Adiós a Leopoldo María Panero, el último poeta

Carta de despedida al poeta Leopoldo María Panero, fallecido el 6 de marzo.

07/03/14 · 13:52

Por el carrillo rasposo de las calles,
resbalando como lágrima inútil,
yo,
quizá sea
el último poeta.
Vladimir Maiakovski

Querido Leopoldo,
Tal vez tú no lo supiste nunca porque nosotros, asquerosos humanos del montón, no nos atrevimos a decírtelo, pero muchos te mirábamos, te leíamos, y creíamos un poco más en esta cosa llamada vida. Creíamos que el dolor, que el escalofrío y que el abandono podían tener algún sentido: empapar tus palabras de emoción, hacernos vibrar de emoción. Sí, nos hacías vibrar, nos hacían sentir vivos tus palabras llenas de crueldad y de certeza, pero siempre, sin excepción, bellas hasta el delirio. Tú no eras uno más, tú eras de los pocos que saben transmutar, de los que en lo más desgarrado y desesperado encuentran la partícula de la belleza y la hacen brillar.

No, ya nunca lo sabrás, pero tus palabras eran una suerte de máscara de oxígeno cuando todo fallaba, cuando la línea con la locura solamente existía en las mentes de los ilustres psiquiatras, psicólogos y demás parentela. En nuestras vidas, Leopoldo, también tocamos la locura, y cerramos los ojos, y recordamos tus palabras, y, de golpe, respiramos toda la vida que nos has regalado con ellas, como si fuera aire líquido.

A algunos, Leopoldo, la historia de tu familia nos demostraba cómo es de injusta la vida. Tú, que intentaste resucitar a tu madre, que sufriste los ataques de Michi, que los sobreviviste a todos, tú, con tu palabra siempre digna y siempre herida, eras el testimonio de la injusticia. Los sobreviviste a todos, sí, pero jamás seremos capaces de saber lo que eso te hizo sentir. Te alejabas de los laureles, eras capaz de quererlos a pesar de todo, a tu familia, a ellos, a los que tanto habían lacerado tu piel.

Todo tú eras una obra de arte, Leopoldo. Como sabías que sucedería, hoy se han empeñado en etiquetarte. Hablan del genio loco, hablan del enfant terrible, hablan del maldito y del sufridor, hablan del mito. Pero olvidan que tú estabas ahí, agarrándote a la vida con el pulso más fuerte jamás soñado. Olvidan que, además del ilustre poeta, estabas tú, pequeño, pequeñito, tierno, con ganas de seguir viviendo, con ganas de seguir comiendo, con ganas de seguir fumando, con ganas de seguir follando, con ganas de seguir amando, con ganas de seguir escribiendo.

Sería tan fácil, ahora, citar tus propias palabras y usarlas para expresar lo que tu muerte nos ha hecho sentir, y es que todas nuestras palabras siempre serán torpes y onanistas al lado de las tuyas. Desde aquí, nos asomamos a la tentación, pero renunciamos a ese privilegio, tus palabras no serán prostituidas para nuestro llanto incapaz de expresar lo que eras para nosotros. Pero es cierto que no sabemos qué decir ahora que te has muerto. Porque esto es así: estás muerto, Leopoldo, y eso es algo que duele. Duele porque tú estás muerto pero vive la pesadilla, vive el psiquiátrico, vive la desazón, vive la certeza de la propia locura, vive el que acusa, vive el que se deja acusar, vive el recuerdo y vive todo lo que en algún momento te hirió.

Por suerte, también viven las páginas ensuciadas con tus palabras, guarreadas, llenas de golpes certeros. Viven y están ahí para rozarnos la piel con sus labios, para calmarnos la sed, para recordarnos que tú no eras ningún dios, eras solamente tú, Leopoldo María Panero, el que nunca ganó un Nobel ni falta que le hizo (aunque qué bien nos lo habríamos pasado en la entrega, ¿verdad?).

