Música
Calvin Johnson: 30 años como teenager underground

El fundador de Beat Happening y K Records, banda y sello míticos del indiepop autogestionado, presenta disco nuevo.

, Redacción
09/05/14 · 8:00
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En Sevilla, Calvin Johnson tocó en la capilla del antiguo monasterio donde se encuentra el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. / Valentina Ricci

Recorrer la península ibérica en 22 días, tocando una guitarra desenchufada en iglesias, cafés, centros sociales y culturales. Así es la gira que, cuando termine el 10 de mayo en Barcelona, habrá llevado a Calvin Johnson a visitar 19 ciudades. Austera y muy poco pretenciosa para tratarse de una figura central en el ¿underground? ¿rock and roll? ¿pop? de EE UU en las últimas tres décadas. Nos recibe en un hotel de Madrid y la conversación apenas fluye, pero da algunas claves para tratar de despejar esos interrogantes. “No voy a decir mucho, sólo voy a tocar canciones”, anuncia un par de horas después para empezar su concierto en el pequeño Teatro del Arte.

Hacer punk con lo que haya a mano

A finales de los 70, Johnson entró en contacto con la incipiente escena hardcore de Washington DC. Con grupos como Fugazi y Minor Threat compartió el compromiso con la autogestión, la ética del ‘hazlo­-tú­-mismo’; la influencia musical le llegaba más desde el postpunk británico, con grupos formados por mujeres como The Slits, Raincoats o Delta 5. En 1982, en su ciudad natal (Olympia, Washington) fundó su propio sello: K Records. “Estaba escribiendo fanzines, haciendo radio, tocando en grupos... empezar un sello parecía lo normal”, cuenta, sin querer ahondar en sus motivaciones políticas.

Ese mismo año comenzó el grupo Beat Happening, junto con sus compañeros de universidad Heather Lewis y Bret Lunsford. En dos décadas publicando discos, su sonido fue siempre extremadamente lo-­fi, marcado por el uso de equipo barato (hasta recipientes de yogur para las percusiones) y el deseo eterno de inmediatez. Johnson afirma que nunca le han ofrecido fichar por otros sellos y que no se ha planteado su carrera de otra manera: “Tiene sentido pensar que la música que hago está determinada por la forma en que la produzco, pero también creo que he hecho muchos tipos de música, no he tenido límites”.

En Beat Happening, además de punk ochentero, había ecos del surf y el pop yeyé de los sesenta. Constantes que se han mantenido durante toda la trayectoria de Johnson. Melodías y letras aparentemente ingenuas y simplonas, o frescas e inmediatas, depende de cuánto valoremos la actitud pop. Escapismo, charlas sobre comida e imaginario infantil mezclado con asperezas de la vida adulta, a poco que rasques. Por ejemplo, hay que tener muy desactivada la capacidad de malpensar para obviar las connotaciones sexuales de sus letras sobre lamer helados o jugar a las casitas. O muy poco ojo para no ver cierta sexualidad implícita en su performatividad corporal sobre el escenario.

De hecho, en su concierto en Madrid quedó claro que la gira se basa en su presencia, en su carisma. Casi que llegaba más cuando dejaba la guitarra y sólo cantaba y bailaba. Parece mentira que tras más de treinta años toque la guitarra de manera tan poco virtuosa, parece un empeño lo suyo con la sencillez.

Del hardcore al ‘tweecore’

Hacia 1988, K Records ya era un sello influyente, del que Johnson podía vivir. Editaba discos de bandas estadounidenses y británicas de indiepop guitarroso y lánguido, con un sonido que luego se llamaría ‘twee’ (cursi), siempre fiel a su lema: “detonando el underground adolescente hacia una rebelión apasionada contra el ogro corporativo”. En 1991, en Olympia, la Interna­tional Pop Underground Convention reunió a las bandas más floridas del género. Su primera noche fue el pistoletazo de salida para el movimiento riot grrrl, feministas que reclamaron su lugar sobre los escenarios. Johson fue inspirador para Tobi Vail, que tuvo un grupo con él antes de empezar Bikini Kill. Contribuyó a ensanchar lo que se considera punk: el desafío a las normas hegemónicas puede venir desde muchos lados, y no pasar necesariamente por la agresividad macho que imperaba en la escena. ¿Se considera Johnson expresamente antisexista? “Mi madre es feminista, parecía lo natural serlo”. Ahora bien, aclara: “el machismo en el punk es sólo un reflejo de la sociedad en general, no puedes escapar de la sociedad, siempre llevas el equipaje contigo; puedes intentar cambiarlo, eso sí”.

En 1992, con la explosión del grunge, Beat Happening llegó al público masivo vía Kurt Cobain, que lucía un tatuaje con el logo de K Records.“Creo que desde los 90 la gente dejó de tener conciencia de lo que es underground o mainstream, lo que importa es la música. Es confuso presentarse como alternativa a la sociedad convencional, la gente sólo quiere hacer música. Cuando éramos más jóvenes, estábamos seguros de que queríamos crear una sociedad mejor; ahora no todo el mundo piensa esas cosas”.

A mediados de los noventa Johnson tuvo su época más experimental, con Dub Narcotic Sound System haciendo una suerte de funk descacharrado y The Halo Benders, que continuaban la senda punkpop de Beat Happening pero redondeando más las melodías y los arreglos. También ha sacado discos en solitario. Entre colaboraciones y producciones, aparece en más de 140 discos de K.

Lo mejor está pasando ahora

Desde 2010 graba con los Hive Dwellers, un trío hecho para su lucimiento, quizá más rockabilly, a veces más jazzy, pero siempre lo-­fi. Su último disco, Moanin’, vio la luz a final de abril. Johnson ha querido lucirlo durante la gira, cuanto más literalmente mejor: en el concierto de Madrid lo colgó en el escenario, aprovechando para que tapara la marca de cerveza que lo patrocinaba. “No he querido tocar en salas de rock, he tocado en demasiadas, me aburren”, afirma para justificar las localizaciones.

Le interesa más hablar sobre lo que sí le gusta: los grupos actuales que escucha. De Olympia recomienda a The Hysterics. Están de gira por Europa y nos insiste en que vayamos a verles así que ahí van las fechas: del 14 al 16 de mayo en Zarautz, Logroño y Barcelona. Y, de K Records, The Shivas y el próximo disco de Mirah. Dice no conocer mucho más: “casi no me da tiempo a seguir la música que hacen mis amigos”. Pero le encanta: “Este es el porqué el mundo de la música es ahora mejor que nunca, hay tanta gente haciendo buena música; es imposible seguirles el ritmo, es genial que haya tantas cosas pasando”. Tiene que ver con internet: “La gente tiene más
acceso a música, se inspiran más, es precioso”.

No obvia cierta nostalgia que invade a la escena del indiepop –por ejemplo, la media de edad del público en Madrid rondaba los 35–, pero le quita hierro: “Yo sólo hago mi música y espero que la gente la aprecie”. En 1979, con 17 años, escribía en una revista: “Conozco el secreto del rock and roll: es un deporte adolescente hecho para ser practicado por adolescentes de todas las edades; todo se reduce a ese bello espíritu adolescente.” Ahora, con 51, Calvin Johnson sigue en ello.

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