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Reconciliación a tiros

El ‘thriller’ de espionaje 'The Berlin File' incluye una mirada aparentemente bienintencionada a la Corea dividida.

15/06/14 · 8:00
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El conflicto mantenido con la vecina República Democrática Popular de Corea es un tema muy explotado por el cine surcoreano. Lo trataron dos de los grandes éxitos de su reconversión industrial, Shiri y J. S. A. Y la jugada se ha vuelto a repetir con múltiples propuestas, muy frecuentemente en forma de thrillers o comedias de espionaje. Un nuevo ejemplo es The Berlin File, comercializada en soportes DVD y Blu-ray tras un fugaz paso por las pantallas españolas. El filme explica la historia de Pyo, un agente norcoreano establecido en Alemania, interlocutor en una venta de armamento a facciones árabes. Los servicios secretos israelíes impiden la venta, y eso comporta que Pionyang inicie una investigación de posibles filtraciones. En paralelo, el surcoreano Jung intenta capturar al protagonista.

Ryoo Seung-wan (The unjust) opta por una realización más convencional que los manieristas Park Chan-wook (Sym­pathy for Lady Vengean­ce) o Kim Jae-woon (Encontré al diablo). Pero ofrece un entretenimiento efectivo y quizá más accesible para una audiencia amplia: equilibra el frenesí del blockbuster estadounidense con pequeñas pausas, sin convertirlas en ejercicio de estilo. La gelidez y el laconismo del nuevo cine de espías se combina con toques humanos en forma de historia de amor, planteada con bastante sobriedad e incrustada dentro del tejido de lealtades, sospechas y traiciones que mueve la trama. El resultado es una disfrutable historia con la trilogía Bourne como referente, con intensas explosiones de acción y un mayor aroma a Guerra Fría.

A diferencia de otras ficciones que se adentran más en la vertiente mercantilista y apátrida del actual tráfico de armas, en la trama dominan los Estados, no empresas multinacionales ni amenazas líquidas como Al Qaeda. Pero la mirada a la Corea dividida es poco confrontativa, sin la furia de los peo­­­res años de rivalidad entre los Estados Unidos y la URSS. El modelo de Shiri, especialmente sus primeros minutos de satanización del comunista, quedan lejos. Si aquella comenzaba como una macho movie reaganista de Cannon Films, The Berlin File es algo así como un thriller del deshielo, un Danko: calor rojo de colaboración desde la diferencia y la desconfianza. De nuevo, la comprensión mutua nace sólo de las relaciones personales, de un individualismo más o menos antipolítico. Y la reconciliación, según sugiere la película, debería partir de ahí, puesto que ambos gobiernos reciben críticas de intensidad asimétrica: uno lastrado por la realpolitik y las ambiciones de presuntos servidores públicos; el otro, por la paranoia y las luchas intestinas entre facciones más o menos corruptas. Vedado el camino de unos políticos que apenas aparecen y lo hacen malparados, sin defenderse tampoco caminos de absorción (militar o económica) por parte de la Corea capitalista, no parece plantearse nada más que una coexistencia razonable.

Como suele suceder en el mainstream de su país, condicionado por un pasado timocrático, el filme asume la inercia del thriller estadounidense y su recelo hacia los derechos civiles y la legalidad misma. Este aspecto llega disimulado y a la vez potenciado por las situaciones presentadas: agen­tes que viven en la clandestinidad, misiones secretas o tiro­teos a vida o muerte. Todo tiene lugar, además, en una Ber­lín extrañamente caracteriza­da como una ciudad tomada por espías... pero sin policía, de nuevo como en el Hollywood de junglas de asfalto y fracaso institucional. Tampoco comparecen la diplomacia ni el respeto a las leyes internacionales: “¡No me venga con esas chorradas!”, exclama el surcoreano Jung cuando se las mentan. Con este substrato, la función sólo podía acabar con gestos de rebeldía por parte de ambos agentes.

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