Platos preparados, ¿comida chatarra?

La dieta basada en los platos precocinados crea dudas por la falta de transparencia.

19/09/15 · 8:00
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Un expositor de supermercado con comida preparada. / Álvaro Minguito

El anzuelo, su principal atractivo, es que ahorran tiempo. No se requiere una gran preparación antes de comerlos. Basta con calentar o incluso simplemente abrir y llevárselos a la boca. El precio es otro factor que explica el auge de los platos preparados, esas comidas que parecen responder a la perfección a las necesidades de una vida a toda prisa y con muy poco presupuesto.

Entre 1997 y 2011 aumentó el consumo per cápita de comida preparada de 6,7 kilogramos al año a 11,9, según el profesor de la Universidad Complutense de Madrid Víctor J. Martín Cardeño.

Nada es casual. Así lo entienden Gustavo Duch y Patricia Dopazo, del colectivo editor de la revista Soberanía Alimentaria, que enmarcan esta tendencia industrial en "un modelo de producción y de consumo absolutamente amparado en un mercado capitalista, de los combustibles fósiles, los acuerdos de libre comercio, el marketing, las tecnologías privativas o las marcas registradas. Sería difícil de imaginar sin todo este despliegue de posibilidades a su servicio".

Dentro de ese marco, la industria de la 'comida chatarra' opera sin cortapisas. Según Esther Vivas, autora del ensayo El negocio de la comida (Icaria, 2014), "el modelo de esta industria agroalimentaria está en manos de unas pocas empresas que controlan cada tramo de esta cadena, desde la semilla hasta los supermercados. Esto les da un poder enorme a la hora de determinar qué se consume, cómo se elabora y cómo se vende. Anteponen sus intereses económicos a la hora de producir alimentos y comercializarlos a las necesidades de quien consume".

Tanto Vivas como la redacción de Soberanía Alimentaria coinciden en señalar un aspecto nocivo de la alimentación basada en platos preparados, que es el fomento del sobrepeso, la tendencia a la obesidad que pueden padecer quienes consuman a diario estos productos, y que ha sido investigado en varios estudios.

"Los productos alimentarios pasan muchos controles pero muchas veces quienes evalúan son agencias que están dirigidas por los mismos que controlan las principales empresas agroalimentarias"

Esto choca con los mensajes con los que se publicitan y venden como "alimentos 'con capacidades curativas', más que sanos, o que ayudan a mejorar la salud", señalan desde Soberanía Alimentaria, mientras Vivas apunta a la opacidad como uno de los elementos característicos de esta industria: "Muchas veces no puedes saber lo que comes. El modelo alimentario actual se basa en ilusiones falsas: la diversidad, la información, la libertad de consumir… Pero luego la compra se lleva a cabo en los mismos supermercados, con las mismas marcas y productos. Lo que Caprabo llama 'Hola, librecomprador'. Además, los productos alimentarios pasan muchos controles pero muchas veces quienes evalúan son agencias que están dirigidas por los mismos que controlan las principales empresas agroalimentarias, en un claro conflicto de intereses”.

El etiquetado tampoco ayuda a despejar las dudas que suscitan unos platos que han pasado por un importante procesado industrial antes de llegar a la tienda.

Ni siquiera la pegatina 'verde' parece garantizar nada, reconocen desde la revista: "El hecho de que aparezca el certificado ecológico en algunos productos de comida preparada no tiene por qué cambiar nada: en los últimos años una parte de la agricultura ecológica ha sido totalmente engullida por el sistema de mercado capitalista, asumiendo los viajes kilométricos, la producción en monocultivos y la explotación laboral, siendo igualmente capaz de conseguir reducir precios a costa de economías de escala".

Reducción de costes

Hay tres ingredientes fundamentales en este tipo de productos alimenticios que fomentan la controversia, por su cultivo intensivo y las repercusiones sobre la economía local y la salud de quienes los consumen: la soja, el aceite de palma y el azúcar.

Hay tres ingredientes fundamentales en estos productos que fomentan la controversia: la soja, el aceite de palma y el azúcar"Se han convertido en tres de los principales monocultivos del siglo XXI y son una de las principales causas de deforestación y acaparamiento de tierras, responsables del cambio climático, por un lado, y de la pobreza y expulsión de las personas campesinas e indígenas que en esas tierras tenían sus medios de vida, por otro", afirman en Soberanía Alimentaria.

La pretensión de maximizar beneficios a toda costa es otra de las caras más criticadas del negocio de la comida preparada, por lo que puede suponer de recorte de costes en la producción de estos alimentos.

"Hemos de pensar en una industria donde se mezclan las habilidades químicas y tecnológicas para fabricar gustos, texturas, volúmenes e incluso colores que seduzcan a las personas consumidoras junto a sus dos características principales, la rapidez y facilidad en la preparación y, en algunos casos, también la larga duración en las estanterías o refrigeradores. La preocupación por la materia prima, entonces, se reduce a que sea abundante y barata", explican desde la revista.

También recuerdan que la reducción de costes se suele conseguir abaratando la mano de obra mediante la precarización de condiciones laborales y deslocalizando la producción a terceros países con el fin de acogerse a condiciones favorables en lo referente a legislación laboral, fiscal y ambiental.

Comida para ricos y comida para pobres

El 59% de los consumidores reconoció el año pasado que había cambiado su forma de comprar alimentos por la crisis para ahorrar, según el Informe de Alimentación en España del Ministerio de Agricultura.

Vivas señala a la clase social como factor determinante en la alimentación, que inclina el consumo hacia estas comidas preparadas. “La crisis actual ha puesto de manifiesto que hay una comida para ricos y otra para pobres. Las familias gastan más en comida, pero consumen menos alimentos y de peor calidad. Quienes menos tienen han de hacer un esfuerzo mayor para comprar menos alimentos".

Desde la revista lanzan la idea de que sí puede existir un mercado de comida preparada ético, con condiciones y precios dignos, sin aditivos alimentarios sintéticos y equilibrando nutricionalmente el producto, vendiéndolos a través de canales cortos de comercialización y situándolos en la posición que deben tener: productos de consumo ocasional.

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