DEPORTES
La última curva de Epsom

Emily Wilding Davison falleció en 1913 al saltar a la pista del hipódromo de Epsom para reivindicar el voto femenino.

27/12/13 · 8:00
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Accidente de Emily Wilding Davison

“La historia, escribió no recuerdo quién, es la ciencia de las cosas que suceden una sola vez. Cada momento histórico es tan complejo que no puede repetirse”, escribe en su blog Antonio Muñoz Molina.

En el año que ahora termina se ha conmemorado el centenario de un suceso dramático –e irrepetible– en virtud del cual la reivindicación del voto para las mujeres se convirtió en protagonista del principal encuentro deportivo del Reino Unido. Un hecho que en la actualidad adquiere el rango de dato histórico.

Ocurrió el 4 de junio de 1913. Ese día, en el hipódromo de Epsom, se celebraba el Derby: la carrera de caballos que desde 1779 congregaba a la sociedad británica en un encuentro social al aire libre. Entre los asistentes al evento en aquella jornada figuraban: el rey Jorge V, el jinete Herbert Jones –que montaba a Anmer, el caballo del rey– y la maestra y sufragista Emily Wilding Davison.

Un pequeño atasco de coches a motor y coches de caballos anunciaba la llegada al hipódromo. En el interior del recinto, chisteras, pamelas, bombines, canotiers y gorras caladas se movían alrededor de la pista como figurantes de una merienda campestre. Por un momento parecían difuminarse las clases sociales. El campo parcelado del hipódromo se asemejaba a un espacio en tregua.

La llegada de la comitiva real fue captada por las cámaras de cine de Pathé. Las mismas cámaras registraron a continuación el paso lento de los caballos hasta la línea de salida. Puede incluso que uno de los planos generales capturara la presencia de Davison, que había sido detenida y encarcelada en varias ocasiones por reivindicar el derecho a voto de las mujeres.

La tregua continuaba. Los espectadores se apostaban tras el vallado. Los caballos giraban sobre sí mismos a la espera de iniciar la galopada.

No hubo ningún contratiempo en la salida. Herbert Jones tenía la oportunidad de reivindicarse ante Su Majestad. Suyo era el privilegio de montar a Anmer, el caballo sobre el cual tenía puesta la mirada el rey y, contra todo pronóstico, sobre el que también centraba su atención Davison, afiliada al Gremio Político y Social de las Mujeres (UPSM) desde 1906.

Al paso de la carrera, los espectadores iban invadiendo la pista para contemplar la evolución de los caballos. Así que pudieron apreciar cómo el equino real se quedaba atrás sin remedio. Al llegar a Tattenham Corner, la última curva antes de la recta de meta, el jinete Jones supo que aquel día no se reivindicaría ante el rey ni ante nadie. Lo supo un instante antes de saltar por los aires.

Tattenham Corner fue el lugar elegido por Davison para saltar a la pista. Las imágenes del momento muestran cómo su figura emerge de pronto entre la polvareda dejada por los caballos del grupo de cabeza. Se mueve con una lentitud que contrasta con la violencia de la carrera… pero el caballo Anmer no varía su rumbo y la arrolla. En las últimas imágenes se aprecian los cuerpos de la maestra y el jinete tendidos sobre la hierba. Los aficionados corren a socorrerlos. El caballo, aturdido, se aleja al trote hacia la meta.

“Temible sufragista”

La hipótesis más extendida dice que en su mano Davison llevaba una bandera con un lema sufragista y que su intención era colocarla en la brida del caballo real. Pero esta y todas las hipótesis forman parte de la historia escrita a posteriori. En el presente de 1913, la noticia publicada por el diario Abc ofrecía el siguiente perfil de la protagonista del suceso: “Los diarios de esta capital [Londres] publican pormenores de la vida de la sufragista que ayer promovió tan grave incidente en el Hipódromo de Epsom. Tiene 35 años de edad, y desde 1906 hace de la política feminista su único ideal. Ella fue la que dirigió el movimiento sufragista hacia la acción violenta; ella la que entró por tres veces en la Cámara de los Comunes. La última vez se quedó escondida entre los aparatos de calefacción y poco le faltó para perecer abrasada. Además, tiene la manía de los incendios y ella ha sido la que prendió varias veces fuego en la oficina central de Correos y Telégrafos. (…) Esta temible sufragista ha sido detenida nueve veces; pero siempre ha tenido que ser puesta en libertad, porque acude cuando está en prisión al procedimiento de la huelga de hambre” (Abc, 6 de junio de 1913, pág. 14).

El jinete Jones sufrió una leve conmoción cerebral. Emily Wilding Davison falleció cuatro días después del “incidente”. En su lápida puede leerse una leyenda: “Hechos, no palabras”.

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