SEXUALIDAD | Masturbación infantil: cosquillas, fantasía y deseos.
“Aún hoy, chicos y chicas reaccionamos de forma diferente frente a la masturbación”

Entrevistamos a las autoras del libro ‘Pesigolles’ (cosquillas), una historia apta para todos los públicos que aborda la sexualidad infantil femenina.

, Barcelona
29/11/12 · 10:39
Edición impresa

Texto de Aida I. de Prada

Alba Barbé, educadora social y antropóloga, y Sara Carro, educadora y facilitadora especializada en procesos de grupo y género, son las autoras de Pesigolles (Edicions Bellaterra), ilustrado por Nuria Fortuny. Una historia sobre la importancia de los deseos, las fantasías y las posibilidades del autoplacer que no limita su público por la edad sino que, tal y como explican las autoras, está pensada para todo el mundo.

Barbé y Carro, con experiencia en talleres sobre sexualidad y prevención de violencias de género, se sirven de la metáfora para abordar la masturbación infantil femenina, aunque no por ello dejan de nombrarla; eso sí, con delicadeza y con la misma naturalidad con la que se podría hablar de la receta de un pastel.

DIAGONAL: Me parece muy valiente y necesaria vuestra apuesta por romper el tabú de la masturbación infantil. Sin embargo, me ha llamado la atención que ni en la contraportada del libro ni en su difusión aparece esta palabra. ¿A qué se debe?

ALBA BARBÉ: La metáfora cumple una doble función: por un lado, abre otras posibilidades interpretativas a través no sólo del lenguaje sino de la imagen, dando lugar a otras interpretaciones y viajes posibles de la persona que lee el cuento, adulta o no. Por otro, prepara el terreno para la situación que ocurrirá: nombrar aquello que es innombrable. La masturbación es algo difícil de nombrar, incluso para nosotras mismas, y que genera resistencias. No queríamos hacer contraportada precisamente para que fuese un libro de difusión “convencional”: que cualquier persona pudiese ir a la librería y cogerlo simplemente por las ilustraciones o el título y así llegar a un público más amplio y no sólo al concienciado pedagógicamente. Pero la editorial nos obligó y nos vino el dilema.

SARA CARRO: Estoy de acuerdo con Alba: una de las razones por las que quizá no se nombre en la contraportada es porque también a una parte de nosotras le cuesta decir masturbación; pero, por otro lado, nos parece importante que sea nombrada dentro del cuento. A la vez, lo que hace Ira –la protagonista– es masturbarse desde nuestro vocabulario, o desde el punto de vista de un adulto. El hecho de nombrar es importante, pero el cuento habla de la sexualidad mucho más allá de la masturbación. Son experiencias, fantasías, deseos y masturbación... porque lo digo yo, no porque sea así.

A.B.: Es tan válida nuestra percepción de la masturbación y experimentación corporal como la percepción que tiene la Tona –un personaje– cuando dice que ella también ha hecho eso. Ella no se está masturbando, quizá porque todavía no conoce la palabra. Decir que el cuento iba sobre este concepto en concreto obvia que la sexualidad es mucho más amplia y, además, de este modo se preparaba el terreno para abrir el cuento con tranquilidad.

D.: ¿Cómo surgió la idea de hacer este cuento?
S.C.: Un poco del enfado, de talleres con padres y madres y, sobre todo, en colegios e institutos al ver cómo, todavía hoy, chicos y chicas reaccionamos de forma tan diferente en torno a temas relacionados con la sexualidad y, en particular, con la masturbación. Hacemos una dinámica en secundaria y bachillerato en la que las personas van diciendo cosas que les interesan y la gente que sintoniza con lo que se ha dicho se levanta y se cambia de sitio. Cuando se proponía el tema de la masturbación, me atrevo a decir que en el 98% de los casos lo hacían chicos; y de las personas que se levantaban cuando se decía “que se cambie de sitio quien se ha hecho una paja”, el 93% también. Hay tanta invisibilidad de la sexualidad de las mujeres que nos apetecía abordar el tema de la masturbación y nos parecía muy importante que la protagonista fuese mujer.

