SALUD
Enfermedad como crisis

De la misma manera que la
civilización occidental ha
considerado a la Naturaleza
como algo a dominar
por el ser humano, también la Medicina
occidental ha tendido a tratar
al cuerpo humano como algo a controlar,
como algo erróneo o caprichoso,
que se equivoca cada dos por
tres. Esta concepción del cuerpo como
un enemigo en vez de como un
aliado es antiecológica, y ha supuesto
un flaco favor para la autogestión
de la salud. Nuestro ‘cuerpomente’
es una unidad maravillosa con infinidad

, Médico y miembro del colectivo Sumendi
16/10/06 · 18:27
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De la misma manera que la
civilización occidental ha
considerado a la Naturaleza
como algo a dominar
por el ser humano, también la Medicina
occidental ha tendido a tratar
al cuerpo humano como algo a controlar,
como algo erróneo o caprichoso,
que se equivoca cada dos por
tres. Esta concepción del cuerpo como
un enemigo en vez de como un
aliado es antiecológica, y ha supuesto
un flaco favor para la autogestión
de la salud. Nuestro ‘cuerpomente’
es una unidad maravillosa con infinidad
de recursos internos y externos.
Aprender a aprovecharlos hoy
en día es más fácil debido al desarrollo
de numerosas ciencias y al mayor
acceso que tenemos a las diversas
culturas. El cuerpo se autorregula.
Crece sabiendo ya desde la primera
célula en el vientre de nuestra
madre. Su sabiduría inconsciente
es imparable. Miles de millones de
células se coordinan sabiamente en
órganos, aparatos y sistemas armoniosamente
integrados entre sí.

Aún ignoramos mucho de este funcionamiento
fantástico pero ya sabemos
que nuestro cuerpo produce
innumerables sustancias para su
mantenimiento.
Las enfermedades serían intentos
curativos y los síntomas, los sabios
caminos que el cuerpo elige para
defenderse y curarse. Se calcula
que la mayoría de las patologías que
una persona padece a lo largo de su
vida son autolimitadas, es decir, es
el cuerpo el que se cura por sí mismo,
sin necesidad de intervenciones
técnicas (gripes, dolores de cabeza,
faringitis leves, etc.). Cuando
los sistemas ordinarios de limpieza
(riñones, pulmón, hígado, intestino,
piel, etc.), no dan abasto, el cuerpo
provoca una crisis poniendo en
marcha mecanismos extraordinarios,
generalmente en forma de inflamaciones.
La inflamación (local
o general) es un intento curativo
desencadenado por la sabiduría inconsciente
de nuestro cuerpo. Y
aparecen síntomas de limpieza:
náuseas, vómitos, diarreas, estornudos,
mucosidades, erupciones y
supuraciones, etc. Otros síntomas
son de ahorro de energía o redistribución
de sangre: cansancio, falta
de apetito, palidez, pies y manos frías,
somnolencia, nos molestan los
ruidos y las luces, etc. Si nosotros
no paramos, el cuerpo nos tumba
por fuerza mayor. Tanto en la salud
como en la enfermedad, nuestro
cuerpo dispone de una potente farmacopea
interna. Está repleto de un
sinfín de sustancias, muchas de las
cuales están aún por descubrir.

Sin embargo, este poder no es ilimitado.
Hay numerosas enfermedades
graves, degenerativas o incurables
que ocasionan procesos irreversibles
para las que precisaremos de
intervenciones mayores. De ahí la
necesidad de la medicina, que hoy
podemos hacer más ecológica.

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