Esperamos, Leopoldo, que hayas ido a parar a un nunca más definitivo, que todo lo que te dolía haya dejado de existir, y que, con tu muerte, se haya disuelto en la nada. Esperamos que hayas encontrado la paz que no se te concedió en vida. Esperamos que no exista más allá y que, si existe, solamente sea para que los brazos de tu madre puedan volver a acunarte.

Si te cruzas con Dios por alguno de esos pasillos que recorren la nada, dile de nuestra parte que ya basta, que no hace falta que mate a más poetas. Lleva unos cuantos en pocos meses, y algunos hicimos el teatro de que nos afectaron sus muertes, pero fingimos. Fingimos, porque la que de verdad nos ha afectado ha sido la tuya, Leopoldo, y es que, después de ti, ya no quedan poetas vivos: tú, y no Maiakovski, eras “el último poeta”. Ahora es definitivo: Dios ya no puede matar más poetas.

Nos queda mucho trabajo que hacer por aquí, Leopoldo, pero algún día nos desharemos en la nada, como tú, y serás como esos antepasados ya muertos con los que uno sueña con reencontrarse en el centro exacto de la nada, aunque sea deshechos en átomos. No vamos a pelear con la institución, ni con la academia, ni con los vendedores de libros que se ríen de tu cara en las portadas, ni con los que te etiquetan, ni con los que se llenan la boca con tus palabras tan inmaculadas como putas, ni con los que no te entienden y no saben ver el profundo amor que siempre sentiste por la vida. No, tranquilo. Vamos a seguir engullendo tus palabras como la única droga que de verdad queremos probar. Y, pese a la muerte del mito, pese a que el 5 de marzo de 2014 quede anotado en algún que otro manual de historia de la literatura, pese a las pompas fúnebres y a los críticos literarios, ¿sabes por qué lloramos nosotros, Leopoldo? Porque ya nunca podremos ir a verte y llevarte lenguas de gato.
Descansa, amor.

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comentarios

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    Luis_Karcelona
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    08/03/2014 - 11:08pm
    Felicidades! Precioso homenaje. Ahí le habéis dado 100 vueltas a cualquier periódico oficial, tipo El País, La Vanguardia, ABC, Avui..., en calidad, en humanidad, en vigor cultural y en alma. En muchos más casos lo hacéis, pero este artículo es completamente imposible que aparezca publicado en un diario normal. Así!, dadle más vida a nuestra cultura!, mucha más, más presencia, más capacidad subversiva, más capacidad de crear debates éticos, pero así con los más vanguardistas y experimentales como Panero, con la cultura popular!!, queremos más, por favor.  
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    jonathan aliseda sutton
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    08/03/2014 - 9:16am
    Como decía hace varios días otro de los novísimos, a Leopoldo ya sólo le quedaba ser un mono de feria, y además él lo sabía. Qué espectáculo tan lamentable ese Bunbury y otros que se han ido dejando caer para sacar del manicomio a una estrella -así lo trataban- que debió apagarse hace ya tantos años. Los que hemos leído su obra con atención hemos visto la decadencia acentuada con el paso de la locura. Y eso que le ayudaban a ordenar la brillante diarrea de versos que iba dejando caer casi sin pensarlo. Sí lucidez, claro, mi cuñada también es esquizofrénica y no por ello deja de ser muy inteligente, pero tiene una grave enfermedad, muy grave al fin al cabo.  Y el sufrimiento... la idolatría no nos deja ver de frente la angustia de un hombre como tú y como yo, pero además encerrado en un manicomio. Qué injusticia haberle tenido apartado sabiendo que no mejoraría... Los que tras él seguimos escribiendo negamos que fuera el último y fuertemente le recordaremos a través de sus versos, porque "volveremos de las ciudades quemadas y seremos los fantasmas de nuestras propias palabras"
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    Teresa Cruz
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    07/03/2014 - 6:26pm
    Buenisimo,un poeta genial y el articulo me ha encantado.
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