Cine
Aquel largo y cálido verano neoliberal

Un recorrido por algunos clásicos del cine adolescente entre calores y acné.

28/07/14 · 12:55
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El verano es una época de palomitas, aires acondicionados y pelis para adolescentes. Para muchas de nosotras, hermanas pequeñas de las modernas de la Movida e hijos de una ilusionada clase media, los 80 fueron un largo y cálido verano neoliberal. Un capítulo de Verano Azul visto desde un Cuéntame cómo pasó dirigido por Spiel­berg donde ET, Los Goonies y Regreso al futu­ro ocultaban los verdaderos mons­truos de la época: los espectros de Reagan y Thatcher dentro de un Infor­me Semanal donde se hablaba de un metafórico reloj que medía el calentamiento político de la Guerra Fría y que informaba de lo cerca que habíamos estado de las doce, la hora del holocausto nuclear. Aunque lo importante era cuando marcaba las cinco de la tarde, cuando el calor había bajado y nos dejaban salir a jugar a ser un grupo paramilitar armado, el Equipo A, o una iniciativa privada ultra tecnológica que garantizaba la seguridad, El coche fantástico.

Los 80 no existieron. Al menos tal como los recuerdan escritores, directores y profesionales de la nostalgia que citan esos años como los últimos en los que pudimos creer en el cine como cúspide de la industria mediática. En realidad, el cine estaba infectado, había pillado una enfermedad joven, crédula y mortal como el SIDA de los 80, apodado entonces “el cáncer gay”. Como la pandemia nefanda, el cine ochentero estaba lleno de anticuerpos de Dolby Surround y mimetizaba los códigos genéticos de la época: las colas para ver las películas más fantásticas reflejaban la de los parados españoles y el proceso constituyente nacional parecía que ocurría en una galaxia muy lejana. El Imperio contraataca (1980) era pura Cultura de la Transición y si el crítico Peter Biskind identi­ficaba a Darth Vader con Kissin­ger, a los rebeldes con el Viet­cong y a Yoda con Ho-Chi-Min, nosotros teníamos a nuestra propia constelación con una nación reducida a una adolescencia de 40 años (Ewoks bajo Franco), con un paternalista emperador (Franco), un malva­do general (Darth Vader / Ca­rre­ro Blanco), un joven idealista tentado por el Lado Oscuro (Luke Skywalker / Su ex Ma­jestad), su acompañante (Che­wa­ka / Suárez) y un joven descreído (Han Solo / Felipe Gon­zález). Flanqueados de unas minorías que son los nacionalismos (R2d2 y C3pO / vascos y catalanes).

Cualquier lectura cabe en la saga de George Lucas porque más que cine era un envoltorio vacío de chocolatina que sabía a pastiche. Un cine que tomaba elementos del culebrón de aventuras espacial y del western en una revisión de los géneros cinematográficos sin una gota de humor, que consiguió que volviéramos a creer en el cine como niños. Una infancia recobrada después de que Hollywood se hubiera vuelto adulto y cínico con películas como El padrino, Easy Rider o Malas calles… Porque la melancolía empaña el hecho de que en los 80 Hollywood se volvió idiotamente teenager y descubrió que utilizando las mismas historias y herramientas de marketing del cine adolescente de los 50, ese periodo de esplendor al que Reagan se refería constantemente, y al que escaparía Marty McFly, se podía rescatar a la industria del fiasco económico. Con Spiel­berg y George Lucas los seriales de aventuras de arqueólogos, las películas de marcianitos de serie Z y su modo de venderlas saturando las pantallas (Tibu­rón se estrenó en 400 cines, un hito para la época) se convirtieron en el canon industrial sobre cómo hacer cine y como reducir a toda una platea que aullaba en los centros ­comerciales a la adolescencia. Pero, ¿de qué jóvenes hablamos cuando hablamos de los jóvenes ochenteros?

Jóvenes yuppies

En los 80 ser neoliberal ser convirtió en ser joven y serio frente a unos padres alocados, ingenuos y hippiesEn el EE UU de la década de los 80 ocurrió un fenómeno social y generacional que marcó profundamente la imagen del neoliberalismo como rebelión juvenil: los padres, que habían vivido cronológicamente las revoluciones de los 60, eran mucho más progresistas que sus hijos, convertidos en iconos mediáticos de la era Reagan. Como el personaje de Michael J. Fox de la serie Enredos de familia, ser neoliberal se convirtió en ser joven y serio frente a unos padres alocados, ingenuos y hippies como ewoks. Esa figura del joven adulterado (por adulto), blanco, justo y asexual apareció ejemplificada en los grandes iconos del cine de la época como Indiana Jones, Luke Skywalker o el propio Reagan, siendo después reformulada en las películas de intercambios de cuerpo y de edad que explosionaron alrededor de 1988 como Big, De tal palo, tal astilla o Viceversa. Películas que, según el crítico Noah Gittel, harían referencia al auge de la generación yuppie que, como en esas películas, revolucionaba los lugares de trabajo con su juventud. Junto a ellos y a un nivel menos metafórico se articularon grandes relatos de jóvenes neo­liberales como Risky Business o Amanecer rojo.

Desde el punto de vista cultural, es interesante ver cómo los 80 renovaron la industria cinematográfica tomando elementos tanto narrativos (el pastiche de ciencia ficción juvenil) como de marketing (saturación de salas) del cine juvenil de los 50, pero con diferentes presupuestos. Desde el punto de vista político, es inquietante ver cómo se de­sarmó la cultura contestataria de los 60 para infantilizar a unos espectadores-votantes hasta el punto de que Peter Biskind afirma que Reagan es la conclusión política lógica de la cultura mainstream creada por Spiel­berg y Lucas. Desde el punto de vista actual, la oleada de nostalgia ochentera es también problemática, ya que parece hablarnos de una época mítica donde el capitalismo parecía funcionar y donde el futuro brillaba como una nave espacial colgada de hilos invisibles.

Pelis para adolescentes neoliberales

Amanecer rojo. John Milius (1984)

Una pandilla de colegas se convierte en un grupo terrorista patriótico tras una hipotética invasión ruso-cubana de EE UU. Fue, junto a Top Gun, uno de los mayores éxitos surgidos de las relaciones entre la industria militar y la del entretenimiento.

Risky Business. P. Brickman (1983)

Un joven virgen se queda solo en casa y contrata los servicios de una prostituta que causa desperfectos en la misma. Para solucionarlos acaba convirtiéndose en un chulo triunfador. Glorificación del estudiante de ADE.

Instinto sádico. Tim Hunter (1986)

A medio camino entre el cine de autor y el cine juvenil, disecciona el aburrimiento de una pandilla suburbial en la que brota la violencia machista. Con un brutal discurso generacional y de género.

Todo en un día. John Hughes (1986)

Hughes, uno de los mejores narradores de la juventud de los 80, era un notorio republicano y en esta película su protagonista expone: “Hoy tengo un examen. Trata del socialismo europeo. (…) ¿A quién le importa si son socialistas? Podrían ser fascistas o anarquistas y yo seguiría sin tener coche”.

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