Filosofía para las masas

'Los Simpson y la filosofía' ha sido una incursión en la política profunda de esta familia.

30/12/13 · 8:00
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“En la serie colaboran muchos autores de talento; la mitad son empollones graduados en Harvard. Y si estudias la semiótica de A través del espejo o ves todos los episodios de Star Trek tienes que sacarle algún provecho, así que introduces muchas referencias de lo que has estudiado en cualquier cosa que hagas después en la vida”.
Matt Groening

No nos engañemos. Si a estas alturas de la función no admitimos que todo producto cultural tiene un sustrato ideológico, es que la posmodernidad ha hecho más daño del que creíamos. Ensayos como Los Simpson y la filosofía (Blackie Books, 2009) nacen con la voluntad de trasladar al gran público herramientas de pensamiento. Porque ver más allá de aquello que consumimos no siempre es fácil. Poner de acuerdo a cierta gente para que escriba críticamente sobre ello, sin embargo, parece haberse puesto de moda. La sofisticación que menciona Matt Groening en la cita introductoria no sólo responde a ese momento, tanta veces recordado, en que la ficción animada amplió su público objetivo: Dibujos para “adultos inteligentes” –tal y como precisaría uno de sus principales guionistas, David Mirkin–, algo que el propio Homer Simpson se encargará de metadiscutir al afirmar que “las series de televisión no tienen significado profundo; son solo unos dibujos estúpidos para pasar el rato”. Groening también apela al contexto, al día a día, desde una perspectiva satírica, sarcástica e hiriente; combinando referencias culturales de muy distintos ámbitos para abrir en canal la cotidianeidad.

La cultura como metáfora

Así pues, qué hay más interesante que escoger un producto como síntoma de nuestro tiempo y ponerlo a trabajar. “No es nuestra intención revelar un significado explícito que Matt Groening y la legión de guionistas y artistas responsables de Los Simpson han querido comunicar. En lugar de eso, nos hemos propuesto arrojar luz sobre el significado filosófico que esta serie de animación cobra desde nuestro punto de vista”. Se trata de la Academia aterrizando de lleno en la cultura popular con pretensiones de convertirla en tesis doctoral; para extraer de ella el discurso, pero también para hacer llegar otros discursos a través de ella. William Irwin, Mark T. Conard y Aeon J. Skoble, coordinadores de Los Simpson y la filosofía, contaron en su momento (2001) con veinte filósofos contemporáneos para hablar de la esencia de los personajes, de los temas simpsonianos, de la ética según esta familia nuclear y de los distintos filósofos que se habrían alegrado de tener a la arquetípica familia de Springfield entre sus metáforas filosóficas preferidas.

Dice Paul A. Cantor en su ensayo La política atomista y la familia nuclear que lo que más le interesa de Los Simpson es su “política profunda”, es decir, “lo que la serie fundamentalmente sugiere sobre la vida política de Estados Unidos, que se aborda desde la familia, hecho en sí mismo constituyente de una declaración política”. Es por ello que esta serie de televisión funciona como artefacto cultural, así como vehículo ideológico; en este caso, de la familia heteropatriarcal y sus desvíos respecto al sistema. No debemos olvidar que las 25 temporadas de esta serie de televisión han sido responsabilidad de Fox Broadcasting Company, cadena de televisión especialmente conocida por su conservadurismo. ¿Dato determinante? Autorreflexiva y posmoderna, Los Simpson “se concentra en la representación televisiva convencional de la familia estadounidense”, matiza Cantor. Una paradoja interesante, la del programa no tradicional ligado también a esa tradición televisiva que la hermana con otras familias, como los Picapiedra o los Supersónicos. Y que abre las puertas de la astracanada, con el consiguiente vaciado de significado, como le ocurrirá más adelante a series como Padre de familia o American Dad. Con la perspectiva que da el tiempo, ahora parece lógico que, en paralelo a Los Simpson, y en los albores del cambio de siglo, Matt Groening se decidiera por la ciencia ficción como plan B. Hasta el 4 de septiembre de este 2013, el presente también residía en Futurama (1999-2013).

