Se trataba de la chicha peruana

La cumbia andina o chicha es una expresión de la cultura callejera peruana. Hablamos con Alfredo Villar sobre este estilo musical.

18/09/13 · 8:10
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El 13 de mayo de 2007, la furgoneta en la que viajaba el grupo peruano –aunque fundado en Argentina– Néctar cayó al vacío y explotó. Fallecieron 13 personas, entre ellas diez componentes de la banda, en ese trayecto desde Buenos Aires a La Plata. Las escenas de dolor por la pérdida de un grupo que se encontraba en su mejor momento eran el prólogo a una recuperación cultural, sacudida de complejos y nacionalización musical. Desde entonces, la cumbia andina o chicha vive una época dorada gracias a las generaciones que crecieron con ella como algo natural y que la consideran parte insustituible del paisaje vivo de los barrios populares de Lima. Pero ¿qué es la chicha?

La chicha es, como todos, un género bastardo, una hija de otros dos géneros a su vez de complejo origen. A finales de los ‘60, la presencia de migrantes del interior de Perú es notable en Lima, una de las capitales más desiguales del continente. Muchos de ellos procedentes de la región de Huancayo, formaban parte del contingente desplazado por motivos económicos desde la sierra central del país. Suyo es el crédito de haber unido de manera involuntaria el eco del huayno, el baile tradicional andino, con la forma de tocar cumbia colombiana en Perú, esto es, dotando a la guitarra eléctrica de un protagonismo principal. Como suele suceder en cada arranque musical, los orígenes de esta cumbia electrificada hay que buscarlos en zonas acomodadas de la capital donde los veinteañeros tuvieran recursos como para conseguir una guitarra. Sin embargo, el jugo viene después. Es desde primeros de los ‘70 que la chicha se convierte en un ingrediente básico en la construcción de la identidad cultural de esta masa de personas que buscaban adaptarse a un entorno muy diferente del de su procedencia. La pujanza de la radio y la televisión modernas harán su parte para conformar a partir de finales de los ‘70 y principios de la siguiente década un nuevo star system revolucionario en tanto que quienes pisaban los escenarios de salas y parkings no eran muy diferentes de los que sudaban enfrente, deseosos de alcanzar un fin de semana lleno de cerveza y amor para compensar los trabajos desempeñados a menudo en casas ajenas, donde la burguesía limeña solía referirse a la chicha como “musiquita de indios”.

Un star system, además, internacional, ya que son Los Mirlos quienes encandilan a Argentina, uno de los países más hostiles a las músicas populares hasta ese momento, en una de sus giras. En Perú, mientras, el estilo se repliega a los barrios, cediendo terreno en las clases medias al pop y la salsa. La inflación hace el resto. El clasismo repunta. Y va a ser la chicha la que se enorgullezca, literalmente, de ser “provinciana”, de ser “inmigrante”, de no acabar de ser asimilada por la élite blanca limeña en unos tiempos de miedo generalizado por el acoso de la violencia política. La palabra “chichero” se convierte en insulto a la altura de “ratero” y el ritmo cae casi a un segundo plano hasta el accidente de Néctar, que espolea a una nueva generación y hace que en los últimos años la chicha sirva a artistas como Chakruna, Kuto Quilla, Dengue Dengue Dengue o Alfredo Villar, aka DJ Sabroso, para recuperar el legado musical y gráfico del estilo y a la vez sonar potentes en la pista.

Hablamos con DJ Sabroso para conocer algo más sobre el contexto social de la chicha.

¿Es la música popular la que penetra en las clases dominantes o éstas las que se dejan permear?

Se dejan permear. Todos los medios están controlados por la clase dominante, no hay medios populares. Jamás va a haber un directivo que venga de las clases de abajo, siempre se ha impuesto una política cultural bien colonialista y de subordinación a lo que viene de afuera. Cuando vino Humboldt en el siglo XIX ya dijo que Lima estaba más cerca de Londres que del resto del Perú.

¿Qué mecanismos despliega la cumbia o la chicha para no dejarse arrebatar el rasgo de lo popular?

Asociándose y hablando directamente al lumpemproletariado, hay mucha música que habla de las desgracias de la pobreza o
de la dureza de la vida criminal o la cárcel, esa cumbia es “masiva”, pero no “mediática”. En América Latina la división de clases es tan fuerte que tiene que haber algo para que la clase dominante logre consenso.

¿Cómo de arraigado sigue estando el colonialismo cultural?

El colonialismo se sostiene en la idea de que hay un centro y una periferia, obviamente la mirada occidental se siente el centro del universo y por lo general la chicha que más se exporta es la instrumental, “más parecida” a la psicodelia, y no tanto la chicha más callejera.

¿El repunte de esta música puede ser importante, además de culturalmente, estructuralmente a nivel económico, por ejemplo, con el incremento de ingresos para artistas?

En realidad, en la mayoría de casos es una chamba de supervivencia, son muy pocos los músicos que se sostienen económicamente sólo de la música.

¿Cómo crees que igualan las músicas de baile a mujeres y hombres?

En el bajo vientre, en la pulsión erótica, en el instinto.

¿Sería lo colectivo del baile lo contrario de la escucha individual anglosajona?

Sí, claro. Es público, algo callejero. Acá hay algo muy común, que es que una canción se ponga de moda y ya todos los grupos la tocan. No se privatiza tanto la canción como sucede con la música anglosajona, que el grupo es el dueño absoluto y genial del tema. Es la experiencia del baile colectivo lo interesante, también la sensación de ser una comunidad bajo el gusto común de tal artista.

¿Es más transformadora cualquier sound system o fiesta anónima que mil letras tradicionalmente reivindicativas?

No sé si al fondo hay un impulso de transformación, es más uno de supervivencia y de creación de identidades colectivas, aunque en los 80 las letras sí estaban llenas de orgullo y conciencia de clase. Además como no hay un paso de las canciones por los medios, la única experiencia del oyente es directa, en vivo. Hay una relación mucho más horizontal.

Parece claro que la relación entre la música y lo visual está muy presente en estos géneros. ¿Cómo explicarías esa interacción que da lugar a una gráfica tan viva?

Es la ciudad que se ruraliza, todos esos colores vienen del campo, de la vida rural, al llegar a la ciudad resaltan con su desborde y barroquismo, hay una necesidad publicitaria con el entorno gris de la ciudad que requiere esas formas y colores para destacar.

Top five chicha

Chacalon y La Nueva Crema – Muchacho provinciano

Si hay un tema que pudiera ser considerado bandera del género ese es “Muchacho provinciano” de Lorenzo Palacios Quispe, Chacalón. Considerado el faraón de la cumbia peruana, nació en la capital de padres procedentes de la región de Ayacucho, una de las cunas de la migración interna masiva de mediados de siglo. Crecido en la calle y con un paso por prisión incluido, su historia no parecía muy diferente de quienes lo adoraban y encontraban en canciones como esta una fiel descripción de la vida proletaria de la durísima Lima de la crisis del petróleo. De él decían que “cuando Chacalón canta, los cerros bajan” en referencia a los cerros proletarios que rodean Lima. Los mismos cerros que, dicen, quedaron despoblados el día de su multitudinario entierro, en 1994.
 

Juaneco y su combo – Vacilando con ayahuasca

Originarios de la ciudad de Pullcapa, en los llanos amazónicos, Juaneco y su combo son por excelencia el grupo místico de la cumbia peruana, el máximo exponente de la unión entre lo selvático y lo psicodélico, de lo local y lo foráneo. En este éxito (de los más exportables internacionalmente; otro de los temas que vale la pena rescatar es “Ya se ha muerto mi abuelo”) el mérito va para una viva y sensual reivindicación de la cosmovisión amazónica por medio de la ayahuasca. Creados por Juan Wong (hijo de la copiosa comunidad oriental de Perú), Juaneco y su combo disfrutó de gran éxito en la década de los 70 hasta que un accidente aéreo cambió generacionalmente a la banda. En los últimos años los litigios en torno a su legado musical han sido constantes.

Los Mirlos - La Danza De Los Mirlos

Los Mirlos, aun en activo, son leyenda en toda Latinoamérica. De origen criollo y del departamento de San Martín, es la banda que representa internacionalmente la cumbia peruana. Su éxito es notable en el público especializado de Estados Unidos, donde han tocado varias veces en sus más de cuatro décadas de existencia. Esta “Danza de los mirlos” o “Cumbia de los pajaritos” introduce perfectamente el concepto de cumbia psicodélica, la unión de la rítmica amazónica y andina con las guitarras eléctricas importadas y la reminiscencia de influencias anglosajonas, y se ha convertido en todo un himno, reivindicado por bandas que trascienden a la cumbia, aunque alguna de sus versiones más celebradas sea la de los titanes de la cumbia villera argentina, Damas Gratis.

Los Shapis – Ambulante soy

Los Shapis son un claro ejemplo del star-system que generó la cumbia y la chicha en Perú y países próximos. Nacidos a principios de la década de los 80, su fama se vio incrementada con el protagonismo en películas como “Los Shapis en el mundo de los pobres”. Su hit más rotundo fue “El aguajal” (recuperado también por el recopilatorio “Roots of chicha”), sin embargo es en temas como este “Ambulante soy” que volvemos a ver la proclama orgullosa y empatía con la legión de vendedores ambulantes que conforman la economía sumergida de la capital. Ellos tampoco eran limeños, aunque acabaron trasladándose a la capital, donde eran capaces de llenar estadios de más de 40.000 personas. Las coreografías de su líder Chapulín el Dulce son pues parte indisoluble de la primera y problemática legislatura de Alan García.

Pintura roja – El teléfono

Mediados de los 80 es también el momento en el que irrumpe en escena, y con la mencionada ayuda de amplificación de los medios de comunicación, la multitudinaria banda Pintura Roja, creada por Alejandro Zárate. Sin duda el tirón comercial de Pintura Roja se debe en gran parte a su vocalista Princesita Mily, una joven de 18 años, hoy reconvertida al cristianismo militante, que cautivó a un país demasiado endurecido. “Yo soy la cumbia” ('madres que trabajan con hijos a la espalda / niños que padecen / para ellos es mi voz'), “Petizo” o “Amor de verano” son sin duda hits incontestables de la década, aunque “El teléfono” su ligero toque pop es quizá uno de los grandes éxitos de aquel momento y una de las canciones más versionadas del género.

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comentarios

1

  • |
    Joel
    |
    22/04/2015 - 1:33am
    Eso era la verdadera cumbia peruana junto con la rica chicha tropical andina. Que pena que en hoy dia solo aparezcan grupos de mas, que solo cantan la misma tematica monotona, ojala algun dia salga un buen grupo en estos tiempos. En fin, gozen con la cumbia antigua, de viejos lo recordaran.
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