CINE
Sexo como excusa

En diciembre se estrenó la primera mitad de la película Nymphomaniac, de Lars Von Trier, una historia sobre el sexo y el amor.

23/01/14 · 8:00
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El año ya dejado atrás ha sido un año sexualizado en muchos ámbitos: estrellas de la música se han desnudado o han dejado poco a la imaginación en aras de vender más a través del escándalo, otras han intentado maquillarlo como una especie de arte, rodeándose de artistas como la abuela de la performance. También ha sido el año en que el grupo feminista Femen se ha dado a conocer mostrando su torso desnudo en todas sus apariciones.

En el campo del cine abrió la veda la triunfadora rotunda del Festival de Cannes, La vie d’Adèle, con sus doce minutos de sexo lésbico explícito. Con ella llegó también la controversia aparte debido a las riñas entre las actrices protagonistas y el director, supuestamente por las largas horas de filmación y el autoritarismo de éste.

En medio de esta tendencia, a lo largo de 2013 se difundieron pequeñas dosis a base de tráilers de la nueva película del no menos polémico Lars Von Trier, que prometía serlo una vez más. Después de un año y de tanta expectación levantada, la primera parte del film se estrenó el 25 de diciembre con las escenas de sexo más explícitas cortadas y con la promesa de un estreno sin censura en la Berlinale que se celebrará en febrero.

Y, a sabiendas de las expectativas puestas, empieza Nymphomaniac. Parte I con la pantalla en negro durante unos largos segundos, para frenar al espectador y calmarle. De pronto, todo está en suspensión y el sosiego acaba cuando Rammstein da la bienvenida a la película. A partir de ese momento vemos a la protagonista de la historia herida y tumbada en un callejón del que será sacada por un hombre algo mayor que le dará cobijo mientras ella le explica su historia.

La película, de cuatro horas y cortada en dos partes, es la tercera parte de la “Trilogía de la depresión” compuesta también por Anticristo (2009) y Melancholia (2011). En esta ocasión se nos presenta la vida de Joe, explicada por ella misma a partir de su voz en off con flashbacks y una serie de reflexiones compartidas con el hombre que la ha salvado. Entre las singularidades que comienzan a desbrozarse a lo largo del rompecabezas del que se compone la película, aparece la comparación de la vida de Joe como ninfómana con la pesca.

Aunque a menudo la historia divague y entre en terrenos inhóspitos, las imágenes son magnéticas y la historia de esta mujer despierta empatía. Porque si en Anticristo el danés hablaba del mundo interior de la mujer a partir de la naturaleza y en Melancholia de la tristeza a través de una película apocalíptica, aquí se sirve del sexo como excusa para hablar del amor, sin aparentemente hablar de él; es más, rebelándose en su contra.

Además, la película retiene además por medio de algunas de las obsesiones recurrentes de Von Trier; entre ellas la obra de Edgar Allan Poe, la música polifónica de Bach y la secuencia Fibonacci de números naturales. El director consigue hilarlo todo en un final en el que los capítulos encajan como las piezas de un puzle que han ido cogiendo sentido a medida que éste se construía.

Una vez presenciado el punto y aparte, se instala la incertidumbre sobre si en la segunda parte se esclarecerá si la protagonista es una heroína, es decir, si la película de Von Trier sostiene un discurso de empoderamiento de las mujeres, o si por el contrario acaba siendo un cuento moral, o peor aún, con moraleja, como la protagonista de la película insinúa en su intento de redención. Aún está por ver qué deparará la segunda parte, que se estrena el 24 de enero. Su resolución permitirá saber si esta sexualización repentina ha llegado también al cine para quedarse o es una moda pasajera, algo así como un 3D pasado de vueltas. //

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