ALIMENTACIÓN // DESDE LOS USOS DEL TABACO EN LA AMÉRICA PRECOLOMBINA A LAS POLÍTICAS PROHIBICIONISTAS ACTUALES
Los infieles en la ‘cruzada antitabaco’

La autora plantea una
opinión al margen
de lo ’política y
médicamente correcto’
sobre el “asedio” al
consumo de tabaco.

23/05/11 · 14:20
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Foto: Olmo Calvo

A lo largo de su historia, la
planta del tabaco ha contado
con diversos usos
y
significados. En la América
precolombina eran apreciadas
tanto sus propiedades mágicas como
las medicinales –que estaban
imbricadas–, además de formar
parte de rituales de iniciación, ser
moneda de cambio y vehículo para
el establecimiento de lazos sociales.

Para los primeros observadores
occidentales del empleo del tabaco,
era ésta una práctica difícil
de catalogar, ya que la asociaban
con los rituales paganos de los indios,
como ocurre en la actualidad,
cuando el consumo de tabaco se ha
convertido, nuevamente, en una
forma de adorar a dioses distintos
de los oficiales. Sin embargo, pronto
se reconocieron las cualidades
terapéuticas
de esta planta. Más
adelante, su gran popularidad ha
dependido más de su utilización
placentera, estimulante o sedativa.

Su forma de consumo es un lenguaje
que ha definido posiciones sociales
y maneras de ser, sobre una
gran variedad de significados alimentados
por una amplia iconografía
cinematográfica y publicitaria
fomentada, en gran medida, por la
poderosa industria tabacalera.
Si fumar llegó a convertirse en
símbolo de modernidad, hoy lo moderno
es la erradicación de este hábito.

En las últimas décadas la costumbre
de fumar, de tan amplio
arraigo colectivo, ha sido objeto de
acciones y discursos institucionales
que buscan promover, entre la ciudadanía,
una alteración en su valoración
social y en su ejercicio. Esto
abarca tanto la creciente regulación
del mundo del tabaco, como la
construcción de un nuevo sistema
ideológico transmitido a través de
campañas diseñadas para caracterizar
lo que ha pasado a denominarse
“epidemia del tabaquismo”
como un comportamiento poco útil
y racional e, incluso, perjudicial para
la salud individual y social. El acto
de fumar se ha ido configurando
como conducta patológica,
previo
despojamiento de su halo de romanticismo
y creación de una
imagen social que lo reduce a la ingestión
compulsiva de veneno y exhalación
de humo contaminante.

En estos momentos, la así llamada
“cruzada antitabaco” –con toda
la carga bélica y religiosa que esta
terminología arrastra– se encuentra
en su punto álgido en países como
España que, recientemente, ha
implantado la prohibición de fumar
en todos los espacios públicos
cerrados y en algunos al aire libre.
Junto con estas restricciones, la inclusión
de mensajes e imágenes
impactantes en los paquetes de tabaco
ilustran los temibles efectos
para la salud de una sustancia que,
a pesar de ser etiquetada como veneno,
continúa comercializándose
y generando enormes ingresos para
las arcas estatales.

En un mundo secularizado, la necesidad
de distinguir entre el bien y
el mal en términos absolutos no sólo
persiste, sino que es algo característico
de una cultura obsesionada
con la seguridad y la pureza. La
erradicación de hábitos malsanos,
como el de fumar, guarda relación
con el culto moderno al cuerpo,
en
un contexto de medicalización de
conductas y ciclos vitales orientada
a conducir a la población hacia la
adopción de un modo de vida ascético,
higiénico y normalizado, en la
persecución utópica de una salud
perfecta y una juventud eterna.

