De la ciudad que nunca duerme a la casa de tus padres

'Encontrados en NYC' es una de las películas destacadas del Festival de Cine Europeo.

11/12/13 · 8:00
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“Se supone que era así como teníamos que estar con 30 años, ¿no?”. La película de Dani Zarandieta arranca con la pregunta que se hace diariamente una generación perdida que se debate entre sus expectativas y la realidad que vive, entre su preparación y la falta de opciones de ponerla en práctica.

Rai, Milio y Selu emprenden un viaje kamikaze a Nueva York, protagonizado por las preguntas “quién eres” y “a dónde perteneces”. Las respuestas no están en su Sevilla natal; en un contexto en el que la identidad ha sido principalmente laboral a lo largo de las últimas décadas, quienes se encuentran al borde de la treintena, sin trabajo ni opción de encontrarlo, no pueden acceder a la vida adulta ni a sus categorías, aunque la genérica “jóvenes” empiece a flaquear. Y entonces, ¿quiénes son? ¿Qué son? Obsesionados con Spiderman, sobreprotectores con las hermanas pequeñas que se han forjado el camino fuera de España a base de becas o refugiados en el cinismo, resultan infantiloides. Pero, ¿cómo crecer en un mundo donde la ciudadanía plena sólo se obtiene a través de las cotizaciones que gran parte de los que ahora rondan la treintena no han conseguido acumular?

Condenados a la minoría de edad, los personajes de Encontrados en NYC parten de un dilema que nos resulta familiar: vivir con los padres o en el extranjero, precariedad o exilio. “Ayer éste me miró la bandeja de salida del correo: 1.109 currículums, y ni para recoger los pelos en la peluquería”. El número real de currículums que Dani Zarandieta llegó a enviar antes de decidir irse a estudiar a la New York Film Academy. Una generación que está harta de “buscarse la vida” porque, entre fraudulentos contratos en prácticas y falsos autónomos, no hay opciones de encontrarla.

Encontrados en NYC es, sin embargo, una comedia. Hay que ser muy valiente o muy inconsciente para reírse de una situación como ésta. Afortuna­damente, Daniel Zarandieta es las dos cosas a la vez. Romántico nato y optimista militante, su posición de partida siempre es la de lanzarse a la piscina. Su entusiasmo contagioso se aleja del de los gurús de la autoayuda, tan en boga gracias a estos gobiernos que prefieren negar la realidad que solucionar los problemas. Dani no cree que éste sea el escenario ideal para hacer las cosas; pero las hace.

Y ahí entra “la jefa”, como él la llama. Su incansable productora, Carmen Simón Rubio que, como él y como una gran parte del equipo de esta pequeña producción, sabe lo que es hacer las maletas para irse a una ciudad donde la dejarán trabajar. A ellos, capaces de levantar una producción a caballo entre Sevilla y Nueva York “con mucha más ilusión que dinero… bueno, con ilusión”, como decía Dani en la presentación de la película. Dani y Carmen son esos jóvenes que demandan el gobierno y las organizaciones empresariales: formados, inquietos, emprendedores. Han sido capaces de hacer su película con una fe casi ciega en su proyecto. Pero para llegar hasta aquí, Carmen ha hecho malabares con su trabajo en una pequeña productora en Nueva York y Dani está de vuelta en casa de sus padres.

Hablar, en este contexto, de “buscarse a sí mismo” parece obviar lo más básico, la necesidad de subsistir Hablar, en este contexto, de “buscarse a sí mismo” parece obviar lo más básico, la necesidad de subsistir. Algo muy llamativo viniendo de un equipo que sabe de sobra lo complicado que es sobrevivir, y más aún en Nueva York. Saben que no es fácil: ni encontrarse, ni vivir con dignidad de esa vocación que responde al “quién soy”. Pero creen en lo que hacen y, de momento, ya han presentado su ópera prima. Y durante dos horas, las personas que llenábamos la sala del Teatro Alameda, con todas las butacas vendidas, nos reímos y creímos que era posible, y sentimos fuerzas y recuperamos la ilusión.

De vez en cuando hacen falta historias que acaben bien, que nos despierten de la desesperanza de la realidad cotidianaEncontrados en NYC es una comedia, pero, como proyecto aún está por definir. Rodar sin dinero implica que para cobrar la película tiene que distribuirse: la siguiente barrera que encuentran los “jóvenes creadores” que emprenden sin medios. Los treintañeros, además de encontrarse a sí mismos y emprender, tienen que subsistir. Incluso Dani, con su perenne sonrisa y su arrebatadora vocación, lo recuerda en cada coloquio, en cada entrevista: “Esto es un trabajo”. Que consiguieran la justa remuneración por su esfuerzo: eso sí que sería un final feliz.

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