Viejas en la sociedad del espectáculo

Texto de Asunción Fernández, profesora en la UCM.

02/04/09 · 0:00
Edición impresa

Envejecer no es una buena
cosa en un mundo donde
el valor está en la capacidad
para producir rentabilidades
varias: valemos mientras
consumimos, existimos mientras
somos capaces de intervenir (de la
forma más agresiva posible) en
nuestro entorno, somos alguien en
cuanto acaparamos bienes materiales
o simbólicos… Los ancianos
resultan desposeídos de casi todo
esto, con las rentas en el límite de
la dependencia, sin posibilidad de
consumo y sin ser representados
de manera positiva en el contexto
significativo de los medios de comunicación.

Un tópico recurrente es decir que
“el siglo XX ha sido el siglo de la revolución
de las mujeres”, y, cuando
decimos esto, contamos más de lo
que esa frase aparentemente expresa,
porque la ‘revolución de las mujeres’
va más allá de la consecución
de la paridad política, la igualdad ante
las leyes, el derecho al trabajo o al
mismo salario. Supone el control del
propio cuerpo y el cuestionamiento
del imaginario que hacía que los
principales valores de las mujeres
fueran la juventud o la belleza.
Ese sentido estaba en una obra
clave del pensamiento contemporáneo,
El segundo sexo, de Simone de
Beauvoir, publicada en 1949. El libro
fue un auténtico escándalo editorial
al atreverse a poner en evidencia
que la realidad de las mujeres se
debe sobre todo al contexto simbólico
en la que la feminidad está envuelta.

21 años más tarde, en 1970,
Beauvoir publica un nuevo libro: La
vejez. Tiene 62 años y se declara ya
una mujer mayor. La sinceridad de
la autora es siempre conmovedora y
también molesta. Nos habla de la
vejez como discriminación y marginación,
de justicia social y de la diferencia
de hacernos mayores si somos
hombres o mujeres, ricos o pobres,
cultos o incultos, y señala además
que la vejez es más terrible, si
cabe, para las mujeres porque su valor
social está basado en lo perecedero
por excelencia: la belleza.

Con estas ideas, Beauvoir se anticipa
a la realidad de principios del
siglo XXI: en el año 2020 en Europa
habrá 85 millones de personas ancianas
que reclaman su derecho a
una existencia digna. Y eso tiene
que ver con el control de los recursos
materiales, pero también con el
derecho a ser representados con
dignidad. Y en esto están resultando
pioneras las asociaciones de
mujeres para las que el feminismo
es una plataforma de reivindicación
de una vida plena y autónoma,
y también artistas como Kiki
Smith, Ana Casas, Alice Neil o Manabu
Yamanaka, que se atreven a
representar los cuerpos de las mujeres
ancianas como cuerpos dignos
de ser representados.

[No somos vuestras abuelas->7589]

Tags relacionados: Simone de Beauvoir vejez
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto