Parece que al hablar de sida nos remitimos sólo a
la tragedia que se vive en África y que los temas
de drogas y marginación quedaron encerrados en
algún fotograma de películas como El Pico (1983).
No obstante, además de los 50.000 muertos por
‘epidemia’ en el consumo de heroína, se estima
que España, delante de Italia y Portugal, tiene la
mayor tasa de infectados por VIH en Europa occidental
(0,7%), y un porcentaje creciente de casos
de sida en migrantes. Carlos Cabezón habló con
DIAGONAL de sida y drogodependencias, con especial
atención a poblaciones excluidas.

- CAMBIO DE ENFOQUE. En Madrid Positivo se defiende a los infectados por VIH y a los
consumidores de drogas, porque entienden que ha habido una persecución social.
Cuando Carlos Cabezón comenzaba
su trayectoria profesional en los años
‘80 como trabajador social, desde la
Administración empezaban a levantarse
las infraestructuras de la red de
servicios generales, aunque la población
de alta exclusión, como la de los
poblados madrileños de La Celsa, La
Rosilla y Las Barranquillas no tenía
acceso a ellos. Ahora, como secretario
general de Madrid Positivo, asociación
que trabaja desde 1997 con
los temas de sida y drogodependencias
en el llamado Cuarto Mundo
(‘sin hogar’, migrantes, prostitutas,
etc.), denuncia que sigue sin existir
la universalización y la accesibilidad
en los tratamientos de drogodependencias.
“Nos movemos hacia el modelo
estadounidense de sanidad,
donde los servicios sanitarios están
privatizados, pero una cosa es clara:
no es posible una sanidad privada segura,
dado que en temas infecciosos
deja fuera a los principales grupos
de riesgo”, subraya.
DIAGONAL: ¿Cuál es la situación
actual de los poblados llamados ‘hipermercados
de drogas’?
CARLOS CABEZÓN: A finales de
los ‘90, la policía estimaba que unas
15.000 personas acudían habitualmente
a los poblados a comprar droga,
ahora estiman que serán unas
3.000. Actualmente, en Madrid,
hay menos poblados dedicados a
la venta masiva de sustancias. En
Barranquillas y Cañada Real Galiana
existe un tráfico ‘mayorista’,
sin menudeo, y por tanto sin concentraciones
de usuarios de drogas. El
descenso de personas consumidoras
en los poblados se debe, en mi opinión,
a que se desarrolló una intervención
sociosanitaria a partir de
1998 (apertura del Centro de Emergencias
de La Rosilla) con objetivos
no solo paliativos, sino terapéuticos.
Esta intervención ha permitido
la salida del poblado de miles de
personas. Hay que señalar asimismo
que en Madrid pervive el consumo
de sustancias por vía inyectada,
mientras que en el resto del estado
ha disminuido y, por ejemplo, se fuman
más ’chinos’.
D.: Vosotros habéis hablado de epidemia
de consumo de heroína en el
Estado español.
C.C.: Las drogas siguen patrones de
expansión epidémicos: a principios
de los ‘80 apenas había heroína y a
finales ya existen hipermercados de
drogas como los de San Blas. Ha habido
unas 50.000 muertes asociadas
a sobredosis de heroína, VIH por
consumo de drogas... El 33% de la
población usuaria de drogas inyectadas
está infectada por el VIH y el
70% por hepatitis C.
D.: ¿Cuál es el número de infectados
por VIH en el Estado español frente
a otros países de la Unión Europea?
C.C.: En el Estado español, donde se
estima que existe la tasa más alta de
población infectada de Europa occidental,
no existe un registro de infectados
por VIH, sólo de las personas
que han desarrollado la enfermedad.
El mensaje desde el Ministerio de
Sanidad es que el sida baja, pero no
se dice que hay más casos de infección
por VIH. Si los enfermos no fallecen
y la enfermedad no se cura, es
imposible que descienda.
Según las estimaciones de ONUSIDA,
un 0,7% de la población española
está infectada, es decir, unas
280.000 personas frente a las 150.000
que reconoce el Plan Nacional de sida
del Ministerio de Sanidad. Desde
Madrid Positivo pensamos que se está
tranquilizando a la población con
un tema epidémico asociado a situaciones
muy íntimas y de consumo de
sustancias.
D.: ¿Cómo se están realizando los
diagnósticos?
C.C.: Sabemos que un 40% de los
nuevos casos tiene un diagnóstico simultáneo
de la infección y la enfermedad,
lo que significa que la gente
se entera muy tarde de que está infectada.
Alrededor también de un
40% de los casos no se está diagnosticando,
porque uno no le habla al
médico de familia de su vida sexual o
del consumo que hace de determinadas
sustancias.
D.: Háblanos de alguno de vuestros
proyectos con drogodependientes.
C.C.: Tenemos un centro médico itinerante,
el MAPI (Móvil de Atención
en Proximidad Integral), con la
Agencia Antidroga, con médicos, psicólogos
y trabajadores sociales que
ofrecen servicios sanitarios y tratamientos
de desintoxicación. También
tenemos tres pisos de acogida
para drogodependientes. Nosotros
trabajamos con programas de sustitutivos,
con metadona.
D.: Algunos especialistas afirman
que la metadona no hace sino enganchar
e intoxicar a los pacientes con
una nueva droga.
C.C.: Hasta un 80% de los pacientes
que se tratan con metadona responden
y mejoran su calidad de vida. El
objetivo es estabilizar a la persona,
que pueda trabajar, tener una vida
familiar. Después, hablamos de desintoxicación.
Las enfermedades no
las producen las drogas, sino el inadecuado
uso de las mismas. Parece
que no existe ninguna cultura que no
haya hecho uso de las drogas. Lo que
mata a la gente no son los sustitutivos,
sino la adulteración y el mal uso.
D.: Trabajáis entonces desde un enfoque
muy pragmático y poco moralista,
para algunos poco moral.
C.C.: Se trata de dejar de ver al drogadicto
como alguien que lo tiene
que dejar, y pasar a respetar su consumo
e intentar desterrar los malos
usos. Se van a poner quieras o no
quieras. Se intentó incluso cercar los
poblados, lo que provocó algunos
suicidios de personas que no aguantaban
el síndrome de abstinencia.
Madrid Positivo es una asociación de
profesionales y afectados que defiende
a los positivos y a los consumidores
de drogas porque entendemos
que ha habido una persecución social.
La moral, en el sentido más católico
del concepto, se lleva muy mal
con los buenos resultados en estas
intervenciones.
D.: ¿Se están aplicando políticas que
hayan asumido este cambio de perspectiva?
C.C.: Sí. Las directrices desde la
UE son las de implementar los
Programas de Reducción del Daño.
Hoy por hoy, Holanda es un modelo
a seguir: fueron los pioneros en
los programas de intercambio de jeringuillas
y en Ámsterdam tienen sólo
un caso de sida infantil, mientras
que en la Comunidad de Madrid han
fallecido 150 niños por sida y se han
infectado más de 200.
D.: Pero el contagio por uso común
de jeringuillas ha descendido, como
ha disminuido bastante el consumo
de heroína y aumentado el de cocaína.
España es el segundo gran consumidor
de esta droga en la UE, después
de Reino Unido.
C.C.: El 95% de los drogodependientes
se ponen con una mezcla
de ambas, lo que debe ser considerado,
según todos los psiquiatras,
como una droga distinta. Nos encontramos
con gente que se enganchó
a la heroína desde su contacto
con la cocaína, que se descontrola
con la cocaína y utiliza el caballo
para bajar el subidón...
D.: ¿Qué acciones y políticas de prevención
se están llevando a cabo desde
el Plan Nacional de Drogas ?
C.C.: El Plan redunda en el mayor
descrédito de las instituciones sanitarias.
Las campañas desacreditan a
los emisores porque no son creíbles.
La única prevención que tenemos es
la de ‘no’ consumas, abstinencia fácil
de predicar y difícil de llevar a cabo.
Se está dejando fuera a la mayoría
de la población. La política preventiva
es muy escasa y no contempla las
campañas específicas.
«El alcohol: la droga oficial del hombre blanco»
D.: ¿Cómo se están relacionando
las diferentes
poblaciones de migrantes
con los consumos habituales
de sustancias en el
Estado español?
C.C.: Hay inmigrantes árabes
cuyo organismo no
está preparado para metabolizar
el alcohol, no poseen
la enzima necesaria
para hacerlo, y la población
latinoamericana también
es especialmente vulnerable
a esta droga. El
alcohol, la droga oficial del
hombre blanco, ya desestructuró
muchas comunidades
nativas con la colonización
americana. Sin
embargo, los latinoamericanos
conocen bien la
cocaína, muy barata en
sus países; los de Europa
del Este conocen la heroína
y no la cocaína; los africanos
apenas tienen experiencias
previas con estas
sustancias... En la actualidad,
el 17% de los pacientes
que tenemos son inmigrantes.
Si las políticas de
prevención con la población
española son malas,
con la población inmigrante
son inexistenten. Harían
falta campañas muy específicas.
Además hay que
tener cuidado con la información
que se da al respecto
para evitar brotes
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