Música electrónica
Skrillex: Rebobinar a la velocidad del rayo

Del 26 de febrero al 1 de marzo, el estadounidense Skrillex, un auténtico fenómeno de masas de la llamada Electronic Dance Music (EDM), ha actuado en cuatro salas de Barcelona de la mano del Festival Sónar.

03/03/14 · 8:00
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En junio de 2013, Sonny John Moore, conocido como Skri­llex, hizo su primer concierto en el Estado español. Fue dentro del conocido festival barcelonés Sónar. La actuación venía precedida de cierto alboroto y expectación. El joven californiano –entonces tenía 25 años– estaba en boca de todos: para unos, más bien jóvenes, Skrillex era una nueva estrella de la música popular; para otros, quizás mayores, era “el Osama Bin Laden del dubstep”, como lo nombró el periodista David Broc en un artículo en El País.

La actuación no dejó indiferente a nadie. “El inicio del concierto no pudo ser más espantoso: el Barcelona de Freddie Mercury y Montserrat Caballé sonando a todo trapo mientras proyectaba imágenes de la Sagrada Familia y la estatua de Colón, y Skrillex salía a escena con una camiseta del Barça encaramado a una especie de nave espacial descapotable. La versión DJ de cualquier grupo de rock megalómano estilo Muse. Pero cuando creías que iba a ofreceros un paseo con el Bus Turístic, dio un volantazo y, sin darte cuenta, ya estabas en la montaña rusa”, nos relata el periodista musical Nando Cruz, que acudió a su concierto atraído por su condición de fenómeno de masas y, sobre todo, por el desprecio que despertaba en la “prensa musical seria”.

El también periodista Luis Lles estuvo igualmente allí y lo define como “un show espectacular, atronador y por momentos divertido, pero quizá un tanto vacuo”. Vacuo, épico o grandilocuente son algunos de los adjetivos más usados para referirse a la música de Skrillex, encuadrada habitualmente en la llamada Electronic Dance Music (EDM), una suerte de cajón de sastre de estilos electrónicos dispares pasados por un tamiz radiable.

Para Cristina Checa, cantante del grupo Desert, “sus producciones, mezclas y másters son de lo más apretado y contundente, pero desde mi punto de vista es música muy efectista y vacía por dentro”. Debido a esta orientación efectista, un tanto mesiánica, Skrillex ha sido a veces comparado con figuras del house más comercial y espectacular, como David Guetta o Dj Tiesto, con quienes comparte sitio en la lista Forbes de DJ mejor pagados. Según opina el crítico musical Víctor Lenore, “Skrillex, como el EDM en general, me suenan a música electrónica para gente a la que no le gusta la electrónica”. Y añade: “La EDM, y muy especialmente él, me recuerda al nu metal, una moda que brilló mucho y duró poco. Creativamente ya suena previsible y agotado”.

Curiosa­men­te, la EDM y el nu metal no tienen pocos puntos en común. Los dos géneros aparecen en Estados Unidos, son eminentemente blancos y nacen dando una vuelta de tuerca (más melódica, más facilona, en definitiva, más comercial) a estilos contundentes que ya existían previamente. Además, con la EDM sucede una cosa que ya pasó con el nu metal: hay pocos periodistas especializados o músicos no adscritos a esos estilos que sean seguidores del género.

Rizando el rizo, es curioso que Skrillex empezara su carrera musical en From First to Last, un grupo de metal de estética emo no muy alejado de los postulados del nu metal. Para Luis Lles, la EDM es “un fenómeno comercial. En realidad, la EDM es la forma en que los estadounidenses lavan su mala conciencia por no haber prestado hasta ahora a la música electrónica la atención que merecía. Llegan tarde (aunque en realidad la música electrónica tal como ahora se conoce nació en Nueva York, Chicago y Detroit, pero en Es­tados Uni­dos siempre ha estado reducida a un gueto) y ahora pretenden haber inventado algo nuevo, que en realidad no lo es”. Al músico Ignacio Val­bue­na, alias Niño, le entristece el auge del fenómeno EDM: “Es maravilloso que exista música para todos los estados de ánimo y situaciones, pero me da un poco de pena que todos los fenómenos de los últimos años vayan encaminados a un sonido tan concreto: simple, inmediato y agresivo”.

Pero ¿qué ha hecho Skrillex para estar en la cima del éxito? Para empezar, ha conseguido modelar un sonido y una estética que, si bien no son nuevos, son altamente reconocibles y efectivos. Sus temas épicos y bastardos, a medio camino entre el dubstep, el house y el garrafón emo-melódico, le han llevado a remezclar a gente como Lady Gaga o La Roux y a colaborar con primeras espadas como el rapero A$AP Rocky o el jamaicano Damian Marley. Además, su música formó parte de la banda sonora de la exitosa última película de Harmony Korine, Spring Breakers.
Hay consenso en apuntar su facilidad para componer trallazos con gancho como ‘Make It Bun Dem'
“Skrillex es muy estadounidense, como muy bien supo ver Harmony Korine cuan­do usó un tema suyo como fondo sonoro a los primeros minutos de Spring Brea­kers. Muchas de las dudas que yo mismo tenía sobre Skrillex se me pasaron al ver esa magnífica escena, que sabe transmitir tan bien una de las cosas que más me interesan de la música popular: el hedonismo de un estrato social muy específico en un momento temporal también muy determinado”, nos cuenta el bloguero musical Iván Conte, cuya opinión sobre el músico californiano es más entusiasta que la de la mayoría de melómanos. “Me gustan su inmediatez, su frescura y su alergia a la sofisticación. También me hace gracia el modo casi cómico que tiene de usar los agudos, a veces su música parece una banda sonora de una serie de dibujos animados desquiciada. Lo que más rabia me da son algunos ramalazos de testosterona cuando tira de brostep”.

En todo caso, en lo que parece que hay consenso es en apuntar su facilidad para componer trallazos con gancho como Make It Bun Dem junto a Damian Marley, la pegadiza Banga­rang o la archiconocida Scary Monsters and Nice Sprites.

La pregunta que nos po­­dría­­mos hacer es ¿estamos condenados a no acabar de entender nuevos fenómenos de masas como la EDM? Quizás la música se mueva a tal velocidad que nos cueste captar qué está sucediendo, que nos cueste conectar con unas narrativas sonoras que responden a claves que ya no son las nuestras. Nando Cruz nos da una pista: “En­tendí mejor el éxito de Skri­llex observando la reacción del público, que era bombardeado sin respiro por estímulos sonoros incluso contradictorios: melodías épicas, caídas de tensión vertiginosas, quiebros ácidos, subidones, masajes jamaicanos... Una metralla abrumadora que te saciaba durante unos segundos y al poco te generaba hambre de algo totalmente distinto. Me pareció un espejo de cómo recibimos hoy la información y hasta de cómo consumimos el tiempo de ocio”.

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