A FONDO
El cuerpo, la máquina de trabajo primaria

La separación cuerpo-mente de la tradición grecocristiana desarrollada por Descartes va a servir de coartada ideológica, según Federici, para fundar con violencia una nueva disciplina del trabajo con dos clases sociales emergentes: la capitalista y la trabajadora.

03/07/12 · 9:51
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Desde Platón a Descartes, pasando por Agustín de Hipona (más conocido como San Agustín), el cuerpo y la mente han sido concebidos como entidades separadas; una dicotomía en la que la mente o el espíritu es jerárquicamente superior y somete al cuerpo, que es naturaleza, materia bruta, confinamiento, enemigo...

Este dualismo ha sido criticado desde el feminismo como base de un concepto patriarcal en el que las mujeres son identificadas con el cuerpo y la naturaleza, lo que supone la devaluación de la reproducción y la posición social de las mujeres. La autora de Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria va más allá en esta interpretación y relaciona la separación cartesiana del cuerpo y el alma con la aparición de un nuevo concepto de disciplina del trabajo y con la emergencia de dos clases sociales: la capitalista (que sería la mente del nuevo sistema burgués) y la trabajadora (el cuerpo, las manos de este régimen). “La figura del filósofo, especialmente en los siglos XVI y XVII, estaba muy cerca de la formulación de las políticas estatales”, señala Federici.

Según esta profesora y militante feminista, el nuevo concepto de disciplina del trabajo, disciplina sobre el cuerpo, está estrechamente relacionado con la introducción del salario que fija a los trabajadores al territorio. “El trabajador asalariado es propietario de su propio cuerpo. Ya no es más un siervo controlado por el señor. Es un hombre libre. Puede venderse a sí mismo porque se posee a sí mismo. Esto obliga a tener una relación dual y disociada con el propio cuerpo, te separas de él como algo que puedes vender. Hay una escisión psicológica entre el cuerpo y la mente del trabajador que ahora mira a sus energías y su realidad corporal como algo que puede gestionar, desarrollar, algo con lo que puede negociar. Es un modelo de disciplina que viene a decir que la mente tiene infinitas posibilidades y que tiene que romper con el cuerpo, que es animal y limitado. Con nuestra mente podemos superar las limitaciones del cuerpo, podemos disciplinar nuestros cuerpos, romperlos y hacerlos trabajar. En definitiva, transformar el cuerpo en medio de producción, máquina de trabajo primaria, en mano de obra”.

La alienación del cuerpo caracterizará en adelante la relación entre el capitalista y el obrero (lasmujeres son excluidas del trabajo asalariado y visible), aunque haría falta un largo proceso y la introducción de “leyes sangrientas” contra los vagabundos para fijar a las personas a los trabajos que se les habían impuesto, subraya la investigadora en su último libro. Parece que durante los siglos XVI y XVII el odio al trabajo asalariado era tan intenso que muchos preferían terminar en la horca que subordinarse a las nuevas condiciones laborales.

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Foto: Olmo Calvo.
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