MEDICINA PALIATIVA // LA SANIDAD PÚBLICA NO ASEGURA ESTOS SERVICIOS Y CRECE EL NÚMERO DE CENTROS PRIVADOS
Los cuidados al final de la vida

Si bien a veces cuesta creerlo y aún más hablarlo,
según apuntan todos los indicios, lo más probable
es que enfermemos y muramos. Factores como el
progresivo envejecimiento de la población y las
crecientes tasas de cáncer hacen cada vez más necesario
el desarrollo de una medicina paliativa pública
que ayude en la fase final de las enfermedades
terminales. En el Estado español sólo el 25%
de los pacientes oncológicos recibe cuidados paliativos.
Mientras, el sector empresarial ya ha
identificado estos servicios sanitarios como una
gran oportunidad de negocio.

20/10/06 · 19:12
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ENVEJECIMIENTO. En el futuro viviremos más años de vejez que de juventud.

A pesar de que la muerte es connatural
a la vida, la atención al proceso
de morir no ha sido concebida como
área de conocimiento y capacitación
hasta hace muy pocas décadas. La
muerte y el recorrido que lleva
hasta ella eran interpretados simplemente
como el fracaso en la actuación
médica. La muerte digna,
como alternativa a la muerte con un
alto nivel de sufrimiento, es una demanda
que requiere de un cambio
ideológico que deje de considerar
las enfermedades y los fallecimientos
como procesos ajenos, cada vez
más invisibles en la sociedad de la
prolongada juventud.

“Se nos ha usurpado el proceso
de morir, que hace siglos se veía de
forma mucho más natural. Antes la
gente moría en casa y ahora cada
vez se muere más en los hospitales;
ahora tenemos pánico a la muerte e
incluso lo de morirse es visto como
algo vergonzoso”, resume Antonio
Palomar, médico y miembro del colectivo
Sumendi, Asociación por la
Autogestión de la Salud.
El movimiento de cuidados paliativos,
que surge en Gran Bretaña en
la década de los ‘70 y se convierte
en especialidad médica a finales de
los ‘80, es un intento de ‘recuperar la
muerte’. Estos cuidados no prolongan
la vida ni tampoco aceleran la
muerte. Las estrategias propias de la
medicina paliativa, como el adecuado
control de los síntomas y del
dolor, la coordinación de servicios
sanitarios, el apoyo emocional y la
comunicación con los pacientes,
los familiares y los amigos constituyen
el soporte necesario durante
la fase terminal de una enfermedad,
una prestación a la que tendría
que tener acceso cualquier persona.
Y en este punto, una vez más,
comienzan los problemas.

El escaso gasto sanitario público
del Estado español (que entre 1997 y
2001 cayó en más de un punto,
mientras que el sector privado crecía
en la misma medida) ha favorecido
el desarrollo de una red de centros
privados que prestan servicios médicos
paliativos. No hay estudios exhaustivos
al respecto, pero resulta
ilustrativo que la multinacional sanitaria
estadounidense USP haya invertido
más de 240.000 euros (lo que
supera los 40.000 millones de las antiguas
pesetas) en adquirir centros
privados para crónicos en todo el
Estado, o que la aseguradora holandesa
DKV se haga cargo de la gestión
de la atención primaria, especializada
y sociosanitaria del área 12 de
Valencia, que corresponde a Denia.

A juicio de Manuel Martín, el secretario
de la Federación de Asociaciones
para la Defensa de la Sanidad
Pública (FADSP), “se dibujan
de forma cada vez más clara las estrategias
privatizadoras de los gobiernos
de algunas comunidades
autónomas de dejar deteriorarse
una parte de los servicios públicos
que ofrecen oportunidades de negocio
y privatizarlos”. La rentabilidad
está asegurada: aumento previsible
de la demanda en una sociedad que
va a acabar viviendo más años de
vejez que de juventud, y bajos costes
en recursos tecnológicos y personal
especializado.