Esto puede ayudar a comprender
la profusa utilización de una imaginería
bélica a la hora de describir
las estrategias aplicadas por las instancias
gubernamentales, cuando
se decide que ha llegado la hora de
“asediar” al tabaquismo. Implícito
está un proyecto de modernización
que, en el caso del tabaco, se encuentra
inacabado y conlleva la implantación
de un orden mediante la
aplicación de la represión por parte
de un Estado paternalista,
que ostenta
el monopolio del empleo de la
fuerza y que legitima sus prácticas
sobre un discurso científico considerado
como sagrado e incuestionable.

La realidad, sin embargo, es mucho
más rica y diversa de lo que los
discursos y acciones institucionales
parecen sugerir. La cruzada
en contra del tabaco no sólo no ha
triunfado plenamente sino que ha
generado razones y prácticas que
se le oponen. Por ello, el tabaco
mantiene buena parte de sus ancestrales
funciones,
como favorecer
la sociabilidad, servir de marcador
de posiciones sociales, simbolizar
la iniciación a la edad adulta
y la independencia, subrayar la
fuerza y la potencia o asociarse
con la seducción y el misterio.

Son
muchos los que defienden sus cualidades
placenteras y terapéuticas
y, a menudo, las normas no se
cumplen de manera estricta. Los
hay que distinguen entre un consumo
excesivo y compulsivo,
que sí
puede ser nocivo, y un consumo
moderado, que no lo es tanto y que
cuestiona estereotipos como el de la
adictividad intrínseca del tabaco.
Hay, incluso, quien señala cómo el
tabaco afecta de manera diferente a
cada organismo, al margen de generalizaciones,
y quien cuestiona
el rigor de muchos de los estudios
en torno a la nocividad del tabaco
para los que fuman y para los que
le rodean.

