Contaminación
Correr contra el aire

La contaminación urbana afecta al cuerpo de quienes deciden hacer ejercicio en la ciudad, ya sea salir a correr o utilizar la bici.

02/01/16 · 8:00
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Sales a correr por la ciudad para despejarte y porque has notado que te sienta bien hacerlo. También has decidido moverte en bici siempre que sea posible, aunque la ciudad en la que vives no está especialmente diseñada para permitir una circulación fluida a pedales.

No eres deportista ni pretendes obtener marcas o competir, pero sí quieres hacer algo de ejercicio sin que suponga un gran esfuerzo, integrándolo en tu día a día. Además, te gusta la idea de no contribuir a ensuciar más el espacio en el que vives.

Pero en los últimos días has notado que se te irritan los ojos, que respiras con dificultad y que toses cuando terminas de correr. Pueden ser algunos de los efectos directos sobre el cuerpo que provoca la contaminación del aire en las grandes ciudades, debidos a la concentración de toxinas derivadas de la combustión de carburantes que producen los medios de transporte.

Al realizar deporte o un esfuerzo físico en un entorno urbano con aire contaminado, esos efectos son más notables, ya que se respira y consume más, hasta un 20%, que cuando se está en reposo.

"Cuando haces ejercicio, respiras más veces por minuto, entra y sale más aire, pero eso no justifica que no vayas a hacer deporte. El sedentarismo es un factor de riesgo cardiovascular más importante que el tabaco, la hipertensión o la diabetes", explica a Diagonal Pilar Martín Escudero, médico especialista en Medicina del Deporte y profesora de la Universidad Complutense de Madrid.

"Si ya pasamos 24 horas en una ciudad que está contaminada, todo lo que hagamos estará marcado por eso. No hay que caer en la idea de que correr o ir en bicicleta es peor que no hacerlo"

Coincide en esa misma valoración Mariano González, portavoz de Ecologistas en Acción, quien aconseja no dejarse llevar por el alarmismo y apela a un argumento de un realismo inapelable: "Si ya pasamos 24 horas en una ciudad que está contaminada, todo lo que hagamos estará marcado por eso. No hay que caer en la idea de que correr o ir en bicicleta es peor que no hacerlo. Quienes más se contaminan son los propios automovilistas si están más de media hora en un atasco, dentro del coche".

Algunos síntomas de que la contaminación atmosférica de la ciudad está afectando al cuerpo mientras se hace deporte son, según Martín Escudero, la falta de entrada de aire de manera regular y la sensación de pitidos en los oídos. La exposición prolongada a la polución del aire puede ocasionar repercusiones sobre los aparatos respiratorio y cardiovascular.

En el primero se dan problemas pulmonares como la inflamación de aquellas partes por las que circulan los óxidos de nitrógeno al respirar. Durante el esfuerzo físico se puede llegar a multiplicar hasta por cuarenta la ventilación, lo que suele hacerse abriendo la boca. Al respirar de este modo se pierde el filtro natural que suponen los pelos y la mucosa de la nariz, y las partículas acceden directamente por la garganta a los pulmones.

"La incidencia de asma, ya sea por esfuerzo o alérgico, es muy alta y cada vez más frecuente por la vida en las ciudades"

Martín Escudero también apunta al riesgo de sufrir asma o alergia, relacionado con el polvo, el polen y otras partículas en suspensión que componen, junto a oxígeno y dióxido de carbono, el aire contaminado en una gran ciudad.

"La incidencia de asma, ya sea por esfuerzo o alérgico, es muy alta y cada vez más frecuente por la vida en las ciudades. Las partículas de dióxido de carbono que desprenden los coches se unen muchas veces a las partículas de polen y hacen que sea más peligroso por la posibilidad de sufrir un asma. El asma alérgico es por reacción y el asma de esfuerzo es porque entra el aire frío y contaminado y se produce la activación de una célula, el mastocito, y la vasoconstricción", resume.