En lo público, únicamente el 25%
de los pacientes oncológicos recibe
cuidados paliativos, sólo el 56% de
los servicios de oncología dispone
de recursos para ofrecer estos servicios
y un 42% tiene camas específicas
para los mismos, según recoge
el informe Problemas y necesidades
de cuidados paliativos a enfermos
terminales en España, presentado
en septiembre por la FADSP. El cáncer,
aun con estas carencias asistenciales,
es la enfermedad que mayor
atención sanitaria paliativa recibe -el 90% de los pacientes que reciben
cuidados paliativos son oncológicos-,
aunque otras muchas enfermedades
necesitarían de este apoyo en
su fase terminal (enfermedades degenerativas,
cirrosis hepática, enfermedades
respiratorias crónicas, senilidad,
demencia, SIDA, etc.). El
cáncer sigue siendo la segunda causa
de muerte en los países desarrollados.
Según recoge el informe de
la FADSP, en el Estado español, uno
de cada tres hombres y una de cada
cinco mujeres serán diagnosticados
de cáncer en algún momento a lo largo
de su vida.

Aunque los equipos de cuidados
paliativos en hospitales han experimentado
un importante crecimiento
en el Estado español (de 128 en 1998
a 350 en el 2004), persiste el déficit
en la mayoría de las comunidades
autónomas. Las diferencias territoriales
en Unidades de Cuidados Paliativos
por población superan el
80% entre la comunidad que más
unidades tiene, Cataluña con 54, y
la que menos, Galicia con tres.

Asistencia en casa

Con estos datos parece claro que la
mejora de la atención hospitalaria es
fundamental, aunque normalmente
un paciente quiere vivir el proceso
final de una enfermedad terminal en
su casa, rodeado de su gente. La clave
estaría entonces en la atención
domiciliaria y en la primaria: “las
únicas que pueden llevar a cabo esta
prestación, ya que forman parte del
sistema sanitario que llega a todos
los individuos en cualquier zona del
Estado”, de acuerdo con el doctor en
Medicina y miembro del Grupo de
Cuidados Paliativos de la Sociedad
Española de Medicina de Familia y
Comunitaria, Juan Manuel Espinosa.
Los cuidados paliativos en casa
reducen los ingresos hospitalarios,
las visitas a urgencias y acortan
las estancias en los hospitales. Son
más humanos y menos costosos.

No obstante, la descoordinación
es tanta y los recursos tan pocos que,
excepto en Cataluña, estos servicios
médicos domiciliarios son casi inexistentes.
Los presupuestos ya de
por sí reducidos que se dedican a la
atención primaria (alrededor de un
13% del gasto sanitario) no han experimentado
ningún aumento en los
últimos años. Tampoco hay profesionales
suficientes y, además, siguen
existiendo trabas burocráticas
para la utilización de recursos terapéuticos
como los derivados opiáceos.
Con estos mimbres, los llamados
médicos de cabecera, los más cercanos
a los pacientes, parecen estar literalmente
quemados: el 85’7% sufre
desgaste profesional o el denominado
síndrome ‘burn-out’.

En el año 2000, el Consejo Interterritorial
aprobó las bases para un
Plan Nacional de Cuidados Paliativos,
poco más que una declaración
de buenas intenciones, que sólo
quedaría acompañar, según el documento
de la FADSP, de recursos,
protocolos de actuación, coordinación
entre áreas, evaluación de necesidades,
diagnóstico temprano,
formación de profesionales y planes
de prevención e investigación.

Movilizaciones en el hospital Severo Ochoa
_ Los cuidados paliativos
entraron en la actualidad
por la puerta de atrás con
el llamado 'caso Severo
Ochoa', en el que la Consejería
de Sanidad de la
Comunidad de Madrid
acusó a los profesionales
de este hospital público
de causar la muerte a 400
enfermos terminales por la
administración negligente
de sedantes. Siete meses
después, los trabajadores
del Severo Ochoa, apoyados
por una coordinadora
que integra a profesionales
de todos los servicios
sanitarios madrileños, han
planteado diversas medidas
de denuncia por considerar
que el Gobierno
regional, del PP, provocó
deliberadamente la crisis
para desprestigiar a la
sanidad pública. El Severo
Ochoa albergará un
encierro el 14 de noviembre,
apoyado por asociaciones
de vecinos, sindicatos
y partidos de la
oposición y el día 17 la
plantilla del centro está
convocada a una huelga.
Los convocantes también
han anunciado que
demandarán en un futuro
al consejero de Sanidad,
Manuel Lamela, por su
actuación en el caso.

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