SALUD
A la salud por el sueño

Hay dos tipos principales de
sueño: el sueño profundo
y el sueño REM, que es la
fase en la que soñamos. El
buen sueño potencia nuestra capacidad
de aprendizaje. Así, una de las
funciones mejor demostradas del
sueño es que favorece los procesos
cognitivos, como la atención, la concentración,
la creatividad y demás.

14/11/07 · 11:57
Edición impresa

Hay dos tipos principales de
sueño: el sueño profundo
y el sueño REM, que es la
fase en la que soñamos. El
buen sueño potencia nuestra capacidad
de aprendizaje. Así, una de las
funciones mejor demostradas del
sueño es que favorece los procesos
cognitivos, como la atención, la concentración,
la creatividad y demás.

Al parecer, el sueño profundo influye
más en la consolidación de la
memoria que el sueño REM. Otra de
las funciones específicas del sueño
profundo es reducir el metabolismo,
lo que enfría el cuerpo y el cerebro y
provoca la disminución de los radicales
libres (implicados en el envejecimiento
y ciertas enfermedades degenerativas).

El sueño profundo también
participa en la regeneración del
cuerpo y el cerebro: repara células
dañadas. Se sabe, por ejemplo, que
los deportistas necesitan más sueño
profundo. Este tipo de sueño parece
regular asimismo las defensas inmunitarias
y aumentar la producción de
neuronas en el hipocampo, zona importantísima
del cerebro. Las funciones
que se atribuyen al sueño tipo
REM son el desarrollo del cerebro en
la infancia y la producción de ensueños,
que servirían como simulacros
o entrenamiento para afrontar retos
de la vida cotidiana. Otra de las tareas
del REM es interrumpir la secreción
de ciertos neurotransmisores
cerebrales para que las neuronas
recuperen mayor sensibilidad durante
el estado de vigilia, lo cual facilita
el aprendizaje y equilibra los estados
de ánimo durante el día.

La clave para dormir bien es atender
a tres aspectos fundamentales:
acondicionar el cuerpo, la mente y la
habitación. Lo primero se consigue
llevando horarios regulares y una vida
sana: dieta sana, ejercicio regular,
no dormir mucho durante el día, evitar
humo de tabaco, alcohol y otras
drogas, no tomar cafeína ni exceso
de líquidos o infusiones diuréticas
horas antes de dormir y cenar moderadamente.
No conviene agitar el
cuerpo antes de ir a dormir, mejor
realizar tareas agradables y tranquilas.

¿Y qué hacer para acondicionar
la mente? Una de las claves es ritualizar
el acto de dormir para crear un
reflejo condicionado: cenar ligero,
distraerse un rato, ir al baño, ir a la
habitación, desvestirse, tener sexo si
se tercia, etc. Es importante desconectar
de las preocupaciones cotidianas
y no discutir. Y si no conseguimos
dormir no hay que empeñarnos
en ello sino aprovecharlo para hacer
algo lúdico aunque relajante. Y como
broche, nada baladí, acondicionar
el dormitorio y el entorno: huir
de lugares muy ruidosos, temperatura
adecuada (no más de 22 grados),
que haya oscuridad o penumbra, que
el colchón y la almohada sean cómodos
y que la ropa de cama sea adecuada
y agradable. ¡Dulces sueños!

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto