ANÁLISIS // CONTAMINACIÓN PLANETARIA, PRIVATIZACIÓN DE LA VIDA Y PARADIGMASMÉDICOS EN ELMODELO SOCIOECONÓMICO
Vidas precarias y la crisis global de la salud

En la crisis sistémica actual no podemos olvidar la
crisis de la salud, dentro de un modelo que busca el
beneficio por encima del bienestar de las personas.

07/11/11 · 14:23
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Ilustración: Irene Cuesta.

Hay quienes señalan,
acertadamente, la importancia
de comprender
la crisis mundial
desatada en 2008 como una crisis
sistémica que va más allá de lo económico
e incluye variables como la
crisis ecológica o la crisis de cuidados.
En todos los casos lo que está
en juego es un modelo de desarrollo
global insostenible que exige
una crítica desde dentro, estructural
y profunda, que permita pensar
cómo sería una vida vivible para el
conjunto de la población en condiciones
de igualdad y justicia.

A estos aspectos de la crisis habría
que añadir otro más, generalmente
invisible, que podemos denominar
crisis de la salud: una crisis de los
cuerpos que enferman, contaminados,
agotados, exhaustos ante la imposición
de un modelo en el que por
encima del bienestar de las personas
se sitúa la búsqueda de beneficio; y
una mirada médica a la que no sólo
le cuesta encontrar cura, sino que invisibiliza
determinadas dolencias y
sobremedica en general.

Por muy difícil y doloroso que nos
resulte imaginarnos con una vida rota
por la enfermedad, debemos comprender
que, dada nuestra posición
precaria y no definitiva en el mundo,
se trata de un problema que puede
afectarnos en cualquier momento y
que articula una nueva diferenciación
entre quienes pueden optar al
autocuidado para preservar la salud
y quienes no. Una crisis que afecta
de forma diferente a los países del
Norte y del Sur, y que produce diferentes
maneras de enfermar, también
entre hombres y mujeres, pero
que tiene denominadores comunes.

Durante las últimas décadas, sobre
todo en años recientes, asistimos a
un despunte de las enfermedades denominadas
de sensibilidad central
(fibromialgia, sensibilidad química
múltiple, electrosensibilidad, fatiga
crónica). Si bien se ha hablado y es
común presuponer sus causas psicológicas,
apenas se oye sobre sus causas
biológicas y medioambientales.

¿Todo es emocional?

Individualizar el malestar

La preeminencia de un completo y
novedoso discurso sobre la naturaleza
emocional de todas las enfermedades,
como aventura la llamada
“nueva medicina” o las versiones occidentalizadas
de algunas terapias
orientales, estaría activando un dispositivo
de poder que individualiza
un problema cada vez más común,
en lugar de ayudarnos a comprender
su origen social.

¿Qué significa esto? En primer lugar,
la tendencia a reducir la salud a
lo psicológico, con el objeto de situar
en los propios individuos las causas
de sus males y las vías de curación,
ignorando la presencia de factores
biológicos, genéticos, ambientales y
sociales. En segundo lugar, que las
causas reales de algunas enfermedades
se están invisibilizando, de modo
que los enfermos no pueden acceder
a diagnósticos certeros. Si no se incentivan
investigaciones ni se da luz
verde a los informes ya existentes sobre
el impacto del medio ambiente
en la salud, no se diseñarán los protocolos
médicos adecuados para paliar
estas enfermedades.

Más vulnerables

La enfermedad no cotiza

Así, las personas enfermas tampoco
accederán a pensiones o ayudas,
pues para ello el primer paso es el reconocimiento médico
de la enfermedad,
además del social y el jurídico.
Esto significa que la situación de estas
personas sin perspectiva de cura
y sin ayudas económicas es dramática.
Y, en tercer lugar, se está ocultando
el incremento de estas enfermedades
y la extensión de los casos a
capas de población diversas, incluyendo
niños y jóvenes, como recogen
las asociaciones de afectados.

La fibromialgia, por poner un
ejemplo, rompe la vida. Reclama un
duelo por el proyecto existencial propio
que muere con la enfermedad. E
implica no poder trabajar de manera
regular en el mercado laboral, lo cual
deja a los enfermos a merced de la
acogida de su entorno afectivo o familiar,
si es que éste comprende la
situación y tiene recursos para ello.

Modelo económico

La sostenibilidad de la vida

La crisis de salud está estrechamente
vinculada con la precariedad: no sólo
porque el coste de la enfermedad es
elevadísimo y al no contar con ayudas
sociales, el futuro se abre a una
mayor vulnerabilidad e incertidumbre
(¿quién mantiene a los cuerpos
enfermos que no pueden someterse
a la producción?), sino también porque
la precariedad dificulta el acceso
a bienes saludables, aumentando el
riesgo de enfermar (quienes están en
peores condiciones acceden al agua
más contaminada, a los alimentos de
peor calidad, tienen menos y peores
momentos de descanso, etc.).

Lo que está en juego es, una vez
más, el modelo socio económico que
queremos. Como se insiste una y otra
vez desde las movilizaciones del
15M, “somos personas y no mercancías”.
Pero para integrar esa reflexión
es necesario visualizar la cuestión de
la salud como un problema que no es
solo psicológico ni individual y que
incluye una dimensión global, otra
social y una epistemológica: la contaminación
de nuestro entorno a escala
planetaria, la privatización de la vida
y la competencia como lógicas sociales,
y la mirada médico-científica que
se resiste a reconocer estas enfermedades,
avanzar en protocolos e investigar
sobre cómo están siendo
afectados los cuerpos de hombres y
mujeres de manera diferente por las
partículas que ingerimos y respiramos
en el siglo XXI. Es decir, lo que
está en juego es la sostenibilidad de
la vida, que es también el cuidado y
sostén de nuestros cuerpos.


SENSIBILIDAD
CENTRAL //

Enfermedades emergentes

Por Silvia L. Gil

El aumento en las cifras y la
denuncia de las asociaciones
han obligado a la OMS a avanzar
en el reconocimiento de las
enfermedades de sensibilidad
central (fibromialgia, electrosensibilidad,
fatiga crónica) dentro
de la Clasificación Internacional
de Enfermedades. En la reciente
discusión sobre el síndrome
de fatiga crónica, como explica
el abogado y especialista
Juan Palma, se apunta a que
su origen se encuentra en la
predisposición genética y en
los efectos de virus, bacterias
y tóxicos sobre el sistema nervioso
central, el endocrino, el
músculo-esquelético, gastrointestinal,
etc.

Autores como el
periodista Miguel Jara investigan
el efecto de los factores
ambientales sobre la salud
(compuestos químicos, hormonas,
ondas electromagnéticas) y
qué intereses influyen en el problema
de la invisibilización de
sus efectos, como los producidos
por la administración extendida
de anticonceptivos orales,
el uso de desinfectantes tóxicos
o de pesticidas. Sin comprender
el impacto de estas sustancias
en el cuerpo y sin lograr modelos
de vida menos agresivos la
cura es realmente difícil.

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Ilustración: Irene Cuesta.
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