CINE FANTÁSTICO
Larga vida a los muertos vivientes

Una película y varios libros retoman la figura del zombi, el monstruo hegemónico de los últimos tiempos, en constante proceso de revisión.

28/12/13 · 8:00
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Shock Waves (1977), dirigida por Ken Wiederhorn

En 2010, Manuel Carballo sorprendió con La posesión de Emma Evans, una historia de posesiones diabólicas orientada a lo familiar y lo cotidiano. El director parece decidido a insistir en sus intentos de integrar cine de género y factor humano, esta vez situando su Retornados en un futuro en el que la humanidad ha superado una gran plaga infecciosa. En la narración, multitud de infectados por una rabia virulenta han sido reintegrados en la sociedad mediante tratamientos farmacológicos crónicos. No es la primera película de género que imagina respuestas institucionales a enfermedades fantásticas. Valgan como ejemplo Estoy vivo III, una exploitation de Larry Cohen rodada en pleno pánico al sida, o La resurreción de los muertos, que planteaba un escenario de acogida a zombis-dependientes. Con todo, Carba­llo se aleja de estas referencias posibles con un enfoque híbrido de thriller y drama indie. Tam­bién se distancia a nivel argumental de la sombra de George Romero (La noche de los muertos vivientes), al prescindir de los entornos apocalípticos que suele diseñar el patriarca del zombi.

Retornados está protagonizada por una médico que convive apaciblemente con un profesor de música retornado... hasta que la sustancia que controla la infección se agota. Con ello comienzan los confinamientos, y la lucha de los protagonistas por el control de su vida. Quizá lo más interesante de la obra es que plantea este escenario sin histrionismos, sin ejecuciones masivas por parte de instituciones opacas, y eso nos hace recordar que la ciudadanía puede llegar a asumir sin conflictividad grandes exclusiones sociales. Car­ballo parece oscilar entre la desconfianza hacia el otro y pequeñas afirmaciones de la naturaleza social del ser humano. Una subtrama de traición de lealtades convive con escenas de solidaridad y ataques a la priorización de lo económico en la esfera sanitaria. Porque en Retor­nados no sólo hay ultras que impulsan razias anti-retornados, sino también antisistema con corbata que prefieren asesinar en masa a incrementar el gasto público.

El film proyecta un apreciable gusto por la descripción de personajes, aunque sus responsables apuntalen el esqueleto dramático con varios refuerzos: cuentas atrás, grupos terroristas, traiciones entre amigos.... Puede dejar la sensación de ser una propuesta indecisa en lugar de integradora, y su desenlace no hace más que incrementar ese riesgo. Lo que podría haber sido un final pudoroso en clave íntima, es sucedido por un giro cruel... y por un segundo giro que abre la puerta a una secuela imposible.

Controversia con Romero

El subgénero zombi tiende al comentario social en buena medida gracias a la labor iniciática de George Romero. El cineasta trasladó esta figura de las ficciones coloniales a la modernidad autóctona estadounidense, y ha rodado influyentes películas con un fuerte componente discursivo. Luis Pérez Ochando se ha propuesto reivindicar su autoralidad con la monografía George Romero. Cuando no quede sitio en el infierno (Akal, 2013). Y lo hace con un texto que recorre toda la cinematografía del realizador, explorando imágenes y situaciones en un texto asociativo, temático, que renuncia a la organización cronológica habitual en la crítica cinematográfica divulgativa.

Pérez Ochando prioriza el análisis de la visión del mundo del director, buscando constantes en una obra que bebe del ­desencanto de Vietnam y de la reacción conservadora a la cultura hippie. Asimismo, dedica páginas a una especie de naturalismo de la ruina que enfatiza las asfixias de unos protagonistas proclives a autorecluirse. Y por supuesto, explora ese “nosotros somos los muertos” que recorre las narraciones terroríficas de Romero. Aunque los monstruos que en Zombi sirven para la sátira, en La tierra de los muertos vivientes encarnan una denuncia. Siempre, eso sí, se proyecta desconfianza en las instituciones, en la masculinidad hegemónica, en una civilización humana que esconde barbarie, en una sociedad que no consigue resistir una catástrofe y se derrumba. Esta fragilidad parece sugerir que el muro del sistema, en definitiva, está agrietado.

El libro de Pérez Ochando manifiesta un gran deseo de dimensionar la importancia del cine estadounidense. Algunos podrían pensar que el empeño es innecesario, al considerársele el referente principal del subgenero. Pero Romero tiene detractores como David Flint, de quien se reedita Holocausto zombi con un título que puede generar confusión. Rebautizado como El libro de los muertos vivientes (Robin Book), este volumen ataca en diversas ocasiones la vertiente programática de Zombi, o relaciona El diario de los muertos con “los despotriques de un anciano”. Además, Flint critica el empeño del realizador en mantener su independencia de los grandes estudios, considerando que estos sólo hubiesen limitado las imágenes de violencia gráfica presentes en sus películas. El libro de los muertos vivientes es, en buena medida, lo opuesto a la obra de Pérez Ochando. Este último propone una reflexión documentada, construida desde el visionado de los filmes, desde la comunicación con el cineasta y también desde la lectura atenta de la bibliografía disponible sobre éste. Su prosa es exigente e insinúa ambiciones estilísticas.

Flint, en cambio, es un comentarista pop sin complicaciones, mordaz y aseverativo. Sus valoraciones extremadamente subjetivas deben tomarse con reservas: enjuicia sumarísimamente y con un humor resabiado tanto clásicos como serie Z. Sea como sea, su bloc de notas sobre cine zombi, con comentarios sobre decenas y decenas de títulos, puede resultar entretenido. Y tiene algo de entrañable cuando desentierra piezas no demasiado conocidas (desde ficciones del Hollywood antinazi a Dead of night y Shock Waves). Y consigue ilustrar su tesis: el muerto viviente se ha convertido en el monstruo hegemónico de los últimos tiempos, partiendo de la gran pantalla y ramificándose multidisciplinarmente... hasta llegar a la calle mediante las peculiares marchas zombi.

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