MAYORES | Enfermedad, crisis económica y de cuidados
Alzhéimer, paradojas de la desmemoria

Empobrecimiento, estigma social, enfermedades degenerativas como el alzhéimer: que vivamos más no significa que lo estemos haciendo con una mayor calidad.

21/11/12 · 12:54
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La Sociedad Española de Neurología (SEN) calcula que la enfermedad de Alzhéimer presenta ya unos 800.000 casos en el Estado español, lo que afecta al 10% de las personas mayores de 65 años y al 30% de las mayores de 85 años. De acuerdo con organismos oficiales, como la ONU o Alzheimer’s Disease International, en torno a 35,6 millones de personas mayores sufrían algún tipo de demencia relacionada con la vejez en todo el mundo en el año 2010, y esta cifra podría duplicarse cada diez años. De forma más concreta, en Andalucía las muertes por demencia senil se presentaban como el 6,6% del total de la mortalidad en los últimos cuatro meses de 2011.

En las sociedades occidentales técnico- científicas, la mayor longevidad de sus poblaciones se alaba como un gran logro y se muestra como una evidencia causal de desarrollo, a pesar de que la realidad se torne más compleja si añadimos otros factores al análisis. Esta mayor longevidad no ha sido acompañada de una mayor calidad de vida en la ancianidad. No son pocos los estudios que señalan el paulatino empobrecimiento de las personas mayores a nivel global, la estigmatización y la escasa estima social de este colectivo, principalmente por las lógicas productivistas, o el aumento de personas enfermas y dependientes con edad avanzada.

Hasta la fecha, el alzhéimer no tiene causa reconocida y las investigaciones que se realizan van más encaminadas a buscar causas genéticas o algún medicamento milagroso que a buscar causas más relacionadas con problemas ambientales, alimenticios o sociales.

Detrás de estos análisis, sin embargo, se esconden una serie de desigualdades estructurales que reflejan que la crisis de cuidados se torna más hostil con las personas mayores, sus cuidadoras y sus necesidades. Las mujeres son las mayores afectadas por problemáticas relacionadas con la vejez. “Las mujeres mayores viven más, pero están más solas, son más pobres y tienen peor salud”, destacan desde el Instituto de la Mujer. El 69% de la población con alzhéimer son mujeres, como también lo son el 70% de personas que las cuidan. La precarización laboral (por no decir vital) de las internas inmigrantes sin papeles que realizan trabajos domésticos es prácticamente exclusiva de las mujeres. Resultan datos paradójicos cuando son ellas las que siguen aportando socialmente los elementos fundamentales para garantizar la calidad de vida.

Dependencia y crisis

La coyuntura actual no ayuda a eliminar estos problemas, sino que más bien viene a incrementarlos: los recortes en la Ley de la Dependencia disminuyen la ayuda a personas cuidadoras y el sistema de Residencias y Estancias Diurnas tiende a la concertación público-privada o a la privada directamente, con la consiguiente dificultad de acceso de las personas con rentas bajas a estos servicios. Los efectos de la crisis están generando asimismo nuevas situaciones hasta ahora desconocidas, como la reagrupación de las familias en torno a alguna persona mayor y a su mínima pensión económica (en ocasiones personas dependientes con serias dificultades para que les cuiden) o la existencia de familias desahuciadas a cargo de personas mayores con demencia.

Para la UE, el 2012 es el Año Europeo del Envejecimiento Activo y la Solidaridad entre Generaciones. Dos desafíos surgen en este sentido. De un lado, los movimientos sociales más críticos y con un amplio nivel de conciencia sobre problemáticas sociales suelen atender poco a los asuntos relacionados con las personas de edad avanzada, más allá de la privatización de las pensiones o el aumento de la edad de jubilación. Además, como señala Carlos Taibo, los últimos grandes movimientos como el 15M o el 25S están compuestos eminentemente por personas jóvenes con escasa intergeneracionalidad. La diferencia de acceso a las nuevas tecnologías entre la gente joven y la mayor deja fuera, asimismo, a mucha gente del segundo rango de edad con dificultad de acceso a ordenadores y redes sociales como Facebook o Twitter.

De otro lado, los colectivos de personas mayores o que representan de algún modo los intereses de esta población (como asociaciones de familiares de alzhéimer o de cuidadoras) no suelen realizar un análisis de la realidad y las actuaciones entendidas de manera holística y con compromiso social, por lo que muchas veces ejercen un papel asistencialista y poco movilizador, salvando excepciones como los yayoflautas, las trabajadoras domésticas y cuidadoras organizadas en Territorio Doméstico, algunos casos de autogestión o los mayores ‘okupas’ en su hogar en el centro de Berlín.

Una vez escuché decir a un viejo anarquista que el primer paso para luchar es tener conciencia. El alzhéimer trae así una nueva paradoja. Uno de los primeros y más flagrantes síntomas de la enfermedad es precisamente la pérdida de conciencia de la realidad, lo que convierte a la persona en dependiente. Con estos mimbres sólo queda una pregunta: ¿quién debe tomar la conciencia luchadora de las personas que han perdido la conciencia? Suponemos, por lo atareada que está en otros menesteres, que no será la Unión Europea.

INFORMACIÓN PARA AFECTADAS Y CUIDADORAS


Por Paulino Ramos

Factores de riesgo de la enfermedad

EDAD. Existe una mayor probabilidad de sufrir la enfermedad en edades avanzadas. No obstante, el alzhéimer conocido como ‘presenil’ afecta a personas de entre 30 y 50 años.

GÉNERO. Hay mayor prevalencia entre las mujeres. Una de las hipótesis es que se debe a que las mujeres viven más años.

FACTORES GENÉTICOS. La presencia del alzhéimer en familiares multiplica el riesgo de aparición en dos o tres veces, aunque no es concluyente.

CONDICIONES MÉDICAS. Las lesiones craneales, altos niveles de colesterol, hipertensión y la falta de vitamina B12 están relacionadas. Las personas con síndrome de Down que superan los 40 años de edad suelen padecer esta enfermedad.

ACTIVIDAD MENTAL Y EDUCACIÓN. Algunos estudios señalan que unos niveles intelectuales más activos previenen su aparición.

FACTORES AMBIENTALES. Se han realizado pocos estudios en torno a las condiciones del entorno. Se sugiere como perjudicial la presencia de toxinas, algunos metales o campos electromagnéticos.


LOS PELIGROS PARA LAS PERSONAS QUE CUIDAN

Desde los primeros despistes hasta la dependencia física de las últimas fases, las personas con alzhéimer necesitan a otras para las actividades cotidianas. El perfil de la cuidadora suele ser la de una familiar de 40 a 65 años. No pocas veces, estas personas se dedican en exclusiva a cuidar a la persona enferma, acarreando en muchas ocasiones problemas físicos, como dolores articulares, cansancio, insomnio; o psicológicos, como depresión o ansiedad. El cuidado del alzhéimer es si cabe más severo cuando las relaciones de cuidado se establecen en el seno familiar; no es fácil asumir que un padre o una madre se olvide de su propia descendencia. Evitar lo que se ha dado a conocer como el Síndrome del Cuidador (curioso nombre cuando casi todas son mujeres) depende en gran medida de la capacidad de éstas para conciliar equilibradamente los cuidados con el resto de facetas vitales, de una red social de apoyos amplia y de unos recursos institucionales asequibles y adaptativos.

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