Corre, corre que te pillo

Hace unos días, después de un interesante debate sobre las distintas formas de violencia machista, las palabras que usamos para hablar de este tema y los límites entre las desigualdades de género y la violencia contra las mujeres, la realidad me respondió de frente. Serían las 12 de la noche, iba hacia mi casa y no había gente por la calle, hasta que me crucé con un grupo de unos cuatro hombres de ventipocos años, que al darse cuenta del ritmo rápido que yo llevaba se dedicaron a gritarme: “¡corre, corre que te pillo!”.

María Viadero Acha, Mugarik Gabe
26/11/10 · 12:48
Edición impresa

Hace unos días, después de un interesante debate sobre las distintas formas de violencia machista, las palabras que usamos para hablar de este tema y los límites entre las desigualdades de género y la violencia contra las mujeres, la realidad me respondió de frente. Serían las 12 de la noche, iba hacia mi casa y no había gente por la calle, hasta que me crucé con un grupo de unos cuatro hombres de ventipocos años, que al darse cuenta del ritmo rápido que yo llevaba se dedicaron a gritarme: “¡corre, corre que te pillo!”.

Y es que la mayoría de las mujeres seguimos sintiendo la necesidad de protegernos, de tener cuidado, más aún en ciertos espacios de mayor vulnerabilidad (noche, caminando sola…) y en esta situación en concreto los hombres no se convirtieron en un apoyo (pudiéramos pensarlo teniendo en cuenta lo jóvenes que eran) sino que aprovecharon la situación para la burla y para generar miedo e inseguridad. Esto también es violencia contra las mujeres.

Hoy en día seguimos viendo en los medios y en nuestra vida cotidiana demasiados casos de violencia machista: asesinatos de mujeres (este año se ha superado la cifra de 2009), agresiones psicológicas (desprecio, minusvaloración continua, control…), trata, violación de mujeres como arma de guerra en los conflictos… Pero hay otras muchas formas de violencia que refuerzan esta estrategia de control de las mujeres y en definitiva que mantienen las desigualdades de poder entre mujeres y hombres: el sexismo en la publicidad, la inexistencia de una representación política paritaria, la imposición de un modelo de belleza con consecuencias en la salud de las mujeres (cirugías, anorexia, baja autoestima…), el machismo de la clase política (claro ejemplo de ello fueron las inaceptables declaraciones del alcalde de Valladolid sobre la ministra Leire Pajín), la falta de coeducación en las escuelas, el lenguaje e imágenes sexistas en los medios… Todo ello nos invisibiliza, nos minusvalora, niega que estamos y tenemos derechos. ¿Esto no es violencia contra las mujeres?

El movimiento feminista ha definido y aplicado -y continua haciéndolo- estrategias para trabajar contra la violencia machista (movilización social, autodefensa, propuestas legislativas…) que debemos apoyar. Y al mismo tiempo ha denunciado las responsabilidades de otros actores, por supuesto de las instituciones públicas, pero también de la clase política, los medios de comunicación, el sector privado y los movimientos sociales.

Los conceptos son estratégicos porque nos ayudan a crear nuestra visión del mundo, pero en este debate no se nos puede olvidar la importancia de combinarlo con la acción, la presencia social y la capacidad de propuesta, para que no “pasemos de largo” ante cualquier tipo de violencia machista y en definitiva ante aquellas acciones o actitudes que refuerzan el sexismo en la sociedad. Empecemos participando en las manifestaciones que este 25 de noviembre, día para la eliminación de la Violencia contra las Mujeres, volverán a tener lugar en todos los pueblos y ciudades.

Tags relacionados: Leire Pajín Valladolid
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto