Deporte
“Ganar un partido a cualquier precio significa en realidad no ganarlo”

Una conversación sobre deporte y ética con el exfutbolista Claudio Tamburrini y el periodista deportivo Jacobo Rivero.

25/03/14 · 18:04
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Claudio Tamburrini y Jacobo Rivero durante la presentación de 'Del juego al estadio' en Madrid.

El periodista Jacobo Rivero y el filósofo y exfutbolista argentino Claudio Tamburrini han dibujado en Del juego al estadio (Clave Intelectual, 2014) un terreno para dialogar sobre deporte y ética. La profesionalización, el dopaje, y el sexismo circulan por esta cancha de debate en la que subyace una reivindicación del placer del juego. “El deporte está muy necesitado de obras como ésta, que ayudan a pensar y a considerarlo un derecho, uno más de los que, como tantos otros actualmente, nos quitan con el propósito de acumular más riqueza a costa nuestra”, escribe Ángel Cappa en el prólogo. Reproducimos fragmentos de una conversación entre los autores de la obra.

Jacobo Rivero: Hace unos años, en un curso de formación de entrenadores de baloncesto de primer nivel, el profesor (también entrenador) preguntó al alumnado por cuáles eran los requerimientos para ser un buen entrenador. En el contexto del curso, uno de los alumnos señaló: “Ser una buena persona”. El profesor inquirió sobre el significado de la respuesta, a lo que el alumno contestó: “Que los jugadores se diviertan, que jueguen todos, que las decisiones sean justas, que los formemos para ser también buenos ciudadanos...”. El profesor frenó al alumno de forma tajante: “A divertirse no se viene al baloncesto, se va al parque de atracciones”. La anécdota es ilustrativa de las lógicas formativas en las que vivimos en relación al deporte. Hace no tanto, un entrenador de ‘primer nivel’ señalaba la disquisición entre “divertirse” y “disfrutar”. Pro­pues­ta mucho más interesante para debatir, especialmente si hablamos de juego, deporte y ética. Pero la lógica más extendida –desgraciadamente– es la que señalaba el profesor del curso de entrenadores: la diversión no está en las prioridades actuales del deporte en edades tempranas, no digamos cuando se habita en el deporte de élite. Primero la victoria, luego ya veremos.

Deporte-juego

Claudio Tamburrini: Es trágico que se haya perdido la dimensión lúdica –el juego y la diversión– en el deporte de alto rendimiento. Aunque es en parte entendible, al convertirse el deporte en una actividad profesional y comercializada durante las últimas décadas. Este fenómeno ha tenido también efectos positivos, al posibilitar la difusión –y la aceptación– de otros estilos de vida que los dominantes en el seno de la población. Pensemos simplemente en el efecto democrático de presentar a los niños deportistas que pertenecen a minorías étnicas, o que tienen una identidad o pertenencia sexual distinta al patrón heterosexual y clásico. Hay un área, sin embargo, en donde no sólo es negativo, sino incluso abiertamente discriminatorio, no conservar la dimensión lúdica en el deporte. Esa área es el deporte infantil. Se trata a los niños deportistas como si fueran deportistas adultos actuando a un alto nivel competitivo. Se trata a los niños deportistas como si fueran deportistas adultos actuando a un alto nivel competitivo Al no respetarse su condición de niños, aplicándoles patrones de conducta y valores pertenecientes al ámbito del deporte profesional, se discrimina a los chavales, además de quitarles el disfrute por el deporte-juego.

J. R.: Un asunto que planteamos en el libro es qué ética tiene el deporte y por qué ha sido un acontecimiento cultural habitualmente olvidado, o despreciado, por las élites intelectuales y por la izquierda.

C. T.: La izquierda ha visto siempre con malos ojos las prácticas de diversión de los pueblos. Existe una crítica histórica a los festejos carnavalescos “en situación de escasez económica”, crítica que hoy se repite al cuestionarse la participación en eventos deportivos internacionales en países con sistemas de gobierno no-democráticos. El argumento subyacente es: “Deberían ustedes, las masas, dedicarse a tareas políticamente necesarias, en vez de invertir el tiempo en actividades pasatistas [pasajeras]”. Es un punto de vista elitista y, en realidad, una muestra más de la incapacidad histórica de la mayoría de las fuerzas políticas de izquierda de entender y aceptar a la gente tal cual son, en vez de presentarles con requerimientos utópicos acerca del “hombre nuevo” (que debería formularse “el ser humano nuevo”, para no usar una terminología machista). Pero de la misma forma que el carnaval y los festejos populares encierran un potencial de cambio basado en ideas y tradiciones populares, así sucede con el deporte. Los intelectuales han estado siempre demasiado ocupados tratando de sobresalir al resto como para poder entender esta realidad.

