así. El problema es que en Francia los autores contemporáneos y clásicos no existen apenas. Es decir que no hay un García Lorca en la literatura francesa, no hay un personaje -aunque existan autores como Camus, Sartre...- que tenga un impacto tal en la historia cultural del país. En España García Lorca es un clásico siendo contemporáneo, pero está también Calderón.

Y te doy mi opinión personal: Sartre y Camus son autores que envejecen peor que los autores clásicos del siglo XVII, XVIII o XIX y tienen un lado ringard [hortera, anticuado], no sé. Ciertas obras, sobre todo de Camus, para mí tienen un sentido real filosófico de la vida. Pero a Francia le cuesta ponerse espejos contemporáneos. O se hace solo para una cierta 'intelligentsia', para una gran minoría.

La compañía teatral Umbral nació en 1998 en París, en la Sorbona. Quezada-Pérez era actor y no era director: "A los alumnos les gustaba mi manera de dirigir los talleres de dirección y un grupo de estudiantes me propuso dirigir la compañía de teatro de la Sorbonne. Yo dije que no porque quería montar mi propia compañía". Umbral se esttrenó con Así que cumplen cinco años, de Lorca, parte de la Trilogía de las comedias imposibles, junto a El público y Comedia sin título. El primer Aviñón de la compañía fue en 2002 con La noche de los asesinos, del cubano José Triana.

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