Los nombres de la peste: la gripe capitalista

Utilizaremos el nombre de gripe
porcina cuando se quiera trasmitir
un sentimiento de soberbia, de
superioridad de especie y de
amos del mundo. Capaces de lo
mejor y de lo peor. De encontrar
soluciones a las patologías más
raras a la vez de facilitar el surgimiento
de nuevas enfermedades.

14/05/09 · 0:00
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Utilizaremos el nombre de gripe
porcina cuando se quiera trasmitir
un sentimiento de soberbia, de
superioridad de especie y de
amos del mundo. Capaces de lo
mejor y de lo peor. De encontrar
soluciones a las patologías más
raras a la vez de facilitar el surgimiento
de nuevas enfermedades.

Utilizaremos el nombre de gripe
mexicana cuando se quiera enfatizar
que tenemos dos mundos. Los
privilegiados encerrados en su
asepsia preoperatoria y los pobres
que en su inmundicia van esputando
microbios por el mundo.
Dirán –en términos médicos– faltan
barreras sanitarias, y se elevarán
los muros.

Utilizaremos el nombre de gripe
nueva o gripe A cuando no queramos
decir nada, cuando queramos
conservar el modelo informativo
de la desinformación, un
modelo pandémico que se ha instalado
en nuestros hogares.

Utilizaremos el nombre de influenza
H1N1 cuando queramos dárnoslas
de entendidos, alargando,
desde ese elitismo ganado con la
descuarterización de las ciencias,
la distancia entre el informador y
el informado. Entre el sabedor y el
nadalosabe.

Para acabar sugiero incorporar a
este pequeño vademécum el nombre
de gripe capitalista. Para cuando
queramos advertir de su origen:
un modelo de producción industrializado
e intensivo que, desde la
dominación de la naturaleza y sus
otros habitantes terrícolas, se ofusca
en alimentar el consumismo
imperante con carne barata y otros
manjares. Para cuando queramos
advertir que todo este modelo productivo
funciona, si funciona, desde
el oligopolio que controla toda la
cadena alimentaria. Las transnacionales
controlan la genética animal,
la alimentación (los piensos) que
les engordará, el botiquín de las
granjas que mantiene a los pollos y
gallinas dopados para sobrevivir
(aunque sean escasos meses) al
estrés que se les impone, y la transformación
y distribución del producto
final. Para cuando queramos
denunciar que hasta las enfermedades
saben de clases sociales, y
que posiblemente se trate de una
gripe severa para los pobres sin
acceso a los medicamentos y de un
catarro común para las gentes con
posibles. Para cuando queramos
evidenciar el lucro de las empresas
farmacéuticas y el capital que
ahora, veloz cual centella, especula
con la salud del planeta. Para
cuando queramos revelar que es
una gripe antisocial, que nos quiere
echar de los espacios culturales y
también de las escuelas. Que
prima el individualismo por encima
de lo colectivo. Usen sus coches
particulares y enciérrense en sus
casas. Que prescinde del amor, del
cariño, del tacto, de los besos, que,
por cierto, son el mejor antídoto
aún por patentar.

Me dice Guadalupe desde México
D.F. que las calles están vacías, el
claxon impaciente de los coches no
molesta y a los niños y niñas no se
les oye jugar. Y en ese nuevo silencio
se descubre la sabiduría del
gallo, de los pájaros y de los
perros, a los que les da por seguir
cantando, ladrando y viviendo.

Más info: [Veterinarios sin fronteras->http://www.veterinariossinfronteras.org/]

Tags relacionados: capitalismo Número 102
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