Vacunas, antivacunas y fundamentalismos

La infección de difteria en un niño de seis años de Olot tras la negativa a ser vacunado por parte de sus padres ha traído a España una enfermedad que se creía erradicada, pero también un debate sobre las vacunas, sus detractores y la necesidad y obligatoriedad de las vacunas.

08/06/15 · 13:40

A diferencia de otros países desarrollados como Estados Unidos, los brotes de las enfermedades vacunables en nuestro país se deben más a exclusión social y la dificultad de acceder a la sanidad que al rechazo de los padres a vacunar a sus hijos. Aunque un brote de sarampión en 2010 en Granada tuvo repercusión mediática porque la causa era niños cuyos padres decidieron no vacunarlos, fue menos grave (308 contagios) que otro brote ocurrido en Sevilla al año siguiente en el que se registraron 1.759 casos, incluyendo una muerte en una comunidad gitana marginal, pero pasó desapercibida para los medios de comunicación. De los siete brotes de sarampión analizados por los médicos Javier Padilla y Amanda Brea de 2003 a 2013 en España, cinco afectaron a población marginada con problemas para acceder al sistema sanitario y únicamente el caso granadino tuvo como causa el rechazo ideológico.

En algunos estados de Estados Unidos estar vacunado es un requisito para asistir a la escuela como medida preventiva. Pedir la cartilla de vacunación es otra medida que toman los colegios o escuelas infantiles en comunidades autónomas como Castilla y León, Castilla-La Mancha, Canarias y Asturias. Luis Garicano, economista y coordinador del programa económico de Ciudadanos, apuesta por quitar beneficios sociales y no escolarizar a los no vacunados. La medida de eliminar ayudas públicas a familias que no vacunen ya es adoptada por Australia. Y esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cómo convencer a los antivacunas?

El psicólogo experimental Guido Corradi cree que la batalla “debe ser la de hacer campaña positiva, en vez de decir que las vacunas no son peligrosas, decir que son seguras, con la gente que está pensándoselo y no ir contra los convencidos, que son menos de un 2%”. “Llamar idiotas a los que dudan ante las vacunas no es correcto ni deontológica ni científicamente ni es efectivo”, opina el médico de familia Javier Padilla. Corradi cree que rechazar vacunarse “puede ser una actitud errónea, pero no estúpida. Tratar de convencer a alguien de que está equivocado desde la trinchera, llamarlo imbécil y desafiarlo, es una buena forma de polarizar la discusión y generar reactancia. Suele ser que los antivacunas van a tener más información que la mayor parte de los provacunas en este tema. A muchos les mueve un interés genuino por la salud de sus hijos, interés que se manifiesta en una búsqueda activa de información”.

De hecho, el caso de Olot, probablemente, no produzca un incremento en unas tasas de vacunación ya elevadas, por encima del 95%. Una epidemia de tos ferina en el estado de Washington entre el 2011 y 2012 no provocó el esperado aumento de la inmunización contra la tos ferina con el que contaban los investigadores.

Sí a las vacunas, ¿pero sí a todas sin distinción?

Admitiendo el tremendo papel que han tenido las vacunas en la historia de la humanidad, que ha hecho desaparecer la viruela, salvado 1.500 millones de vida y evita entre dos y tres millones de muertes anuales, siguen apareciendo oposiciones.

“Las vacunas no forman un grupo homogéneo de intervenciones sanitarias. Hablar de vacunas en general no aporta nada al debate. Presentan distintos mecanismos de acción, distintos perfiles de seguridad, se consideran distintas variables clínicas a la hora de valorar su efectividad, están dirigidas a grupos poblacionales distintos”, opina Miguel López del Pueyo, MIR de Medicina Familiar y Comunitaria. “La brocha gorda no ayuda nada. Yo huiría de afirmaciones en conjunto sobre las vacunas, que las agrupan como un todo y lo mismo vale para hablar de difteria, VPH (Virus del Papiloma Humano), sarampión que meningococo. Este tipo de aproximaciones se ven en ambos bandos y son lamentablemente populares en los medios y en el debate público. Es más necesaria que nunca una aproximación crítica a la luz de la mejor evidencia científica y, si bien es imposible desprenderse de los sesgos que te acompañan, por lo menos hacer un ejercicio de honestidad reconociéndolos”.

El médico jubilado Juan Gérvas va más lejos. “Hay que ser racionales y promover las vacunas que dan más beneficios que daños causan. Estamos volviendo a la Inquisición. Por supuesto, hay vacunas comerciales que sólo dan beneficios a los accionistas, como contra el VPH y la gripe. Lo prudente es valorar todas las vacunas y recomendar las necesarias advirtiendo sobre sus debilidades (y trabajando para mejorarlas)”. Gérvas no cree que esta actitud favorezca a los antivacunas. “Dan alas a los antivacunas los provacunas irracionales, que lo mismo apoyan la vacuna contra la gripe en niños que recomiendan galletas dinosaurios o hidratación con Coca Cola. Eso sí que deteriora el crédito de las vacunas. Los antivacunas son anecdóticos. El problema de las vacunas es otro y triple: las necesarias son muchas de baja calidad (como la de la difteria), no llegan a los que más las precisan (pobres y marginados) y se mezclan las vacunas necesarias con las innecesarias, en paquete, para fomentar el negocio. Aunque PLOS (Biblioteca Pública de Ciencias, por sus siglas en inglés) y ECDC (Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades) actúan con racionalidad y dedican un número extraordinario al verdadero problema, a la “duda vacunal”, a quien quiere analizar las vacunas con métodos científicos se le declara anatema y antivacunas”.

Más tajante se muestra Isidoro Martínez Vélez, autor del blog ¿Qué mal puede hacer? y miembro de la asociación Círculo Escéptico. “Hay que defender la vacunación siempre. No se lleva a cabo si no hay un aval científico. Y los matices, si los hay, se discuten con las autoridades sanitarias, con pruebas y estudios, y no sembrando dudas en personas sin la formación necesaria para darse cuenta de que caen en un alarmismo injustificado”. El médico de familia y doctor en Medicina Enrique Gavilan cree que “si hay alguien que está totalmente a favor de todas las vacunas y no es capaz de cuestionar nada en relación con ellas, estaría demostrando un fundamentalismo tan peligroso como el que se sitúa en el polo contrario. Hay mucho de sacralización en este asunto. Es la expresión máxima de la sustitución de la religión por la ciencia”. Gavilán desea que la polémica vacuna del virus del papiloma humano “fuera tan necesaria, tan efectiva, tan segura y tan coste-efectiva como dicen, pero la realidad, intentando ser objetivo, es que lo es sólo a medias. No creo que sea malo decirlo públicamente. Quien crea que eso es dar alas a los antivacunas es porque no tolera la discrepancia o porque tiene un complejo de inferioridad que quiere suplir con un revestimiento de autoridad cientifista, que es más propio de otros ámbitos como el político, el militar o el religioso”.

El médico de familia Vicente Baos, por su parte, muestra una actitud a medio camino entre las dos posturas consultadas. ”El debate científico sobre la eficacia y efectividad de las vacunas no es un tema monolítico. Hay vacunas incuestionables y otras que basan su uso en un coste/efectividad y coste/oportunidad individual y social que puede ser evaluado y discutido. Se debe mantener esta discusión en un ámbito científico. A veces, al trasladarlo a la opinión pública se alimentan los argumentos antivacunas y es peligroso”.

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