Juan de Dios Larraín
Productor de la película 'No' (2012)
"Cuando el público discute, recuerda y se emociona, la película empieza a pertenecerle a ellos"

Larraín es el productor de No, una película sobre el fin de la dictadura de Pinochet en Chile.

Texto de Brenda Cruz.

, Donostia
07/11/13 · 16:27

En la edición de 2012 del Zinemaldia de Donostia se presentó la película No, dirigida por Pablo Larraín y producida por su hermano Juan de Dios Larraín. La cinta narra desde un punto de vista particular la campaña que puso fin a la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. Esta película abre la XIV edición del ciclo de cine-foro 'La otra actualidad', organizado por Economistas sin Fronteras, en colaboración con Attac, Plataforma 2015 y más y Ecologistas en Acción.

Durante el proceso de documentación, ¿estuvieron en contacto con la gente que realizó la campaña del 'No'?

Sí claro, no solo tuvimos contacto simplemente en el proceso de investigación, sino que ellos participaron en la película también. Hay varios cameos que hicieron los publicistas de la campaña del No pero que en esta película están en la campaña del Sí. Ellos hicieron un juego 24 años después de que ocurrieran los hechos.

¿Cómo fue la campaña?

La campaña del No fue una campaña muy colectiva, había muchísima gente. Desde el punto de vista creativo hubo dos personas muy importantes, José Manuel Salcedo y Eugenio García. Y desde el punto de vista de la realización hubo también varios muy importantes, pero yo diría que Ignacio Agüero, el documentalista chileno, fue el que más piezas hizo y éstas fueron las piezas más importantes. La historia está basada en hechos reales pero es una interpretación libre de lo que pasó. En el grupo que trabajaba para el No había como unas cincuenta personas, y en la película solo vemos diez, por lo tanto lo que nosotros hicimos fue tomar personajes que representaran a varios. El personaje de Gael García Bernal son en realidad dos personas, y el resultado fue éste.

En la película hay cameos de varios personajes de la época. ¿Cuáles son y a qué se debe?

Sí, hay otros cameos de políticos. Por ejemplo está Patricio Aylwin, que es el expresidente de Chile. Él no solo quiso prestarse para el cameo, sino que además la película termina con el discurso de Aylwin, cuando Pinochet entrega la banda presidencial y hay un traspaso de poder.
Está además Florcita Motuda, que es un cantante que en la época fue realmente relevante para la campaña y participó como actor en la película. Está también Eugenio Tironi, que es un sociólogo que tuvo mucha importancia en la campaña del No y ahora hace ese mismo rol representándose a sí mismo. Digamos que fue un momento clave en la historia chilena, donde se convocó a muchos artistas a que cantaran todos juntos el himno “Chile, la alegría ya viene”, y en esta película ha habido como unos treinta o cuarenta personajes de la época que han querido revivir el momento.

El tratamiento de la imagen es muy especial. ¿Cuál es la razón?

Teníamos que tomar la decisión de cual era la imagen que le venía mejor para darle realismo a la historia. Hicimos pruebas con muchos formatos, pero el material que encontramos de la época estaba hecho en cámaras tres cuartos, cámaras de los 80. Por lo tanto se trataba de hacer una película en la que el material real se confundiera y se fusionara con el ficticio, que el espectador no pudiera advertir cuál es nuestro material y cuál es el material antiguo, era nuestro desafío. Yo creo que lo logramos. El primer corte de la película que dura cinco horas y media es cuando grabamos la protesta. En realidad son tres protestas además de la nuestra, y hubo un momento en el que yo me pregunté si uno de los planos era nuestro o no. En realidad no lo era, pero cuando me lo pregunté supe que habíamos logrado nuestro objetivo.Lo que buscábamos era hacer un viaje de época, darle verdad a la película. Fue muy arriesgado porque eran cámaras muy frágiles, son cámaras de tubo y era muy fácil quemarlos. Disponíamos de tres cámaras, una de ellas se estropeó y entonces nos entró el miedo de no poder grabar como nosotros queríamos. También teníamos el miedo de cómo iba a responder el público, no sabíamos si iba a alarmarse o si iba a conectar. Al principio la gente se extraña un poco, pero ya luego conecta y viaja.

¿Crees que la campaña del No devolvió la esperanza a los chilenos tras catorce años de dictadura?

Lo que devolvió la esperanza fue el hecho mismo de haber recuperado la democracia. El himno de “Chile, la alegría la viene” significa que en Chile se acaba la dictadura y a partir de ahora existirá otro grado de libertad. Han pasado casi veinticinco años y creo que fue un momento clave en la historia chilena, aunque no sé si eso está asociado a que la alegría siga hoy en día. Tampoco creo que sea justo atribuir a estos publicistas la responsabilidad de encargarse de la felicidad de los chilenos para siempre. Pero en el momento se hizo la campaña y se logró, y esa esperanza sí volvió.

¿La clave para superar el miedo fue afrontar la campaña con alegría?

La alegría es perfecta porque para cada persona es algo distinto, y con ese “Chile, ya alegría ya viene” se juntan todas las alegrías de todas las personas. En un principio se intentó afrontar la campaña con imágenes que devolvían al pasado, a ese presidente Pinochet que había causado tantos fusilados y desaparecidos. Pero los publicistas se dieron cuenta de que no podían dibujar un futuro basándose en el pasado y la idea de alegría fue perfecta para la ocasión.

¿Fue difícil trabajar con actores que no habían vivido el plebiscito en primera persona?

Fue difícil y fácil a la vez. Es más fácil porque, al no estar involucrado en el día a día y en toda esa carga mental que supuso la época les permite un cierto grado de libertad. Pero al mismo tiempo requiere mucha preparación, mucha investigación, documentación y mucha reunión. Gael García Bernal, que además es mexicano, se reunió con todos los publicistas, con varios políticos, solamente para intentar entenderles un poco más. Y en ese sentido creo que fue una mezcla muy interesante, Gael supo encontrar el equilibrio entre lo natural y lo que tenía que estar amarrado a los hechos, las tendencias, modificar su acento... se adaptó tanto histórica como culturalmente.

¿Cómo ha sido recibida la película en Chile?

Muy muy bien, ha creado una discusión, y bueno, son películas que pronto dejan de ser tuyas para convertirse en películas del pueblo. Antes del estreno la película era nuestra y después ya cuando sale, todo el mundo discute, recuerda, se emociona y de repente empieza a pertenecerles a ellos. Fue mi controversial en el mejor sentido de la palabra, pero en un país donde ya ha pasado mucho tiempo había el espacio suficiente para poder reírse y protestar.

¿Qué esperas de su paso por las pantallas europeas?

Ojalá se hable de la película. Más que los premios lo que de verdad espero es que la película entre en la memoria de las personas, que tengan un viaje, una experiencia interesante cuando la vean. Hay muchas películas, pero lo importante es que entre en la memoria, que pasen cinco o siete años, recuerdes la película y la puedas conectar con otra cosa. Creo que hoy en día las películas entran y salen muy rápido, por lo tanto encontrar un lugar donde las películas puedan envejecer bien es un desafío que nos proponemos.

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