En cuanto al daño cardiovascular, la doctora indica que "cuando hay más monóxido de carbono, aumenta la carboxihemoglobina acumulada en el cuerpo, al que le cuesta desprenderse de ella". Con la contaminación, la circulación sanguínea se ralentiza y no fluye como debería, lo que puede ocasionar trastornos a largo plazo.

Para que correr o circular en bicicleta por la ciudad no se conviertan en actividades nocivas para la salud, González recuerda que es conveniente tomar ciertas precauciones para que la contaminación afecte en la menor medida posible, como evitar lugares próximos a vías con alta capacidad, por la intensidad del tráfico. "La clave está en no ir asfixiado, con una tasa de respiración muy alta", recomienda.

'Footing' de noche

La hora a la que se realiza la actividad deportiva en la calle tiene también mucha importancia para conseguir ese objetivo de evitar la contaminación. "Depende de la estación y de la ciudad, pero en Madrid, por ejemplo, el ozono troposférico se produce cuando el sol está alto, a mediodía", explica González.

El ozono en superficie (troposférico) es un contaminante que tiene graves impactos sobre la salud pública, con especial afectación sobre el sistema respiratorio, y los ecosistemas. Se forma a partir de reacciones fotoquímicas complejas con intensa luz solar entre contaminantes primarios como son los óxidos de nitrógeno, generados en los procesos de combustión y especialmente por el tráfico rodado, y compuestos orgánicos volátiles.

Por ello, González considera que "lo más saludable es salir a correr a primera hora de la mañana, tanto en invierno como en verano".

Hacerlo por la noche, como sugerían No Me Pises Que Llevo Chanclas en su canción Footing tonight ("Cuando llega la noche yo me pongo mis chanclas y a correr, y a correr, venga a correr [...]. Cuando todos duermen yo paso por sus calles a to' meter, a to' meter") también es una opción recomendada para no exponerse a ese ozono troposférico.

Cerrar las calles

La activación del protocolo de actuación contra la polución en Madrid en dos ocasiones en el mes de noviembre, con la limitación de la velocidad máxima permitida en la M-30 y en las carreteras de acceso a la ciudad a 70 kilómetros por hora; la prohibición de aparcar en los distritos del centro para no residentes; y la alternancia en la circulación entre matrículas pares e impares –medida aún no aplicada, pero dentro del protocolo de actuación– desató encendidas críticas por parte de quienes aludían al menoscabo de un supuesto derecho a utilizar el coche frente a otras opciones que resultan menos dañinas para la salud, propia y colectiva.

Nada nuevo, se trata de ese discurso que reclama una inalienable libertad de elección individual de la que se hace bandera cuando conviene políticamente y esos derechos inventados que se esgrimen como universales: "¡¿Que no use mi coche?!".

Las medidas restrictivas del tráfico, de acuerdo al protocolo madrileño, se activan en distintas fases, según los registros que se obtengan en las estaciones encargadas de valorar la calidad del aire, y según el nivel de actuación determinado por la concentración de dióxido de nitrógeno que se mida y el tiempo que se mantenga: más de 200 microgramos por metro cúbico durante dos horas en dos estaciones de la misma zona implica el preaviso; más de 250 en ese mismo periodo, aviso. Si tres estaciones de medición superan durante tres horas los 400 microgramos por metro cúbico, se activa el nivel de alerta, previsto por la Directiva Europea 2008/50.

Para el portavoz de Ecologistas en Acción, "lo que hay que hacer es pacificar el tráfico. También dotar de más espacios a la bicicleta, como, por ejemplo, aparcamientos".

La doctora se declara partidaria de cerrar todo el centro de las ciudades al tráfico y formula una pregunta clave: "¿Cómo hemos sido capaces de permitir la contaminación y los gases y no hemos tenido cuidado a la hora de ser más limpios con nuestro hábitat?".

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