CINE FANTÁSTICO
Consume tu propia pesadilla

Aceptamos “parque de atracciones” como herramienta de análisis económico y social.

, Sitges (Barcelona)
15/11/13 · 8:00
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“No he reparado en gastos”, repite a lo largo del metraje el multimillonario John Ham­mond en la película que marcó a toda una generación y que este verano celebró su 20 aniversario con su reestreno en 3D: Parque Jurá­sico (Steven Spielberg, 1993), la ilusión de un circo de pulgas a gran escala. Una película de ciencia ficción para las masas que funciona como artefacto metafórico. Si hacemos caso al filósofo Slavoj Zizek y nos arriesgamos a utilizarlo para ilustrar “dónde nos encontramos ideológicamente hoy”, podremos hacer de este “parque de atracciones” un contramanual ético, donde la película basada en el superventas de Michael Crichton nos revela los perversos mecanismos económicos de un tipo de negocio clave en la cultura del entertainment estadounidense; estos mecanismos quedan al descubierto, precisamente, cuando las atracciones se “averían” y degluten a los visitantes. No hay inocencia en el consumo.

A pesar de que el último Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña haya preferido quemar un carrito de bebé antes que Port Aventura en su cartel promocional, no podemos obviar el interés de esta edición por los parques de atracciones. Entre lo programado para la sección Nuevas Visiones, destacamos el documental dedicado a la colección de incidentes que el famoso parque acuático de exhibiciones estadounidense, Sea World, tiene en su haber. Recientemente estrenado en las pantallas españolas, Blackfish (Gabriela Cowper­thwaite, 2013) denuncia la explotación, tanto de unos animales arrancados de su hábitat para la exhibición y posteriormente criados en cautividad, como de una mano de obra precarizada, la dedicada al entrenamiento y cuidado de las ballenas conocidas como “orcas asesinas”.

El documental pone en jaque la política laboral de esta empresa que, con la excusa de la “concienciación para la preservación del mundo animal”, facturó 56,5 millones de euros el pasado 2012, según Forbes. Lo que no cuenta su página corporativa es que “conectar con el profundo océano” de Sea World cuesta vidas, las de entrenadores como Dawn Brancheau o Alexis Martínez; este último no directamente relacionado con la empresa, pero sí con los ejemplares de orca cedidos al zoológico tinerfeño llamado Loro Parque. Ambos fallecieron durante los entrenamientos con orcas, sucesos tras los cuales se cambió la legislación que permitía que los trabajadores compartieran hábitat con los animales.

Decía el matemático Ian Malcom en Parque Jurásico que “la vida se abre camino”. En un entorno hostil, donde unos animales que en libertad alcanzan a vivir cerca de 90 años y que en cautividad apenas llegan a los 40, atacan a sus cuidadores, ¿no están poniendo de relieve los cetáceos con sus actos la criminalidad de un modelo de negocio?

Cómo escapar del mañana

El magnate Walt Disney afirmaba que “para crear lo fantástico primero tenemos que entender lo real”. Esto lo plasma extrañamente el guionista y director Randy Moore en Escape From Tomorrow (2013), otra de las películas programadas en Nuevas Visiones de Sitges 2013 preocupadas por estos simulacros que, contra su voluntad, acaban diciéndonos más sobre lo real que lo real. La película de Moore reconvierte, sin permiso de la marca, el parque de atracciones Disneyworld Florida, “el lugar donde los sueños se hacen realidad”, en una indigesta pornotopía. La transformación en escenario delirante la propician unas imágenes rodadas en secreto en el Magic Kingdom y Epcot, y el protagonismo de Jim, un padre de familia recién abocado al paro y frustrado sexualmente. Mientras carga con su pareja y sus dos hijos por el parque temático, Jim empieza a desarrollar alucinaciones paranoicas que le otorgan una paradójica lucidez: su periplo por el complejo constata la muerte de la inocencia; conforma un mapa de fantasías posibles que lo alejan cada vez más de la salida del propio parque, pues para este personaje volver a la realidad, afrontar el mañana, resulta peor que la muerte.

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