Literatura y primera guerra mundial
Notas sobre una masacre

Momentos de la guerra, por John Dos Passos

, Periodista cultural
17/08/14 · 8:04
Edición impresa

El centenario de la guerra ha impulsado la publicación de libros sobre el conflicto y ha provocado algún curioso fenómeno, como la publicación simultánea de Iniciación de un hombre: 1917 por dos editoriales. Errata Naturae ofrece una nueva traducción, mientras Gallo Nero acompaña la versión ya conocida con unas notas sobre variantes textuales censoras. Esta última también incluye un prólogo en el que un Dos Passos ya lejano al comunismo, y que había coqueteado con Mc­Carthy, se autoevoca como un pacifista indignado... pero también lleno “de curiosidad acerca del mundo de la guerra”. “¡Qué diablos! No quería perderme el espectáculo”, escribe.

Como haría Hemingway con su Adiós a las armas, Dos Passos debutó como novelista partiendo de su experiencia como conductor de ambulancias en el frente. Un extenso proyecto con el futuro poeta Robert Hillyer acabó tornándose una novela breve, sin tramas románticas ni crónica de la gran historia militar: una elaboración sencilla pero contundente de experiencias vividas. Un álter ego, Martin Rowe, sirve de personaje itinerante que padece y escucha historias sobre los destrozos de la artillería pesada, o sobre las agonías de envenenados con gas. Las reflexiones sobre la mortalidad y la devaluación de la vida conviven con notas sobre la cotidianidad del soldado. Algunas situaciones tienen alcance simbólico, desde el oficial que finge heridas para recibir medallas al soldado convencido de que “para acabar la guerra debe matar a todo el mundo”. Con todo, la lectura ofrece pequeñas distensiones y nostalgia por algo nunca conocido: la Francia en tiempos de paz. Dominan las noches de fiesta y evasión, primero; de miedo y de bombardeos, después. Ese deambular de individuos al límite, cuyas reacciones amalgamaban vitalidad y fatalismo, quizá tomaría nuevas formas cuando Dos Passos, Hemingway y otros miembros de la generación perdida se reunieron en tiempos de paz.

Adiós a la inocencia

El libro apenas tiene dimensión narrativa, ni siquiera una gran evolución del protagonista: básicamente, éste pasa de la duda al convencimiento sobre el absurdo de la guerra. El resultado es una especie de novela de formación, urgente y algo quietista, sobre un joven que pierde la inocencia y converge progresivamente con el pensamiento de su creador. De la misma manera que la exposición al horror es gradual, el antibelicismo gana importancia cuando es asumido por el protagonista. Este crescendo discursivo tiene su clímax en un capítulo-debate entre sensibilidades comunistas, anarquistas y cristianas. “Mien­tras haya gente como ésa, no debemos desesperar de la civilización”, dice el héroe.

El lector interesado podrá comparar este tratamiento primerizo de Dos Passos con Tres soldados, ahora reeditada. O con el tardío libro autobiográfico Años inolvidables, donde el escritor miró la guerra desde otra perspectiva y pudo permitirse añadidos de crudeza. En Iniciación de un hombre: 1917 escribió sobre hombres convertidos en “montones pulposos”, pero sus memorias incluyen referencias más escatológicas a los vómitos de los intoxicados por gases, a quirófanos con “cubos llenos de brazos, manos y piernas amputadas”. Porque cuando debutó el escritor, aunque Theodore Dreiser y compañía estaban ampliando los límites de lo aceptable en la narrativa estadounidense, en 1921 seguían existiendo fronteras difíciles de franquear. No habría que achacar toda la responsabilidad al primer editor inglés del libro, cuyas intervenciones buscaron disminuir la carga sexual y suavizar una mirada lindante con el tabú del derrotismo.

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