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Estudio sobre la armonía

'El olor de la papaya verde' sigue destacando por la bella construcción de un Vietnam idealizado.

02/06/14 · 8:00
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El estreno de Tokio Blues (2010) ha contribuido a recuperar parcialmente la figura del realizador Tran Anh Hùng. Con todo, quedan lejos los tiempos en que este francovietnamita despuntó como uno de los autores más prometedores del panorama mundial. Veinte años después de su estreno, se ha recuperado en formato Blu-ray su delicioso debut, El olor de la papaya verde. Con la premiada Cyclo (1995) se consolidó el prestigio del cineasta. Pero, después de Pleno verano (2000), la trayectoria de Tran se disolvió entre largos periodos de silencio y algún proyecto inesperado, como el thriller multinacional I come with the rain (2008).

Sea como sea, El olor de la papaya verde sigue apareciendo como una muestra sorprendentemente madurada de una visión estética. Y la calidad de imagen de esta nueva edición videográfica, enormemente mejorada, enfatiza su belleza visual. La película muestra, en dos tiempos narrativos separados por una elipsis de diez años, la vida de Mui, inicialmente una niña que entra en el servicio de una familia acomodada. A partir de esa anécdota, Tran construye una especie de paraíso perdido en el tiempo: una ajardinada casa señorial en la que crece la protagonista, sin más tensiones que las travesuras de otro niño. Se propone una experiencia sensorial de sonidos de grillos, imágenes de pequeñas ranas y preparaciones de comidas tan simples como atractivas. Mui deviene la materialización corpórea de un estilo: silenciosa y observadora, ingenua, con una mirada fascinada por los pequeños detalles.

En la primera parte del filme, lo atmosférico y lo plástico se imponen completamente: domina una pausa mesurada, que rehúye el quietismo militante y extremo de otros cineastas. Posterior­mente, el autor complementa estas facetas con un delicado ensayo de narrativa minimalista: a través de silencios y pequeños gestos despliega, la historia de amor de Mui, ya posadolescente, y su nuevo empleador.

Tran Anh Hùng desborda la contención sentimental de Ozu Yasujiro, añadiendo un laconismo extremo a la poética de gestos mínimos propia del japonés. Los movimientos de cámara, además, no buscan la exhibición de recursos escenográficos ni la visualización dinámica de acontecimientos: a menudo se convierten en signos líricos en sí mismos. Este camino de formalismo y de depuración extrema no sólo remite al orientalismo fílmico, sino también a cineastas occidentales como Andrei Tarkovski e incluso Robert Bresson, en una versión embellecida y cálida del conductismo del francés, de su representación de acciones prescindiendo del retrato psicológico.

La mirada bucólica de Tran comporta algunas omisiones. Éste dibuja un mundo apacible aunque sus escenas transcurren, respectivamente, durante las guerras de Indochina y Vietnam. Sólo una sirena lejana, a la que los personajes responden con indiferencia, sugiere la existencia de combates. La conflictividad social y la sombra de abusos de poder sexistas también permanecen fuera del cuadro. Como si el realizador idealizase el país de su infancia, evita cualquier tensión en un mundo de convivencia óptima entre amos justos y sirvientas disciplinadas. Parece sentirse libre, al concentrar la acción en sólo dos espacios, de crear pequeños remansos de belleza sin luchas coloniales, políticas o geoestratégicas. Pero no tardaría en demostrar su versatilidad con la inmediatamente posterior Cyclo, ambientada en una Ho Chí Minh contemporánea de mafias y represión del disidente. En ella, el realizador representaría violencias y tensiones con la misma maestría con que, en su obra anterior, había conjurado conmovedoras armonías.

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comentarios

1

  • |
    BEATRIZ
    |
    04/06/2014 - 12:44pm
    Deliciosa película, sí.
  • Tienda El Salto