A.B.: A Sara le sale del enfado y a mí de la ilusión. De la ilusión de poder hablar de cosas relacionadas con la sexualidad con niños y niñas y del reto de abordarlo en un lenguaje adaptado a diferentes etapas cognitivas y que, por tanto, pudiese abarcar el máximo número de personas en diferentes momentos de sus vidas.

D.: ¿Cómo fue el proceso de creación del libro?
S.C.: Teníamos muchas ganas de explicar una historia que fuese propositiva, que no partiese de la queja. Hay muchos cuentos no sexistas que empiezan con “Carlota era una princesa a la que no le gustaba estar esperando al príncipe y ni peinarse, sino que le gustaba...”. La idea era que fuese un cuento que hablase directamente de otra realidad y que no se entretuviera en quejarse de lo que no mola. El proceso de creación pasó por un montón de experiencias, preguntamos a mucha gente de diferentes edades cuál era su primer recuerdo de autoplacer.

A.B.: Hemos explorado este campo con adolescentes en los talleres que realizamos con Fill a la Agulla [cooperativa de iniciativa social con sede en Barcelona]. Al mismo tiempo hemos pasado por un proceso de autocreación muy enriquecedor vinculado al mundo clown.

S.C.: Alba tiene una payasa,y yo otra, que se encontraban y empezaban a hablar. Así salió, por ejemplo, el tema de las sombras que luego incorporamos en el cuento.

D.: ¿Qué aporta este libro?
S.C.: Entre otras cosas, a una persona adulta le aporta el pretexto para hablar de cosas que nos resultan difíciles, hacer preguntas abiertas o tener un diálogo a través de dibujos.

A.B.: Para niños y niñas, y aunque no pretende en concreto ser un cuento didáctico ni pedagógico, a medio plazo sí que hablamos de varios niveles en los que puede prevenirse la violencia de género, además de ser una herramienta para que la persona pueda desarrollar de manera más saludable procesos de autoconocimiento en torno a su cuerpo, emociones y sensaciones. Además, aporta recursos para que la persona pueda conocer mejor y de una manera más respetuosa los límites de su cuerpo, sus deseos y fantasías; y que con el conocimiento de sus límites y también con la proyección de las propias fantasías, pueda prevenir situaciones interrelacionales de violencia en torno al propio cuerpo y de violencia en las relaciones interpersonales.

S.C.: También hace de contrapeso: una de las ideas clave era crear una historia que simplemente, por el hecho de ser creada, se estuviera cargando un tabú que sigue muy presente. Para la persona que esté practicando la masturbación, o no, ver que hay una historia impresa en papel y que habla de esto quiere decir que de alguna manera es importante y que existe en el mundo: el tabú queda un poco roto.

NI INCITAR NI REPRIMIR: EL PAPEL DE LOS PROGENITORES

La masturbación infantil es una práctica muy común que se da incluso entre bebés de pocos meses, independientemente del sexo: “Para el niño es algo completamente normal, como frotarse los ojos si le pican. Simplemente se acaricia en una zona que le da placer”, explica el sexólogo y psicólogo clínico Esteban Cañamares. Miembro del Colegio de Psicólogos de Madrid, Cañamares recomienda dar a niños y niñas una serie de pautas de comportamiento —lavarse las manos antes y después, la idea de que no es algo para hacer en público— pero sin reprenderles, ya que “si reaccionamos con alarma estamos transmitiendo la idea de que el sexo es algo malo o sucio, cuando es completamente natural”. Cañamares cree que, además, puede ser un buen momento para explicarles que nadie tiene derecho a tocar sus partes íntimas sin su consentimiento y prevenir así futuras situaciones de acoso.

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comentarios

1

  • |
    unx
    |
    09/02/2013 - 9:16am
    Aquí se puede leer online
  • Alba Barbé y Sara Carro, especialistas en sexualidad y género. / Aida I. de Prada
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