Aaron y Dinki
miembros de Alma Afrobeat Ensemble
“Una máquina no puede reemplazar la energía humana”

Con la publicación de ‘Life No Get Duplicate’, la banda Alma Afrobeat Ensemble se afianza como claro referente del afrobeat en el Estado.

23/05/14 · 17:09
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Tratándose de una formación de afrobeat, supongo que el impacto causado por la primera escucha de Fela Kuti debió suponer toda una conmoción en vuestros oídos y, de manera singular, en vuestras mentes. ¿Cómo recordáis aquel turbador momento? ¿Qué fue lo que más os cautivó de la música y la actitud de Fela como para lanzaros a la aventura de formar una banda?

Aaron: Cada uno ha tenido su propia experiencia. Para mí fue cuando trabajaba en una tienda de discos y podía escuchar música todo el día. Siempre me había sonado el nombre de Fela Kuti, pero no sabía qué era hasta que un día lo escuché. Me sonaba muy familiar debido a las influencias del funk de James Brown. Lo que más me llamó la atención fue el “trance”, la repetición, y la manera en la cual la música iba ganando tanta fuerza durante la evolución de un tema.

El afrobeat es un estilo que, promoviendo el panafricanismo y denunciando los continuados abusos del poder colonial y neocolonial, ha sido replicado por múltiples bandas a escala global, buena parte de ellas occidentales. ¿Qué hace de éste un estilo tan exportable y universalizable?

Dinki: Bueno, el origen del afrobeat es en sí mismo una fusión de muchos elementos culturales, algunos de ellos importados del mundo occidental. No olvidemos que la idea del mismo le surge a Fela cuando está residiendo en Estados Unidos y conoce todo el movimiento Black Power por la lucha de los derechos civiles de la población negra allí. Musicalmente, una de sus mayores influencias es James Brown y toda la música funk, soul y jazz norteamericana. "Hay un mensaje universal en contra de la corrupción del poder, y ese mensaje se encuentra completamente vigente en cualquier parte"
Luego, el afrobeat de Fela tiene también mucha mezcla de ritmos locales como los de la cultura yoruba o el highlife, que realmente provenía de Ghana pero estaba pegando fuerte ahí y ya contenía mensajes sociales de cambio y a favor de la independencia de los países africanos del colonialismo blanco. Pero no olvidemos que lo que denunciaba básicamente era la injusticia del poder hacia el pueblo, ya fuera hecha por blancos o por negros. Ahí sí que hay un mensaje universal en contra de la corrupción del poder, y ese mensaje se encuentra completamente vigente en cualquier parte. Por eso ha llegado tan lejos. Y otra cosa es que sí que ha sido muy replicado por muchas bandas occidentales, pero no nos olvidemos que el afrobeat también se ha expandido por el continente africano, mezclándose a su vez con ritmos locales, como lo ha hecho por ejemplo en Ghana, en Togo, en Senegal, en Benin y en Guinea Ecuatorial, además de por toda Nigeria, claro.

Os habéis lanzado a la aventura de emprender Slow Walk Music, un sello humilde e independiente centrado en diversos estilos de música africana, apenas unos meses antes de que liquidara existencias un comercio de referencia en Barcelona como Etnomusic. ¿Qué motivos os impulsan a aventuraros en esta empresa? ¿Sigue teniendo sentido apostar por la publicación en formato físico? ¿Existe demanda suficiente para ello?

D.: Ya, sabemos que es un poco locura, pero lo hemos hecho realmente porque, aunque parezca mentira, no conseguíamos ningún sello que quisiera publicar este tipo de música en España. Y demanda hay algo, no es Alejandro Sanz claro, pero sí que hay gente que sigue este tipo de música, y más en los últimos años. La idea era funcionar a nivel digital por tener menos gastos, pero, paradójicamente, hemos visto que la gente, sobre todo en los conciertos, compra más discos físicos que vía digital, así que nos hemos visto obligados a tener más copias fabricadas de las que habíamos pensado en un principio. Y una última cosa, básicamente lo hacemos porque somos unos románticos.

Del anterior álbum, Toubab Soul, llegasteis a publicar un álbum de remezclas en el que se reconfiguraban las canciones de la mano de diversos activistas. ¿Qué aportan estas versiones? ¿Os planteáis replicar esta idea con las canciones del segundo álbum? ¿Qué posibilidades ofrece la música electrónica para darle una nueva dimensión al afrobeat y proyectarlo así hacia el futuro?

A: El primer disco de remezclas fue un experimento: llamamos a nuestros amigos y les ofrecimos las pistas a ver que salía. Realmente las remezclas no tenían mucho afrobeat, pero ése tampoco fue el objetivo. Lo más probable es que sí que haremos algo similar con el disco nuevo. Con respecto a la música electrónica, lo que ofrece es ese aspecto “trance” que mencioné antes. Siento mucho respeto por la música electrónica, pero la verdad es que nada reemplaza una banda de 10 personas dándolo todo. Al fin y al cabo, la música y el sonido es energía, literalmente y metafóricamente. Una máquina no puede y nunca podrá reemplazar la energía humana. Dicho eso, la combinación de música electrónica con músicos vivos siempre es interesante, y es precisamente ahí donde puedo imaginar un experimento divertido para el futuro. //

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