Cuerpo
El síndrome Yentl y la salud de las mujeres

La doctora Bernardine Healy bautizó en 1991 como síndrome de Yentl a la situación de "invisibilidad médica" de las mujeres en el estudio de las enfermedades cardiacas, asociadas mayoritariamente al sexo masculino. La autora analiza, a partir de ahí, el sesgo de género en la atención médica.

, Médica de familia
31/08/14 · 8:00

Acabé la licenciatura de medicina en 1989. Durante la carrera intuía que había más cosas además de las que me explicaban. En junio de 1991, la doctora Healy le puso nombre: el síndrome Yentl, en honor a la película de 1983 dirigida y protagonizada por (la divina) Barbra Streisand donde la heroína, para poder estudiar en una escuela talmúdica, debe hacerse pasar por un hombre. En el artículo de Healy se argumentaba que, de la misma manera, en la presentación de las enfermedades las mujeres ”deben comportarse” con los estándares clínicos masculinos para recibir la misma atención. Se publicaban en el mismo número del NEJM dos trabajos que demostraban las diferencias en el esfuerzo terapéutico a favor de los varones en la enfermedad coronaria. Bernardine Healy le puso nombre a este sesgo machista utilizando las armas del método científico que le legitimaron en el foro de la ciencia.

En julio de 1991, después de haber pasado un par de años haciendo sustituciones de médica de pueblo, yo estaba como profesora ayudante en el departamento de salud pública de la facultad de medicina, enseñando estadística al alumnado de primero y haciendo la tesis. Tenía la sensación de que con esto del método científico me pasaba como aquel dicho de ‘hablo correctamente el patriarcado pero no es mi lengua materna’. Vamos, que me lo sabía pero no me representaba, algo chirriaba, siempre me faltaba alguna variable, alguna interacción o un modelo matemático alternativo para explicar diferencias y desigualdades, para desvelar los mecanismos del enfermar. Por otro lado, andaba yo de feminismos, en la Comissió de Barcelona pel Dret a l’Avortament, en Dona i Salut y en el grup de Lesbianes Feministes de Barcelona, trabajando políticamente en las sexualidades y las discriminaciones, conociendo otras maneras de acercarme a la salud de las mujeres.

El artículo del Síndrome de Yentl me supuso, e imagino que también a muchas médicas y profesionales de la salud que andábamos moviéndonos entre una práctica profesional científica y una ideología feminista, tener argumentos internos y externos para poner, como dice nuestra compañera Mercè Fuentes “el género sobre la mesa de la consulta”. Se empezaban a apartar los “velos estadísticos”que ocultaban aspectos de la salud y la enfermedad de las mujeres. Tomo prestada la expresión de Andreu Domingo ‘La mujer inmigrada tras el velo estadístico’, porque describe perfectamente la situación de invisibilidad para determinadas enfermedades que padece el resto de la población que no es la de los estudios: hombre, blanco, norteamericano de clase media. Esta situación ha provocado no sólo una flagrante inequidad, sino también una disminución de la calidad y la efectividad de la asistencia sanitaria porque se ha realizado un menor esfuerzo diagnóstico y terapéutico cuando el resto de la población no presentaba la clínica que en el imaginario, no sólo médico sino también de la población, se creía que debía presentar.

Siguieron a estos estudios sobre el infarto muchos otros que ponían de manifiesto la desigualdad en situaciones como los trasplantes renales o la respuesta diferencial a los fármacos en la insuficiencia cardíaca, por poner sólo dos ejemplos. En la mayoría de los casos se trataba de estudios donde el sexo, ignorado hasta entonces, se trataba como una variable a tener en cuenta, más tarde se buscaron modelos específicos para hombres y para mujeres considerando variables diferenciales. Estratégicamente, el uso de las herramientas de la investigación biomédica clásica, sirvió para que los resultados fueran aceptados y incorporados en las publicaciones y los discursos científicos. Los estudios han empezado a considerar matices de sexo, edad, etnia y clase que hace un par de décadas no se tenían en cuenta. Se abría el paso a los posteriores estudios de género que ampliaban las metodologías de investigación y que consideraban los determinantes psicosociales de género y su vivencia subjetiva en los procesos de salud y enfermedad. En estos más de veinte años se ha ido consolidando una masa crítica de investigadoras y de profesionales de la salud que han ido más allá, cuestionando no sólo los paradigmas médicos de las enfermedades, sino la estructura patriarcal de la investigación y la visión androcéntrica de la ciencia, y ofreciendo nuevos marcos teóricos y propuestas para una práctica clínica mejor y más justa.

El artículo completo ha sido publicado dentro de la revista Mujeres y Salud MyS, editada por la Red de Mujeres Profesionales de la Salud CAPS (Centro de Análisis y Programas Sanitarios).

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