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Mahmud, bienvenido

'Partir para contar' es el relato de una odisea moderna: el viaje de un senegalés hasta la valla de Ceuta y más allá.

12/06/14 · 10:56

Mahmud Traoré llegó a España a finales de septiembre de 2005 en una noche más oscura que la que cantó San Juan de la Cruz. Por desgracia, fue recibido en la frontera ceutí a la manera íbera. Los íberos colocaban en las murallas defensivas de sus poblados un cráneo con un clavo para ahuyentar al extranjero. Nosotros, descendientes directos de los íberos, seguimos siendo igual de poco hospitalarios: levantamos unas vallas cortantes, de factura realmente siniestra, y desplegamos, a lo largo de ellas, unas fuerzas del orden, que están adquiriendo la mala costumbre de comportarse con bastante desorden. Aun así, a pesar del contradictorio recibimiento, lleno, según la versión oficial, de amistosas pelotas de goma y de cariñosos insultos de bienvenida, Mahmud alcanzó el paraíso europeo tanto tiempo anhelado. En Casamance, su tierra natal senegalesa, se alza un árbol de las palabras bajo cuya sombra debió de escuchar alguna que otra fábula referente a los milagros que ocurren en los países ricos, donde, dicen que dicen que dicen, los televisores y los billetes de quinientos euros llueven del cielo.

Lograr su sueño le costó una larga travesía de tres años de penalidades y sufrimientos. Este viaje de Casamance a Sevilla lo ha descrito en el libro Partir para contar (Pepitas de calabaza), que bien podría haberse titulado ‘Una odisea moderna’. Su relato, contundente como un hexámetro griego, atesora la fuerza poética y narrativa de un mito homérico. Es de prever que los lectores del futuro eleven a Mahmud a la categoría de un héroe literario. Seguro que le bautizarán con un sobrenombre llamativo, algo así como ‘el que salta fronteras’, y ya relucirá para la posteridad como el símbolo de un ser superior al resto de los mortales, alguien hecho de una pasta especial que no desfalleció ante un destino aciago sino que se enfrentó, con la misma cabezonería de espíritu que la indomable Antígona, a la injusticia y estupidez de un mundo tapiado por muros y empalizadas.

Claro que antes de que Mahmud pase a ese territorio de lo irreal, donde compartirá chascarrillos de supervivencia con el mismo Lazarillo de Tormes, aún deberán transcurrir unos cuantos siglos. Ahora leemos su historia como lo que es: un testimonio desgarrador, brutal, sin concesiones, sobre la inmigración calificada por los juristas biempensantes como ilegal. Gracias a la minuciosa transcripción de Bruno Le Dantec, que condensa la armonía en la expresión con la objetiva sequedad de las pruebas y los datos acusatorios, este relato de origen oral se transforma en un valioso ejemplo de periodismo denuncia, al estilo Gunter Walrraff, en el que sale a relucir toda la cochambre de este lucrativo negocio, dominado por los intereses económicos de las mafias locales y los países receptores. Sin necesidad de camuflarse, Mahmud nos muestra de primera mano una realidad de lo más vergonzante: los inmigrantes que viajan a Europa sin papeles son tratados como los esclavos de antaño.

Hay una frase que resume la dureza de su peripecia: “La vida de un clandestino no vale ni el precio de la bala que lo hubiera rematado”. Frases como estas, aforismos de la negritud, abundan en el libro. El volumen tiene alrededor de unas 280 páginas, incluida la bibliografía. Merece la pena leerlas todas y detenerse en cada una de ellas, sin prisa, dejando que vaya sedimentando un poso de indignación. El visionado rápido de un telediario ante el tema de moda de turno, hoy la inmigración, mañana la anorexia, abotarga muchas veces los sentidos. Tenemos que individualizar el dolor para que no se disuelva como un azucarillo en el frenesí de los noticiarios diarios. El adentrarse durante unas semanas en la lectura de un libro tan estremecedor como ‘Partir para contar’ supone compartir la experiencia de Mahmud en un grado cercano, como si fueses otro compañero de fatigas de su peligrosa aventura. La habitación tranquila, blanca, impoluta, cambia de estado y adquiere un tinte amenazador: el flexo adopta la forma inquietante de un traficante; el diccionario de castellano comienza a incluir palabras en idiomas extraños como el fulani; la alfombra se ondula como el desierto de Terené, donde temes caerte del camión porque el conductor te puede dejar tirado; el sofá cobija de golpe un gueto gobernado por un avaro chairman; y hasta los pies se te angostan a causa de las ampollas y el cansancio.

¡Un montón de sensaciones y ninguna de ellas exótica! Hasta ahora, las numerosas penurias y desgracias africanas suelen ser contadas desde el prisma occidental. Si algo fundamental nos aporta este libro, procede de su autoría: no lo ha escrito ninguna agencia de viajes sino un senegalés. Un filósofo machadiano nos diría que nos abre paso a la otredad, a la esencial heterogeneidad del ser. Lo cierto es que necesitamos el espejo de los demás para reconocernos a nosotros mismos. Cuando noto que me deshumanizo, acostumbro a pensar en Levi y su sufrimiento en un campo de exterminio. Ahora pensaré en Mahmud y su angustioso dolor en el pie cuando se quedó enganchado en la alambrada de Ceuta. Su vida en Sevilla como carpintero continúa siendo difícil. España no es la gozada que pensaba. Pero está orgulloso de su éxito. Ha superado la vergüenza de retornar a casa como un fracasado. Ahora vive feliz y, cuando pasea por las calles llenas de naranjos de la ciudad hispalense, su corazón brinca como un bailarín de dudumba, la celebración guineana de los hombres fuertes. Claro que si se ha decidido a dejar testimonio de la dureza de su viaje, lo ha hecho para que esa felicidad se extienda a otros compañeros africanos que albergan el mismo deseo de alcanzar Europa de una manera civilizada. No es justo que les sigamos recibiendo con esas vallas íberas. Ni justo ni inteligente. Recuerden que tuvieron que venir los fenicios para enseñar a los desconfiados íberos las virtudes y bondades de la mezcla de culturas. De ahí surgió la civilización. La civilización, bien mirado, no es más que el reconocimiento del otro, sea quien sea, venga de donde venga. Así que Mahmud, bienvenido.

Presentación de Partir para contar

El jueves 12 de junio a las 19:30h se presenta Partir para Contar en el Patio Maravillas. El acto contará con la presencia de Mahmud Traoré, coautor y protagonista de la historia.

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