ANÁLISIS // CONSTRUCCIÓN DE JUGUETES SEXUALES
Bricolaje sexual: el placer del ‘hazlo tú misma’

Tecnología doméstica, manualidades y saberes sin
derechos de autor para crear juguetes sexuales que
escapen a la lógica totalizadora del mercado. Éstos son
los ingredientes de los talleres de bricolaje sexual.

10/07/08 · 23:49
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MANUALIDADES. En los talleres impartidos en centros sociales y culturales las participantes aprenden a autoconstruir sus juguetes.

Me parece muy desacertado
que el Ayuntamiento
con el dinero de
todos los contribuyentes
organice un taller para construir
juguetes de uso sexual, tales como
vibradores, bolas chinas, y demás
aparatos. ¿A dónde vamos a llegar?”.
Así comenzaba la carta de un lector
del Diario Vasco al informarse de que
su Ayuntamiento, en el marco de las
actividades de celebración del 28-J,
Día por la Liberación Sexual, organizaba
un taller para construir juguetes
sexuales, en este caso, dildos.

Con un programa bastante amplio
para el Día del Orgullo, que incluía
exposiciones, conferencias sobre el
rol de las lesbianas, conocimiento de
la teoría queer y un concierto de
Chico Chica, lo único que molestó al
lector fue el taller de dildos. Parece
que el problema del señor es que no
sabe a dónde vamos a llegar con este
tipo de aparato en mano...
Otra es la perspectiva de las participantes.
“A partir de ahora, me ha
cambiado la mirada”, nos dijo una
participante, “¡me parece que el
mundo está lleno de juguetes potenciales!”.
Éste es el efecto bricolaje,
una mirada que contempla un mundo
abierto, lleno de potencial placentero,
de materiales para jugar,
‘hackear’, cambiar el sitio para disfrutar
y aprender.

Bricolaje sexual es un proyecto de
autoconstrucción de juguetes sexuales,
donde se encuentran la sexualidad,
las manualidades y el ‘hackeo’
de tecnología doméstica. Estos tres
campos, que tienen en común su naturaleza
manual, inventiva, libre e
imaginativa, han sido víctimas del
capitalismo y de las fuerzas agresivas
de su mercado.

Uno de los ejes del proyecto es la
sexualidad. Aquí nos sentimos restringidas,
preprogramadas, consumiendo
una sexualidad estándar
que viene definida por las industrias
de la imagen, del porno, de la
religión. El uso de objetos de placer,
antiguo como el mismo coño
de la madre, ha sido a lo largo de la
historia reprimido por un machismo
cobarde, temeroso por su lugar;
ha sido medicalizado para curar
padecimientos femeninos como la
histeria (trastorno del histerus, el
útero) o la ninfomanía (furor úterino);
ha sido ridiculizado como consuelo
de solteronas, ha sido escondido
detrás de la cortina del sexshop
y vigilado por un dependiente
baboso en un ambiente sórdido.
Con el avance imparable del capitalismo,
el mercado de los juguetes
fue descubierto como un mercado
aún no saturado, y en los últimos
años ha crecido la variedad y se ha
ampliado la imagen de estos productos
para llegar a un público más
convencional. Con el doble filo de
legitimar y extender un poco su
uso, los juguetes también están en
mano de las grandes multinacionales,
y lo que ganamos en legitimidad,
perdimos en consumismo.

Por otra parte, las manualidades,
un saber tradicionalmente femenino,
de código abierto, sin derechos
de autora, han sufrido múltiples ataques
del capitalismo, pero también
desde algunos movimientos feministas
que lo consideraron un símbolo
de la mujer no emancipada, de nuestras
abuelas, trabajando sin reconocimiento
y tomadas por supuesto.
Por parte del mercado, la producción
masiva y explotación de mano
de obra y de recursos naturales del
planeta ha bajado el precio del producto
final de una manera que convierte
el producto hecho a mano en
mucho más caro que el más producido.
La publicidad agresiva y la cultura
de marcas conducen a la gente
a preferir ropa de una marca prestigiosa,
con imagen elaborada para
construir su identidad.

La tecnología doméstica se aleja
cada vez más de sus usuarias. No sólo
por los grandes avances tecnológicos
sino, también, por una voluntad
explícita de fabricar objetos de
usar y tirar, para seguir alimentando
la maquina de sobreproducción
(aquí también, explotando planeta y
personas). Si en el pasado se fabricaban
objetos con garantía de por vida,
ahora se fabrican, expresamente,
objetos que duren el tiempo mínimo
que satisfaga a la consumidora.
Las usuarias, y sobre todo las mujeres,
padecemos de tecnofobia, un
miedo a nuestros aparatos, un temor
de no hacerlo bien y de romperlo,
aunque esté ya roto. En este sentido,
el arte de reparar un electrodoméstico
está tan perdido como el de remendar
un calcetín.

Como proyecto, no abogamos por
ningún tipo específico de sexualidad,
no decimos que se folla mejor con
nuestros juguetes, no recomendamos
reemplazar tus amantes por pilas
recargables, o tus juguetes favoritos
por verduras. Lo único que queremos
es jugar, probar, inventar
nuestro propio placer, entender un
poco mejor la tecnología que nos rodea
y penetra, hacer uso de nuestra
imaginación y creatividad.
En los talleres se construye toda
una variedad de juguetes: dildos, vibradores,
bolas chinas, mini vibradores,
juguetes anales, etc., todos hechos
de una combinación de materiales
reciclados y materiales seguros
e higiénicos. En julio habrá talleres
en la Universitat Lliure d’Estiu,
una iniciativa de educación libre en
Barcelona. El proyecto tiene su cede
en el CSOA La Teixidora, en Poble
Nou, Barcelona.

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comentarios

1

  • |
    Marta9234
    |
    20/08/2015 - 4:31pm
    Lo que me parece algo totalmente disparatado es que, en pleno siglo 21 haya gente que se extrañe de un simple juguete sexual y, sin embargo le parezca normal las barbaridades a las que estamos sometidos todos los días en los telediarios. No hay nada más natural que el cuerpo humano y el sexo. Acaso es natural las bestialidades que salen en los noticiarios? De eso no se queja el lector... se tiene que quejar de lo que es natural y proporciona placer. Más sexo y menos guerras XD. Gracias.&nbsp; Podeís visitar mi web: <a href="http://decoracion-de.com/">http://decoracion-de.com/</a> no tiene nada de sexo ;-) por si se molesta el lector.
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