SALUD
El poder curativo del cuerpo

El repertorio de mecanismos
de defensa de nuestro cuerpo
no se limita al famoso
sistema inmunológico con
sus linfocitos y anticuerpos. Disponemos
de un incalculable arsenal terapéutico
interno. ¡Tenemos de casi
todo! Cada célula, cada órgano y cada
aparato de nuestro cuerpo se
coordina con el resto de células y sistemas
en un todo integrado y armónico.
Nuestra farmacopea interna se
compone de sustancias de mantenimiento,
autodefensa y regeneración:
hormonas y enzimas que intervienen

16/10/06 · 19:53
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El repertorio de mecanismos
de defensa de nuestro cuerpo
no se limita al famoso
sistema inmunológico con
sus linfocitos y anticuerpos. Disponemos
de un incalculable arsenal terapéutico
interno. ¡Tenemos de casi
todo! Cada célula, cada órgano y cada
aparato de nuestro cuerpo se
coordina con el resto de células y sistemas
en un todo integrado y armónico.
Nuestra farmacopea interna se
compone de sustancias de mantenimiento,
autodefensa y regeneración:
hormonas y enzimas que intervienen
en las numerosas reacciones bioquímicas
del metabolismo (acelerando
o retardando procesos), neurotransmisores
que conectan el sistema nervioso
con el aparato locomotor y con
el sistema hormonal y un sinfín de
otras sustancias cada una con su cometido
preciso. La piel y las mucosas
no sólo son barreras físicas protectoras,
producen muchas sustancias curativas.
Lo mismo que la sangre y
otros fluidos corporales.

Tenemos anti-inflamatorios, como
los corticoides, producidos en las
glándulas suprarrenales, calmantes,
como las endorfinas del cerebro, antibióticos
como la transferrina de
sangre (que transporta hierro), la lisozima
(saliva) y la demicidina (sudor),
cicatrizantes, como diversas
proteínas de la piel, y la saliva, antihemorrágicos,
como el fibrinógeno
(sangre), antisépticos, como ácido
clorhídrico (estómago), y el PH ácido
de la orina. Contamos además
con antioxidantes, como la enzima
catalasa y el ácido úrico, estimulantes
cardiacos, como la adrenalina,
filtros solares, como la melanina
(piel), hormonas que suben la glucosa
como el glucagón, y otras que la
bajan, como la insulina, laxantes como
los ácidos de la bilis, vasodilatadores,
como el óxido nítrico, para hacer
llegar más sangre a un tejido, y
un sinfín de otras sustancias que aún
se están investigando.

Pero también necesitamos sustancias
del exterior. Estos recursos internos
se refuerzan y complementan
con los externos (aire, agua, nutrientes,
fitoquímicos y bacterias benéficas).
Por ejemplo, nuestras enzimas
antioxidantes que combaten la degeneración
de los tejidos se ven potenciadas
por los nutrientes y antioxidantes
de la dieta (vitamina C, selenio,
flavonoides, etc.). El abuso de
drogas, la contaminación y otros hábitos
insanos tienden a desbaratar
estos mecanismos protectores.
Pero a poco que nos cuidemos, poseemos
un cuerpo extraordinario
que tiende a la integridad. Conocerlo
más nos ayudará a cuidarlo
mejor. Pero no nos engañemos, por
mucho que nos cuidemos el cuerpo
no es todopoderoso. Saber acudir a
tiempo a un profesional es el ‘abc’
de la autogestión de la salud.

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