El paseante y la prostituta

Hasta el 25 de Mayo en el MNAC de Barcelona se muestra la obra de Joan Colom en la exposición Jo faig el Carrer, comisariada por David Balsells
y Jorge Ribalta.

04/05/14 · 8:00
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En la exposición 'Jo faig el Carrer' (Yo hago la Calle), un gran acierto de los comisarios ha sido mostrar los recortes de prensa de los años 60 que reconstruyen un episodio significativo tanto para el fotógrafo Joan Colom como para la historia social del trabajo sexual femenino en España: Eloísa Sánchez, una trabajadora sexual que aparece en el libro 'Izas, Rabizas, Colipoterras' (colección Palabra e Imagen, Lumen, 1964), denunció a Camilo José Cela, a Colom y a la editorial por haber publicado fotos de ella sin su consentimiento y con textos injuriosos. Exigía el pago de un millón de pesetas como compensación por los daños morales causados a su persona.

El libro, al mismo tiempo un ejercicio de investigación lingüística que identifica 52 maneras distintas de decir prostituta en español, y un auténtico adefesio literario lleno de menosprecio hacia la prostitución, supuso un éxito de ventas a pesar de su caro precio para la época. Uno de los efectos que se derivó del mismo fue la retirada durante más de 20 años del mundo de la fotografía de Joan Colom. El resultado, la combinación de texto e imagen, no le gustó nada y tampoco se sintió cómodo con la denuncia, aunque ésta no prosperase debido a que el día del juicio, por motivos desconocidos, la denunciante no se presentó.
Este artículo, nacido gracias a una mesa redonda en la que pude participar en torno a la exposición 'Yo hago la calle', junto a Dolores Juliano, Beatriz Preciado y Jorge Ribalta, aborda la cuestión del libro de Cela, que lleva por subtítulo 'Drama con acompañamiento de cachondeo y dolor de corazón', como una metáfora de la doble moral franquista, pero también, al mismo tiempo, como un contra imaginario de la España folklórica y proto turística de masas que comenzaba a gestarse en los tiempos del famoso baño de Fraga en Palomares.

¡Bienvenido Mr Marshall!

En 1955 España entró en la ONU. Esto fue posible porque en 1953 EE UU y Spain habían firmado un acuerdo por el cual se permitía a los barcos de la Sexta Flota norteamericana fondear en el puerto de Barcelona. En 1956, España aprobó del Decreto Abolicionista de la prostitución, que en Barcelona supuso el cierre de “98 casas de prostitución toleradas y 42 clandestinas” (Historia y Leyenda del Barrio Chino, Paco Villar, La Campana), así como la reconversión de muchas de las mismas en meublés o alquileres de habitaciones por horas. La España de Franco se adhería de esta manera al 'Convenio Internacional para la represión de la trata de seres humanos y la explotación de la prostitución'. Lejos de ser un Decreto Abolicionista, de lo que se trata es de un Decreto Prohibicionista que tipifica el trabajo sexual como delito de escándalo público. Es importante hacer saber un inciso a los no navegantes: abolicionismo no es sinónimo de prohibicionismo. El abolicionismo no persigue y castiga, el prohibicionismo sí. En cualquier caso lo que confunde es que el abolicionismo funciona como una máscara pública que tapa conductas prohibicionistas. Ya fue así cuando el franquismo, y continúa siendo así hoy en el contexto de la Ordenanza del Civismo de Barcelona.

Las fotos de Joan Colom que aparecen en 'Izas, Rabizas, Colipoterras' fueron tomadas entre 1957 y 1961. Se trata del principal testimonio visual con el que contamos de los primeros años de aplicación del decreto. Las imágenes que aparecen constituyen la epidermis que ha quedado de uno de los territorios más altamente sexualizados del contexto español: el Barrio Chino. Paco Villar, “biógrafo oficial” del Barrio Chino, describe de la siguiente manera la llegada de los marines: “Las prostitutas creían estar asistiendo a un inesperado y maravilloso milagro. Las que iban por libre, lo más normal es que pidieran cinco dólares por ocupación, y eso significaba, pura y simplemente, nadar en la abundancia: todavía había mujeres que cobraban sólo quince pesetas. (...) Por las calles no se veían más que grupos de marines y prostitutas cogidos del brazo; entraban en una tienda, y salían, ellas llenas de paquetes, ellos mostrando una sonrisa ingenua y complaciente”.

Lejos de acabar con la prostitución, lo que trajo la llegada de la Sexta Flota y la entrada de España en la ONU fue su fomento en un marco de ilegalidad. De cara al afuera, España podía ofrecer una imagen de un país moderno, a la altura de las democracias contemporáneas en materia de prostitución. Las representaciones de revistas como Life en reportajes sobre la Sexta Flota muestran a los marines conviviendo alegremente y sin problema con la población local, nunca como clientes de prostitución; de cara adentro, el Decreto supuso por una parte la victoria de los grupos católicos que hicieron una campaña contra la regulación de la prostitución entre el 55 y el 56, y por otra parte el desarrollo de un comercio sexual y de ocio nocturno, con las llamadas tiendas de “gomas y lavajes”, los meublés y una escena creciente de bares con nombres yanquis (como el todavía vivo Kentucky) orientados a facilitar el contacto entre las chicas y los marineros.