Libertades

J. R.: Una diferencia en la visión de la práctica del fútbol, por ejemplo, es la que se expresa en dos formas muy distintas de entenderlo: la que planteaba Bilar­do y la de Menotti. Al primero se le asocia con la victoria a cualquier precio, al segundo con la calidad del juego en relación al resultado. ¿Habría una traslación de este debate a otras situaciones fuera del deporte que se dan en la sociedad?

C. T.: Ganar un partido a cualquier precio significa en realidad no ganarlo. La victoria conseguida mediante la negación de los valores esenciales del juego es una victoria pírrica: conducirá inexorablemente a la perdición del ideal deportivo, a pesar de victorias competitivas momentáneas. Se puede hacer un razonamiento similar en relación a los procesos de transformaciones sociales. Existen hoy en las sociedades modernas ciertos valores y principios que, sobre todo durante las últimas décadas, han alcanzado fuerte arraigo en la gente. Concreta­mente, se trata de las diversas libertades individuales y derechos fundamentales del individuo, frente al colectivo que representa la sociedad y, sobre todo, frente al poder político del Estado. Todo proceso de transformación que no tome en cuenta esas libertades ya ganadas e incorporadas al ideario político de nuestro tiempo terminará, pese a algunos logros materiales temporarios, colapsado.

J. R.: Además el deporte está asociado a discursos bastante reaccionarios en cuestiones como, por ejemplo, la sexualidad. En Del juego al estadio contamos el caso de la atleta sudafricana Caster Semenya, que fue apartada de la competición tras ganar las prueba de 800 metros lisos del Mundial de Atletismo celebrado en Berlín en 2009, “acusada” de ser en realidad El deporte es el último bastión del machismo. Se segrega a los deportistas sexualmente aun en disciplinas en las que no existen razones para hacerlo “un hombre”. La segregación sexual del deporte es una de las cuestiones que las instancias que gestionan el deporte de alta competición tratan de evitar, precisamente cuando en las sociedades el sexo biológico está en proceso de cuestionamiento, no sólo por los discursos feministas sino por las realidades sociales contemporáneas.

C. T.: En ese sentido, el deporte es el último bastión del machismo. Se segrega a los deportistas sexualmente aun en disciplinas en las que no existen razones para hacerlo, y las competiciones con equipos mixtos son escasa minoría.

Dopaje

J. R.: Otro asunto ineludible es el que tiene que ver con el dopaje, que se ha asumido como el gran campo de batalla por los organismos oficiales, pero que es un terreno plagado de contradicciones, falsedades e hipocresía. Competiciones cada vez más exigentes que parecen sobrepasar los límites del ser humano; límites que no pueden ser superados sino es con sustancias ilegales que producen cierta perversión y construyen personajes que un día son heroicos y al día siguiente auténticos villanos, como el caso de Lance Armstrong.

C. T.: La cuestión del dopaje es particularmente interesante porque es, a mi juicio, utilizada por los dirigentes del deporte internacional como “coartada ética”, es decir, como elemento propagandístico a los efectos de hacer creer que esas organizaciones tienen una agenda ética a implementar. Es en realidad todo lo contrario: la violencia de género y el acoso sexual prácticamente no se discuten en el deporte, se discrimina a ciertas deportistas mujeres por sus características hormonales y genéticas, etc. Levantando la bandera de “la guerra contra el dopaje”, la nomenclatura del deporte puede seguir manteniendo una agenda con valores e ideales genéricos de comienzos del siglo pasado.

J. R.: Hace un año la revista Sports Illustrated publicó en portada la declaración de Jason Collins como primer atleta gay en activo en un importante deporte de equipo estadounidense (baloncesto). En las páginas interiores, la revista señalaba: “La declaración de Jason Collins en estas páginas demuestra, como pocas cosas, que no somos la nación que fuimos hace diez, cinco o incluso dos años. Parece una obviedad que su decisión prenderá la llama de más cambios”. ¿Cuál crees que es la situación de los medios de comunicación en relación al deporte?

C. T.: Están, por razones comerciales, a la zaga de la percepción nueva que tiene el público. Pero de todas maneras se encuentran más avanzados que la nomenclatura del deporte.

J. R.: ¿Qué reflexión esperas que genere este libro?

C.T.: Que lleve al lector a cuestionar aquello que considere obviamente correcto y apropiado. Por lo general, ésa es la apariencia atrás de la cual se esconden nuestros prejuicios más infundados. //

 

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