Cine
Orensanz no es el protagonista

La primera obra de la directora Rocío Mesa se estrena en el Festival Europeo de Cine de Sevilla.

09/12/13 · 10:52
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Larués, pedanía dependiente del Ayuntamiento de Bailo, en Huesca, Aragón. Tiene una población de 81 habitantes. Lower East Side, uno de los barrios más antiguos de Nueva York, ciudad que cuenta con más de ocho millones de habitantes.

Orensanz es el título de la ópera prima de Rocío Mesa y, a su vez, el hilo conductor de una historia de contrastes entre el pueblo y la metrópolis, lo sencillo y lo extravagante, la rutina y el ajetreo, la cercanía y la ausencia. Parece que este documental trata de la vida del escultor Ángel Orensanz. Un retrato de sus orígenes, de su éxito, de su arte, de su reconocimiento y de su (no) relación con los habitantes de su pueblo. Ángel Orensanz, el escultor que expone en Tokio, en Londres, en Moscú; el artista al que se le dedica un homenaje en la Bienal de Arte Contemporáneo de Florencia; el fundador de la Fundación Ángel Orensanz en la cuarta sinagoga más antigua de EE UU... no es el protagonista de este documental, pese a que lleve su nombre. Lo siento, Ángel Orensanz, pero es usted la excusa para que se hable sobre lo que de verdad importa: la vida.

Lo siento, Ángel Orensanz, pero es usted la excusa para que se hable sobre lo que de verdad importa: la vidaPorque no hay nada más acertado en la pequeña gran obra de Rocío Mesa que ser un reflejo sincero y espontáneo de la vida. La del personal de la Fundación Orensanz, que trabaja para un genio al que no conocen y que les ignora. La de una dominicana que cose para el escultor y que se ríe contando cómo Ángel la llama artista y se inspira en sus creaciones. La vida de un hermano en la sombra, que se (pre-) ocupa de todo y posibilita la continuidad y el orden en la obra de Ángel. Pero, sobre todo, es la vida del pastor de Larués que te habla de las ovejas negras, como si hablara de Ángel Orensanz, sin saber tal vez qué significa la palabra metáfora. Y la vida de quien labra la tierra y es feliz porque conoce los surcos y los frutos, y sabe que eso es lo suyo. Ésa es la grandeza de la película: que lo que nos cuenta es auténtico, es real, es cercano y, por ende, todo fluye. Casi lo más molesto es cuando tenemos que volver a los artificios de la metrópoli y lo impostado que puede tener el arte contemporáneo y lo estrambótico de la búsqueda de la belleza abstracta.

Quizá lo que se le puede echar en cara a Orensanz es que a
veces no sepa lo que es, porque es reflexiva pero no es sesuda, es divertida pero no es cómica, es emotiva pero no es dramática, se busca a sí misma y se encuentra y se desencuentra. Pero siempre es sincera consigo misma en su búsqueda de lo extraordinario en lo cotidiano.

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