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comentarios

11

  • |
    anónima
    |
    09/06/2011 - 12:20pm
    Dudo mucho que las críticas anteriores hayan leído el libro. Es otra muestra más de la verdadera "cruzada". El libro es muy recomendable sobre todo el recorrido que hace a través de la historia del tabaco y como vam cambiando la visión que se tiene del mismo en función de religiones, pensamientos... Es un ensayo sociológico, no un libro pro-tabaco.
  • |
    anónima
    |
    06/06/2011 - 2:07pm
    Pronto volvera a haber bares y restaurantes para todos. Es lo justo. Mientras, algunos seguiremos sin ir a los locales, ya que no estariamos comodos. La ley antifumador es injusta y conduce a graves perdidas economicas.
  • |
    anónima
    |
    04/06/2011 - 2:31pm
    Otra "AUTORA" que ha visto en los fumadores contumaces una vía para sacarles el dinerito vendiéndoles un panfleto de onanismo y autocomplacencia victimista tabáquica. No es una "cruzada contra los fumadores", es una cruzada contra los molestos incívicos que se creen que todo Dios está en la obligación de respirar su peste y soportar su pegajoso olor. Es una cruzada por el derecho a salir del bar limpio y oliendo a colonia, por el derecho a estar con tus hijos en una cafetería o en un restaurant sin que un DROGATA "LEGAL" te fastidie la merienda, por poder CURRAR en la restauración - dado que no todos podemos ENCHUFARNOS COMO POLÍTICOS - sin tener que respirar 8 o 10 horas diarias de humo tóxico ajeno. LOS FUMADORES NO SON VÍCTIMAS MÁS QUE DE LAS TABACALERAS Y DE SU ADICCIÓN.
  • |
    anónima
    |
    26/05/2011 - 9:42pm
    No si ahora va a resultar que fumar va a ser un acto romántico de rebeldía. Yo creo que la autora ha perdido el oremus.
  • |
    anónima
    |
    25/05/2011 - 6:17pm
    <p class="spip">25 de mayo 14:45, por Mariano " ¿Dónde podemos reunirnos los "infieles"?" En vuestras casas?</p> <p class="spip">Claro, en nuestras casas. No se me había ocurrido. Y lo más ocultos posibles de los que profesan la verdadera fe, pues ellos, guiados por la verdad absoluta son los únicos merecedores de pisar la calle y de ocupar todos los espacios públicos. ¡Alabada sea la Santa Salud y la OMS su profeta!</p>
  • |
    anónima
    |
    25/05/2011 - 2:45pm
    " ¿Dónde podemos reunirnos los "infieles"?" En vuestras casas?
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    anónima
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    25/05/2011 - 1:15pm
    <p class="spip">Totalmente de acuerdo.</p> <p class="spip">Añadiría que la hipocresía estatal alcanza límites insospechados:</p> <p class="spip">Criminaliza al ciudadano que consume un producto distribuido por el Estado (y del cuál éste se lucra), pero permite a los fabricantes añadir a este producto un sinfín de aditivos, que son los que realmente lo convierten en gravemente tóxico y perjudicial para la salud.</p> <p class="spip">El Estado ataca al problema culpabilizando y castigando a un ciudadano... cuando el propio Estado ES el problema.</p> <p class="spip">Yo no podré vender galletas con amoniaco, benceno, alquitrán...etc. pero ellos sí pueden venderlo.</p> <p class="spip">Demencial, pero como sabemos cierto.</p> <p class="spip">Hay que criminalizar a los responsables del estado que lo permiten.</p>
  • |
    anónima
    |
    24/05/2011 - 5:27pm
    la solución es muy fácil, que vendan la hierba sin adulterar con las más de 300 substancias que te hacen yonki del cigarrillo, no puedes hacer un uso moderado del tabaco como dice el autor precisamente por eso, por los compuestos que añaden para engancharte. ¿Por qué no se vende tabaco sin adulterar? Y no me digáis que el Pueblo no está adulterado porque de dónde sale entonces el alquitrán que anuncian.
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    anónima
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    24/05/2011 - 4:36pm
    Romanticismo es creer que esta "cruzada antitabaco" es consecuencia de la presión de la ciudadanía y no un intento más de "los de siempre" de interferir en los placeres de los demás. Si fuese de otra forma, la calidad del aire en nuestras ciudades sería otra, pero esto parece que no preocupa con la misma intensidad que la calidad del aire que nos rodea a los "viciosos" fumadores, aire que parece ser mucho más pernicioso que la atmósfera que lo contiene. Somos "infieles" porque para creer algunas de las cosas que cuentan hay que tener fe, debes "creer" que son así, y cuestionarlas es como, en tiempos pasados, cuestionar la existencia de Dios. Por supuesto que obligar, a alguien que no quiere, a respirar el humo del cigarrillo que acabo de encender es algo que debe quedar para los libros de historia. Pero, ¿qué pasa con aquellos que sí lo desean? ¿Dónde podemos reunirnos los "infieles"?
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    anónima
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    24/05/2011 - 1:46am
    Lo que la autora llama la "cruzada antitabaco" del "estado paternalista" no es otra cosa que la plasmación de la presión que la ciudadanía ha ejercido para acabar con la falta de consideración que la mayoría de los fumadores tenía por la salud y el bienestar de los que les rodean. El "estado paternalista" es el encargado de velar por que la calidad del aire en los establecimientos públicos sea buena, igual que vela por elaborar normativas de sanidad sobre manipulación de alimentos, salidas de emergencia, etc. y por que se cumplan. Creo que la autora haría bien en tener una visión menos romántica del tabaco, que en la forma en que se vende hoy en día no es una hierba medicinal sino una droga nociva y haría mejor en dirigir sus críticas a la industria tabaquera, que actúa con absoluta falta de moralidad adulterando el producto que vende para convertirlo en un veneno adictivo que mata y enferma a sus usuarios y personas circundantes.
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    anónima
    |
    23/05/2011 - 8:59pm
    Uf, el penúltimo párrafo recoge todas las trolas de la publicidad de los setenta-ochenta. Ahora contracultura es adoptar la oficialidad de antaño. ¡Bien!
  • Foto: Olmo Calvo
    Foto: Olmo Calvo
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