El cambio psicológico I

¿Hasta qué punto podemos mejorar?
Los humanos tenemos
una gran capacidad de adaptación
a condiciones de vida adversas.
Niños que estuvieron en
campos nazis y perdieron a sus seres
queridos tuvieron después vidas
muy satisfactorias. A menudo sobrevivimos
con dignidad a graves accidentes
y traumas infantiles. Somos
resistentes, tenemos una gran capacidad
de aguante. Disponemos de
cualidades muy valiosas: inteligencia,
intuición, empatía, etcétera.
Nuestra autoestima colectiva parece

, Médico y miembro del colectivo Sumendi
29/05/08 · 0:00
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¿Hasta qué punto podemos mejorar?
Los humanos tenemos
una gran capacidad de adaptación
a condiciones de vida adversas.
Niños que estuvieron en
campos nazis y perdieron a sus seres
queridos tuvieron después vidas
muy satisfactorias. A menudo sobrevivimos
con dignidad a graves accidentes
y traumas infantiles. Somos
resistentes, tenemos una gran capacidad
de aguante. Disponemos de
cualidades muy valiosas: inteligencia,
intuición, empatía, etcétera.
Nuestra autoestima colectiva parece
haber aumentado a través de los siglos.

El psicólogo Martin E.P. Seligman
ha señalado que en los tiempos
bíblicos la gente no confiaba tanto
en la capacidad de cambiarse a sí
misma. Cuando un personaje bíblico
hace algo extraordinario, no lo hace
tanto porque lo haya decidido por su
propia voluntad sino por intervención
divina. Hoy somos muchos los
que pensamos que podemos cambiarnos
a nosotros mismos y al mundo.
Y esto no sólo se debe a que algunas
psicoterapias o libros de autoayuda
nos prometan el oro y el moro
y nos hagan creer que podemos
cambiar cualquier cosa, sino a la suma
de muchos cambios y conquistas
sociales de los últimos siglos.
Pero ¡ojo!, además de potencialidades
tenemos también serias limitaciones.
Algunos opinan que los
humanos no somos realmente libres
ya que nuestros condicionantes
orgánicos, como los genéticos y
psicosociales, como la educación,
nos determinarían casi totalmente.

Pero la mayoría de autores confía
en la libertad humana. Una de las
cualidades propias del género humano
es la voluntad. Y la conciencia,
que es un saber al cuadrado:
saber que se sabe y saber que no se
sabe. Por mucho condicionamiento
biológico, del inconsciente y cultural
que tengamos, la última palabra
siempre la tendremos nosotros mismos.
José Antonio Marina en su libro
El laberinto sentimental, señala
que ‘temperamento’, ‘carácter’ y
‘personalidad’ son términos que en
castellano se suelen usar como sinónimos,
pero hay expertos que los
matizan. El temperamento sería la
parte biológica de nuestra personalidad,
lo que no podemos cambiar
porque depende de nuestros genes
y nuestra constitución (la anatomía
encefálica, el cableado de las neuronas
cerebrales...). Y a modo de
muñecas rusas, el carácter incluiría
lo biológico pero añadiría lo adquirido,
las conductas aprendidas
(buenas o malas). La personalidad
sería la suma del carácter más lo
que de genuino, auténtico e irrepetible
tiene cada cual. Y ahí reside la
voluntad consciente, el libre albedrío
que decían los clásicos. En la
próxima entrega apuntaremos algunas
claves para el cambio y el
crecimiento personal.

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