¿Por qué no te maquillas tú la polla?

Un muestrario de tics cuñaos con el fondo de la masculinidad dominante en crisis.

, Madrid
09/02/14 · 14:43
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Rafa Nadal visitó el plató del popular presentador Pablo Motos. Lo que yo te diga, cuñao.

inforelacionada

Hay una escena de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Pedro Almodóvar, 1984) que refleja una de las esencias del conflicto de “lo cuñao”. En un cameo extrañísimo, Gonzalo Suárez (haciendo el papel de un guionista en crisis, es decir, de sí mismo) le dice a su mujer (Amparo Soler Leal) una frase mítica: “¿Por qué no te maquillas un poco, joder?”. Más mítica aún es la réplica de ella: “¿Por qué no te maquillas tú la polla?”. Estas dos líneas de diálogo contienen uno de los núcleos del cuñadismo: el eterno masculino demandando al eterno femenino un poquito de por favor, hostia ya. Y el eterno femenino, hasta el mismísimo coño, mandando al cuñadismo, en este caso intelectual, a la auténtica mierda. Justicia poética entre los dos polos del conflicto: el maquillaje y la polla.

Pero la clave, en realidad, está en el “un poco”. En ese un poco está la demanda básica del cuñao. Ese “poco” que, si ella quisiera, acercaría a su pareja a la normalidad que siempre anda buscando él en su mundo cuñao. Y es que el cuñao desespera con lo que se sale fuera del tiesto, con lo que no es NORMAL. El cuñao desespera con lo que se sale fuera del tiesto, con lo que no es NORMAL Él es la prueba de que las cosas siguen y pueden seguir siendo como dios manda. Yo soy una roca y conmigo, amigos, la nabocracia de momento está a salvo. En esa misma peli, el marido taxista de Carmen Maura encarna otro cuñao de manual y recibe también su merecido, esta vez en forma de golpe certero en la cocorota con la ya también mítica pata reseca del jamón. Así, al menos aquí, la clase obrera es capaz de liberarse de facto de su maldición cuñada particular mientras que Patricia (la burguesa esposa amargada de convivir con el guionista ídem) se habrá de seguir conformando con aguantar en la pelea del barro de las ideas.

Otra escena clásica de la filmografía cuñada: la pelea de Hank Schraeder y Walter White en el garaje del primero a la mitad de la quinta temporada de Breaking Bad. De hecho, todo el conflicto de Breaking Bad, serie cuñada por excelencia, podría resumirse (SPOILER) en: “de cómo un no cuñao puede llegar a convertirse en el más cuñao de los cuñaos hasta ser capaz de hacer desaparecer a su propio cuñao”. Cuñao, chicos, sólo puede quedar uno.

Pero más allá de la figura arquetípica y más reconocible del cuñao, el cuñadismo campa por todos los barrios. Se nos mete por las rendijas, convirtiéndose en un ADN mucho más pegado a nuestras dinámicas de género de lo que creemos. Es la resistencia de la masculinidad en crisis que se revuelve. La bacteria de lo normativo que se hace fuerte a base de mutar. Lo cuñao nos atraviesa, a todos y a todas, como una pasión cuñada, a veces triste, a veces alegre, que por eso mismo se resiste a desaparecer. El cuñadismo es el traje de Emidio Tucci del emperador de la nabocracia. Y hay que hacérselo mirar.

Porque Walter White será cuñao, pero más cuñao resulta Bryan Cranston metiéndose a productor ejecutivo hasta hacer de su personaje el villano más repelente de la historia y conseguir que queramos que lo pillen ya de una vez, por cansino. Iker Casillas anunciando champú mientras se le ve el cartón es cuñao. Pepe Colubi comentando los pezones de Anne Hathaway en la gala de los Oscars es cuñao. Miguel Ángel Aguilar pasado de gin tónics en Hora 25 también es cuñao. Ángels Barceló conteniendo a su vez a Miguel Ángel Aguilar y avisando de que mañana TAMPOCO habrá programa porque hay Eurocopa refleja la horma del zapato cuñao. Tu tío Manolo haciendo bromas misóginas y homófobas delante de su hija y tu primo gay mientras trincha el capón es el factótum cuñao, y encima es salao, el cabrón. Los intelectuales del procomún haciendo lobby son de un cuñao refinao. Las presentaciones del difunto Steve Jobs como escenografía cuñá llevadas al zen. Los indies autodenominándose en tuiter “über cuñaos” en un giro de cuñadismo irónico son súper META cuñaos. Las mangas de camisa a lo Obama de Pablo Iglesias son very YES, WE CAN cuñás. Arf. El cuñadismo: kernel de la masculinidad cotidiana cuya única muestra de emoción pública permitida son, a lo sumo, las lágrimas de CR7 recogiendo el Balón de Oro. Yo, mientras, bostezo, me aburro y me quiero ir a casa con tanta nabocracia por todas partes. Pero puede, casi seguro, que de camino, me encuentre a un par de susodichos pesados que me recuerden eso de: “Tú lo que tienes que hacer es arreglarte UN POCO y salir”. ¿Sí? Pues maquíllate tú la polla. Ya si eso.
 

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