Teatro entre balas y gases lacrimógenos

Crónica en primera persona de una experiencia de Teatro del Oprimido en la crisis ucraniana.

17/03/14 · 8:00
Edición impresa

17 de enero de 2014. Un día después de que el Gobierno de Víctor Yanukóvich decretara unas leyes antiprotesta, se dio nueva vida a los cada vez más cansados y desilusionados manifestantes que habían estado viviendo desde hace más de seis semanas en la plaza de la independencia de Kiev, la hoy mundialmente conocida Maidan.

Me reúno con un grupo de activistas de derechos humanos involucrados en las protestas desde que estalló la ira popular en los últimos días de noviembre del 2013 ente extranjero. Uno de ellos, joven ucraniano anti-fascista, me saluda con un caluroso “Hola Hjalmar, agente extranjero”, el flamante término dado por parte del Gobierno a todos los que siguen pidiendo que se atiendan las demandas de mayor participación política, justa distribución del excedente económico y, lo más frecuentemente coreado, una vida digna y sin represión.

Después de semanas de manifestación noviolenta, la gente se encuentra desmoralizada. “Ya es hora de ofrecer una alternativa concreta y propositiva. Algo diferente al repetitivo discurso vacío y grandilocuente de los políticos. ¿Por qué no usamos las técnicas del Teatro del Oprimido para promover el diálogo y fortalecer las voces de los que se han cansado de tanta corrupción, tanto nepotismo, tanta arrogancia de la clase política tradicional en nuestro país?”. Las palabras de mi compañera de fe judía resuenan entre todos los reunidos. El grupo opta por llamar a la solidaridad internacional en lo que decidimos denominar “Tsunami de Comodines” para apoyar el proceso de cambio ucraniano.

12 de febrero de 2014. Acaba de llegar a Ucrania el último de seis comodines internacionales dispuestos a poner su experiencia al servicio del pueblo. Todos los que vienen lo hacen sin cobrar un solo centavo. De hecho, toda la iniciativa teatral se efectúa de manera voluntaria. El comité organizador apuesta por montar ocho talleres de teatro en cinco ciudades del país. El movimiento Maidan es diverso e incluso contradictorio. Las fuerzas derechistas están ahí. Y su presencia, llena de actitudes machistas, símbolos fascistas y consignas usadas por colaboradores hitlerianos, es inquietante. A la vez, recorriendo el inmenso e inhóspito campamento habitado por miles de hombres y mujeres en un invierno gélido, observo una multitud de personas de ideologías diferentes, unidas por su rechazo al modelo político y económico vigente. Veteranos de la guerra soviética en Afganistan toman té con anarquistas posmodernos y mujeres de la tercera edad juegan al tenis de mesa con hombres de negocios. Por supuesto que hay muchos que de ninguna manera se sienten representados por los que han hecho de la protesta una forma de vida. Principalmente en el este y sur del país, donde una mayoría de la gente continúa apoyando al Gobierno de Yanukóvich. Allí, la propaganda anti-Maidan es omnipresente y los trabajadores de las minas metalúrgicas se aferran a lo poco que les queda. Por otro lado, el tono patriótico de una gran parte de los manifestantes no parece dejar espacio a los millones de personas de origen y lengua rusa. Sin duda, un contexto complejo, un contexto perfecto para usar el Teatro del Oprimido como arma de construcción masiva.

18 de febrero de 2014. Termina el último taller de teatro. La iniciativa, luego conocida como Teatro de Diálogo, fue un éxito total. De todo el país nos llegan cientos de mensajes y llamadas de personas que de forma directa o indirecta han participado en el proceso. Mucha gente describe cómo mediante el Teatro del Oprimido finalmente ha logrado encontrar su papel en la construcción de una Ucrania más justa y democrática. Otros admiten cómo su participación les ha ayudado a lidiar con el trauma sufrido de haber presenciado la muerte de sus seres queridos en enfrentamientos con las detestadas fuerzas de asalto, la Berkut. Finalmente hay personas que se han planteado cómo dar continuidad a la metodología.

Mientras tanto, comienza la matanza del pueblo por el Go­bierno de Yanukóvich. El mismo día de nuestra última actividad teatral, una sesión del Arco Iris del Deseo, técnica psicoterapéutica del Teatro del Oprimido, un nuevo enfrentamiento entre Berkut y Maidan da como resultado casi 80 personas asesinadas. Una matanza trágica que pocos días después terminará con la fuga del presidente.
El Tsunami de Comodines finaliza en llamas. Al día siguiente miles y miles de personas vuelven de nuevo a Maidan. La limpian, la reconstruyen, la decoran con flores y velas honrando a los suyos. Tiempos de luto.

Nos reunimos otra vez con el comité organizador. Tiempo de reflexión que concluye con las palabras de una camarada activista por los derechos del pueblo tártaro: “Yanukóvich se fue pero la lucha no ha terminado. El nuevo Gobierno está mayoritariamente compuesto por políticos de corte neoliberal, sin ideas emancipadoras ni visiones prometedoras. No queda otra opción, hay que seguir usando el Teatro del Oprimido para que la voz del pueblo no se extinga y el sueño de una Ucrania mejor se mantenga viva”. Todos asienten. La lucha continúa. //

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

Tienda El Salto