El verso infame de Cela

La pregunta llegados a este punto es: ¿por qué se permitió la publicación de un libro como 'Izas, Rabizas, Colipoterras' por parte de un gobierno censor y autoritario, en un momento en el que no interesaba nada que circulase esa imagen de España? La respuesta parece que señala al impresentable de Camilo José Cela. Era un escritor protegido por el régimen. No debió resultarle muy difícil conseguir el permiso para mostrar todo aquello que no salía en las primeras guías turísticas de la época, los bajos fondos, y que contrastaba con la imagen que el régimen quería dar a nivel internacional para atraer turismo. Sus vivencias personales de cliente confeso fueron toleradas para ser convertidas en un libro infame que, como dice Dolores Juliano, construye el trabajo sexual como una estética de la abyección.

El libro supone una metáfora de la doble moral franquista. Su aparición llega en el momento de elaboración de una cuidada imagen internacional de propaganda legitimadora del fascismo, promovida también por EE UU, una ley que satisfacía al catolicismo y creaba un contexto de persecución y violencia llenas de arbitrariedad. Se multaba y detenía a las (malas) mujeres cada vez que era necesario, mientras que el comercio sexual daba de comer a mucha gente de manera directa e indirecta y tenía en los marines a sus principales clientes ¡Viva España!

Espías o paseantes

Beatriz Preciado comenzó su ponencia en el ciclo citando a Walter Benjamin. Como se sabe, los vagabundeos del paseante o flâneur parisino son un objeto de gran interés para el escritor marxista. Los encuentros casuales con escenas metropolitanas que se topa mientras camina a la deriva, la contemplación de las mercancías que hay en los escaparates o, más importante para este texto, de las mercancías/cuerpos de mujer prostituta, son evaluados como una mutación de la subjetividad que hace del paseo un estilo de vida.

Más allá de la prostitución como forma de subsistencia para muchas, y como mercado derivado para tantos otros, cabe mencionar la figura del paseante/detective que extrae información para venderla al mejor postor que la publique. En este sentido, cabe romper una lanza ética en favor de Joan Colom. Él decía que, al igual que las prostitutas, el también “hacía la calle”. Y le podemos contestar, “como las prostitutas no, Joan, sino como los flâneur”.

Al igual que muchos hombres de la época, Colom bajó todos los fines de semana, sistemáticamente durante cuatro años, a fotografiar el Raval con su cámara oculta. Con ella captó parte de la vida de los bajos fondos mientras acontecía y, además de las mujeres, captó también la mirada masculina, objeto de atención en la estética fotográfica y cinematográfica italiana y española del momento. Comportándose como uno más, captó los ojos de deseo del hombre cliente que, en general, mentía en su casa poniendo cualquier excusa, existe un repertorio conocido, para ir a su personal “sábado sabadete”.

¿Espía o voyeur? Si tenemos en cuenta el episodio que hemos relatado en la introducción, la respuesta se acerca más a la segunda opción: voyeur de los bajos fondos. Si Colom hubiera querido hacer carrera de fotógrafo-espía, y no solamente fotografiar mientras hacía la calle, Colom la habría podido hacer. Pero su elección, vistas las consecuencias de su trabajo, fue otra. De alguna manera, y sin querer insinuar que Colom era cliente de prostitución, algo que ni sabemos ni nos importa, las fotos de Colom muestran a sus alter egos: hombres que bajaban de otras zonas de la ciudad para mirar el movimiento de la calle en una zona prohibida, considerada moralmente abyecta por el poder y por parte de la sociedad, con toda la carga morbosa que ello tiene, pero una zona de vida al fin y al cabo.

En un trabajo de investigación por hacer sobre las masculinidades del franquismo, la mirada de Colom y su enorme trabajo fotográfico serán un material imprescindible para documentarlas y pensarlas. Sin ir más lejos, muchos hombres de Barcelona todavía vivos hoy, perdieron su virginidad, acompañados por sus padres, en el territorio que Colom plasmó entonces.

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comentarios

1

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    Tomeu Giro
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    05/05/2014 - 11:43am
    Bueno, pues de aquí unos años la Preciado u otros podrá hacer pasta y una gran disquisición sobre mi trabajo, los géneros, la masculinidad, lo trans, los límites, la frontera, lo queer y toda la pesca. De mientras puede seguir escribiendo sobre los derechos de su perra philomène. De mientras yo me puedo morir de asco - o a golpes. Y la sociedad también, porque esto se va a la mierda y parce que los "políticos, activistas y demás" no creo que llevéis mucho camino de mover las situaciones.  Que os vaya bien guapxs.
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