De la ’dependencia’ a la vida independiente de las personas con diversidad funcional
En los arrabales de la ciudadanía

Volvemos sobre el tema de la ’dependencia’ para pensar en cómo dotar de derechos a tres colectivos interdependientes que sufren una triple desigualdad: las personas con diversidad funcional (mal llamadas ’personas con discapacidad’), las mujeres del entorno familiar que prestan asistencia no remunerada y las inmigrantes que trabajan en el ámbito de la atención personal.
Texto de Asun Pié y Antonio Centeno, coordinadora y coautor del libro 'Deconstruyendo la dependencia: propuestas para una vida independiente'.

24/09/12 · 0:00

En los arrabales de la ciudadanía, lejos de las rutilantes avenidas de hombres blancos heterosexuales, cristianos de entre 25 y 40 años con cuerpos danone, se acaban entrelazando y retroalimentando injusticias, precariedades, desigualdades y, en definitiva, toda la pléyade de miserias que produce la ausencia de un ejercicio efectivo de los derechos humanos. Es necesario identificar y visibilizar las estructuras y dinámicas que subyacen en estas redes de la penuria para combatirlas eficazmente. Si los diferentes grupos humanos que están atrapados en una misma malla de ignominia no son conscientes de ello, es fácil que intenten zafarse sin tener en cuenta las consecuencias que sus acciones puedan tener sobre los demás damnificados. O, peor aún, a veces la legítima liberación puede llegar a intentarse aun a sabiendas de que se hace a costa de la libertad y de los derechos de otros. Sin embargo, un conocimiento profundo de los mecanismos de opresión que operan sobre los diferentes colectivos atrapados en una misma red, debería persuadirlos de evitar caer en la tentación del “sálvese quien pueda”, porque lo cierto es que la emancipación liberadora o se produce conjuntamente o nunca llegará – ni ética ni socialmente - a buen puerto.

Un ejemplo paradigmático de estas situaciones de desigualdad múltiple es el que ha puesto sobre el tapete la reciente legislación sobre autonomía personal. En diciembre de 2006 se aprobó la Ley de autonomía personal, y a finales de 2007 la Ley de servicios sociales de Catalunya. Ambas debían materializar una serie de herramientas sociales que permitiesen destejer una de las redes de miseria más amplias, tupidas y férreas que atenazan nuestra sociedad: la dependencia. Aquí, los principales grupos humanos entrelazados por la falta de un ejercicio efectivo de sus derechos humanos son:

- Las personas con diversidad funcional que necesitan apoyos humanos y tecnológicos para desarrollar sus actividades cotidianas. Más allá de la mera supervivencia que puedan proporcionar los servicios institucionalizadores (residencias, centros de día, servicios de ayuda a domicilio), aspiran a la emancipación, a la plena participación social en igualdad de oportunidades, con apoyos como la autogestión de una asistencia personal y tecnológica.

- Las personas –muy mayoritariamente mujeres- que prestan asistencia no remunerada en el ámbito familiar. Más allá de los ’respiros’, las palmaditas en la espalda y las limosnas de mala conciencia, aspiran a recobrar por completo su libertad. Bien para dedicarse a otras cosas o bien para seguir prestando asistencia, pero en un marco de garantías laborales acorde a la Europa del siglo XXI y no en el régimen de semiesclavitud en el que actualmente sobreviven.

- Las personas –muy mayoritariamente mujeres y, encima, inmigrantes- que trabajan en el ámbito de la atención personal. Más allá de perpetuarse en la precariedad de la economía sumergida, aspiran a unas condiciones laborales dignas que les permitan desarrollar con normalidad su actividad profesional.

Con semejante elenco de protagonistas y la pesada carga que arrastran en sus respectivas historias colectivas, se hace difícil saber quién contagió su déficit de ciudadanía a quién, pero el caso es que o se articulan instrumentos sociales que permitan hacer efectivos los derechos y las libertades fundamentales de todos ellos o el caldo de penurias en que cuecen se hará más y más espeso, más y más pegajoso.

Atrapados entre los gulags de la izquierda y el mercantilismo de la derecha, vemos cómo la interdependencia de los derechos humanos de los tres colectivos enredados en una suerte de triple desigualdad –personas con diversidad funcional, mujeres del entorno familiar, mujeres inmigrantes- requiere de un abordaje nuevo, que huya del “sálvese quien pueda” y se articule entorno al ejercicio efectivo de los derechos y libertades fundamentales de todos los implicados. Y el impulso primigenio para ese nuevo abordaje debe llegar desde los movimientos sociales que involucran fundamentalmente a las personas con diversidad funcional, a las mujeres y a la clase trabajadora. Los partidos políticos, seguramente, se sumarán algo después.

Sin duda, una referencia clave para vislumbrar cómo estructurar respuestas basadas en la interdependencia de los derechos humanos es la vía de la asistencia personal y tecnológica. Esta permitiría que las personas con diversidad funcional pudieran hacer vida independiente, las mujeres pudieran recobrar íntegramente su libertad y las personas que trabajan en el sector tuvieran unas condiciones laborales dignas.

Presentación del libro recién editado por la Universitat Oberta de Catalunya Deconstruyendo la dependencia: propuestas para una vida independiente

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