Teoría del agujero pegajoso

En su antropología de bolsillo, Julio Cortázar desarrolló esta teoría. Describía con ella a un tipo que llevaba pegado su nombre, lo mismo que todo lo demás. Hasta los quince años fue un simple agujero, rodeado de tablas de multiplicar y partidos de fútbol. Un día se dio cuenta de que, para no reventar como una pompa de jabón, se tenía que volver pegajoso, atrapando todo lo que hallaba a su alrededor. Primero fueron unas pelusas, después la costumbre de fumar tabaco inglés, su chaqueta de tweed y su nombre, que sabía que era el sinónimo de su agujero.

23/03/14 · 8:00
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En su antropología de bolsillo, Julio Cortázar desarrolló esta teoría. Describía con ella a un tipo que llevaba pegado su nombre, lo mismo que todo lo demás. Hasta los quince años fue un simple agujero, rodeado de tablas de multiplicar y partidos de fútbol. Un día se dio cuenta de que, para no reventar como una pompa de jabón, se tenía que volver pegajoso, atrapando todo lo que hallaba a su alrededor. Primero fueron unas pelusas, después la costumbre de fumar tabaco inglés, su chaqueta de tweed y su nombre, que sabía que era el sinónimo de su agujero. Más tarde se le pegaron las ropas deportivas, la cocina, la calefacción, el criterio selecto en jabones de afeitar, la mejor gasolina para autos suecos, el gusto por Time y Life, la sensibilidad adecuada para la fotografía y el cine, una idea de Picasso y otra de los tocadiscos y las playas de veraneo. Nadie sospechaba que su voz procedía de ese agujero, ése que le hacía decir que había tenido una experiencia en un “marco incomparable” o que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Puede existir un agujero de éstos en cualquier sujeto, como el Bloom de Joyce y Tiqqun. Puede ser un joven registrador de la propiedad, al que se le adhieren unas gafas y algún tic. Desde muy pronto, para no ser un don nadie, se afilia a un partido, que no le pesa demasiado, aunque ese pegote tenía adosados un fundador y miles de cadáveres en una guerra del pasado. Como ese agujero voraz sigue estando vacío, se le pegan unos vertidos de petróleo, que él dice que son hilos de plastilina, con los que se tiñe el pelo, aunque no la barba encanecida. Y con los años se le pegan billetes, ministerios y hasta la presidencia de un gobierno a modo de plasma. En su viscosidad conserva el hábito de fumar puros, que se le pegó de joven, con su humo, el cual ya no le deja distinguir las verdades de las mentiras. De hecho, ya no recuerda cuándo se le pegó alguna verdad. //

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