Por lo común
Refutación del milagro de los peces

Como bien dice Noelia Pena, ahora nos falta el agua.

12/07/14 · 8:00
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Antes de que quemaran a las brujas, hubo un tiempo en que las multitudes acudían a escuchar sermones y profecías. Congregadas y absortas, a la espera de la palabra justa o del gesto sanador, ni se acordaban de comer, hasta que el profeta se percataba de las necesidades materiales de esos cuerpos y decidía multiplicar los panes y los peces para alimentar a cuatro o cinco mil personas, según cuentan.

Después vino un tiempo en el que ya no bastaba con dar peces. Se hizo preciso enseñar a la gente a pescar con un arpón, una caña o una red, para que pudieran vivir de forma autónoma. Así se creyó que podrían desarrollarse los pueblos como si fueran aprendices del mismo capitán Ahab tras Moby Dick.

Por aquel entonces, el general Frank Kitson, tan obsesionado como Ahab, describió una técnica mortífera para atrapar peces y multitudes: “La población es el agua donde el pez nada. El pez diferirá según el tipo de agua para el que está diseñada su vida. Si se quiere pescar un pez, se puede intentar directamente con caña o red, siempre que la situación posibilite esos métodos. Pero si la caña y la red no bastan, puede ser necesario operar de algún modo sobre el agua. Tal vez haya que contaminar el agua para matar al pez”.

Alteraron los ecosistemas, construyeron pantanos y nos sumergieron en los lodos de ese marjal que ha descrito Rafael Chirbes desde la orilla. Las corrientes se contaminaron por la eutrofización y desaparecieron todos los peces, menos los voraces siluros invasores. Como bien dice Noelia Pena, ahora nos falta el agua. El desierto crece y nos sobran los milagros.

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