LIBROS
Hacer por cuatro duros el trabajo que no se ve

En mayo de 2001 se publicó Por cuatro duros. Cómo (no) apañárselas en Estados Unidos, fruto de la investigación a la que su autora, Barbara Ehrenreich, se sometió trabajando en seis puestos diferentes tachados de “no cualificados” en estados distintos del país.

30/05/14 · 11:38
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En mayo de 2001 se publicó Por cuatro duros. Cómo (no) apañárselas en Estados Unidos, fruto de la investigación a la que su autora, Barbara Ehrenreich, se sometió trabajando en seis puestos diferentes tachados de “no cualificados” en estados distintos del país. El libro de esta activista llega a España reeditado por la editorial Capitán Swing trece años después de las aventuras de su autora. Un dato que podría ser irrelevante si no fuese por cómo se han girado las tornas a nivel internacional después del desplome del sistema financiero en el año 2008.

El libro, que Ehrenreich presenta a modo de diario personal, narra los esfuerzos a los que se ven sometidos centenares de miles de personas cada día, y describe el cansancio perpetuo, además de la humillación, a la que son sometidos de forma constante por los patrones de turno. Camarera, mujer de la limpieza, auxiliar de enfermería, dependienta de Wal-Mart, en muchas ocasiones pluriempleada, malviviendo en hostales y pensiones..., Ehrenreich puso a prueba esa idea instalada en el imaginario de las clases altas: que cualquiera puede prosperar si se trabaja duro, el sueño americano. Pronto se dio cuenta de que esa idea no es nada más que eso, un sueño. No sólo los trabajos “no cualificados” son llamados así de manera injusta, sino que no ofrecen ningún tipo de salida a una vida mejor.

En el último capítulo, la autora arroja sus conclusiones además de datos sobre derechos laborales y problemas de salud generados por el pluriempleo. Su testimonio es en todo momento explícito y esclarecedor, empatiza con sus compañeras y, aunque es consciente de que esa no es su realidad sino una investigación, sabe que es la realidad de muchas personas en su país, cada vez más. Sus reflexiones finales son las que ofrecen un panorama más desolador: la clase trabajadora, los pobres, son borrados del día a día de las clases pudientes, son invisibilizados constantemente para beneficio de los adinerados. La limpieza de casa, los servicios de comida rápida, el cuidado de ancianos, el trabajo duro que nadie quiere hacer, cosas insignificantes y rutinarias que quedan hechas como por arte de magia y nadie valora, porque no parece que nadie las haga. En cambio, los pobres ven a los ricos y a los poderosos en todo momento en los medios y en las calles, porque se hacen notar.

Hay al final del libro un asomo de esperanza en el que la autora apunta a que la situación es insostenible. Bien, pues ya hace trece años de eso y el trabajo ya no es considerado un derecho sino un lujo. ¿Ha llegado por fin el momento del hartazgo ante tanta humillación?

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