Sucedió en Springfield

La fuerza del destino

Elena Cabrera

En el colegio de Bart y Lisa Simpson se realizan unos test para orientar las profesiones de los niños. Contra todo pronóstico, o quizá porque los corrige un ordenador, la ocupación ajustada a las aptitudes de Lisa es la de ama de casa y, la de Bart, policía. Para conocer cómo son los empleos que el futuro les tiene destinados, han de pasar un día cerca de alguien que los ejerza y Lisa acompaña a Marge a la compra. Desmotivada, la que fuera hija perfecta se entrega a los brazos de la delincuencia escolar. Claro que sí, Lisa Simp­son, tú también tienes un lado oscuro y asoma ante la posibilidad de que te roben el futuro y seas ¡como tu madre! Algo que también aterrorizará a Lisa en la temporada 23 cuando descubre en "Esta no es tu vida" que Marge sacaba excelentes notas pero su expediente se echó a perder cuando conoció a Homer. Los miedos atávicos de la mujer del siglo XX encarnados en una niña en la que nos vemos reflejadas no sin amargura.

La obesidad os hará libres

Diego Salgado

Pese a que lo referencial está en su naturaleza, los mejores episodios de Los Simpson son los que concretan además una comedia brillante en sí misma, 24 minutos de gags originales y cohesivos. Como en esta entrega: Homer apuesta por la obesidad mórbida para eludir el trabajo presencial en la central nuclear, y ello deriva en carcajadas de principio a fin y en equilibrios admirables del guionista Dan Greaney sobre el filo de la corrección política. En opinión de muchos fans y publicaciones, un culmen de la serie.
En otra ocasión (“Homer-fobia”), para contrarrestar la nefasta influencia que, según él, ejerce en su hijo un vendedor de antigüedades gay, Homer embarca a Bart en actividades a cual más estrafalaria. Crítica virulenta de todos los lugares comunes que cimentan lo masculino y la homofobia, este episodio estuvo a punto de ser censurado por Fox pero, a la postre, le procuró un Emmy a su guionista, Ron Hauge.
 

Marge,  Homer y los cuidados

Guillermo Zapata

No es la primera vez (ni será es la última) en la que Marge Simpson se abandone al consumo compulsivo o exprese las tensiones del trabajo de ama de casa, limpieza y cuidados con algún tipo de explosión de ira, depresión o actividad delictiva. En este caso, Marge se aficiona a las máquinas tragaperras y va abandonando las tareas de su hogar de Evergreen Terrace. Es Homer el encargado de “cuidar de la casa” y tarda unos cincos segundos en perder el control por completo.

En el paso de la civilización a la barbarie más rápido de la televisión, Marge Simpson vuelve a casa tras su noche de máquinas y es recibida con un disparo de escopeta, por sus hijos semidesnudos agazapados tras un sofá y Homer lloriqueando. Si Los Simpson termina recomponiendo como necesario el reparto de roles de la familia heteropatriarcal y la división sexual del trabajo es sólo para poder volver a dinamitarlos unos capítulos más tarde.

Vuelve Lenin y la doble moral

Elisa G. McCausland

“Es mi primer día”, repite Homer a lo largo de "La marea Simpson", episodio-parodia de la película Marea Roja (Tony Scott, 1995) que, además de aprovechar para criticar el sinsentido de la política exterior estadounidense y la resurrección de la retórica de bloques, aprovecha la coyuntura para resucitar a Lenin, un momento zombie del que beberá la hermana pequeña y sci-fi de Los Simpson, la incomprendida por el gran público, Futurama.

En otra parodia/homenaje, en esta ocasión del musical The Best Little Whorehouse in Texas, Bart confunde la Maison Derrière (‘La Casa de Atrás’) con el hogar de una bruja. En su lugar, se encuentra a otra habitante de los márgenes: Belle, la dueña de una sala de burlesque donde comienza a trabajar. Para Marge, la existencia de este negocio es una amenaza clara para la institución monopolística del matrimonio, por mucho que incidía en la protección de los infantes como excusa para destruir este sucedáneo de casa de citas en el que, terminará trabajando como ventrílocua.

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